1 noviembre, 2026

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Jugueterías en crisis: más de 200 cierres y un mercado cada vez más condicionado por el contrabando

El cierre de Tío Mario, después de casi tres décadas de actividad, expone las dificultades que atraviesa el sector. Menor consumo, costos de los locales, compras puerta a puerta e ingreso irregular de mercadería aparecen entre los factores señalados por la Cámara Argentina de la Industria del Juguete.

El mercado argentino de juguetes atraviesa un proceso de transformación que está impactando directamente sobre los comercios tradicionales. En el país funcionan alrededor de 2.800 jugueterías, pero en el último año se produjo el cierre de más de 200 locales, según afirmó Matías Furió, presidente de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete.

Uno de los casos más recientes es el de Tío Mario, un comercio que llevaba casi tres décadas de actividad y que comenzó a liquidar su stock en su local de avenida Pueyrredón 1529.

Furió dimensionó el retroceso que atraviesa el sector durante una entrevista con Infobae al Amanecer y afirmó que “se han cerrado más de doscientas jugueterías en el último año”.

El escenario, según el representante de la industria, responde a una combinación de factores. Por un lado, se encuentra el menor nivel de consumo, mientras que, por otro, los comercios deben afrontar costos vinculados con el alquiler y el funcionamiento cotidiano de los locales.

A este contexto se suma el crecimiento de los productos provenientes del exterior y el cambio en los hábitos de compra de los consumidores, especialmente a través de plataformas y mecanismos que permiten adquirir mercadería directamente desde otros países.

El crecimiento de las compras puerta a puerta

Para Furió, una de las principales dificultades que enfrenta actualmente el comercio tradicional es el crecimiento de las compras internacionales realizadas por los consumidores.

“Lo principal es el puerta a puerta”, sostuvo el dirigente al referirse a esta modalidad de adquisición.

El problema, de acuerdo con su explicación, está relacionado con las diferentes condiciones que debe afrontar un comercio instalado en la Argentina frente a una persona que realiza una compra directamente en el exterior.

Las jugueterías deben afrontar una estructura de costos que incluye impuestos, alquileres, electricidad, gas, agua y salarios, además de mantener un espacio físico destinado a la atención de los clientes.

Esa estructura genera una diferencia en las condiciones de competencia frente a los productos que llegan directamente desde otros mercados mediante compras internacionales.

El debate por los controles sobre los juguetes importados

La discusión no se limita al precio de los productos. Furió también planteó interrogantes sobre los controles de seguridad y calidad aplicados a los juguetes provenientes del exterior.

El titular de la Cámara cuestionó la desregulación de los reglamentos técnicos para productos importados y sostuvo que una reducción de los controles podría permitir el ingreso de artículos que no cumplan con determinados estándares destinados a proteger a los consumidores, particularmente cuando se trata de productos utilizados por niños.

Como ejemplo, mencionó el caso del Squishy Gamzee y afirmó que ese producto contenía benceno.

En ese contexto, advirtió: “Vos podés comprar un juguete tóxico”.

El dirigente también marcó una diferencia entre las dos modalidades de compra. Según explicó, cuando una persona adquiere un juguete en una juguetería física cuenta con un comercio al que puede recurrir en caso de tener que realizar un reclamo.

La cuestión de los controles aparece así vinculada con otro de los cambios que atraviesa el mercado: mientras los comercios tradicionales sostienen una estructura física y una relación directa con el consumidor, las compras realizadas desde el exterior modifican ese esquema de comercialización.

El contrabando, otro de los problemas señalados por el sector

A la competencia generada por las importaciones formales y las compras puerta a puerta, el sector suma otro fenómeno: el ingreso irregular de mercadería.

Furió estimó que el contrabando representa el 30% del mercado del juguete y vinculó ese fenómeno con el movimiento de productos a través de las fronteras y las aduanas.

El dirigente también cuestionó la forma en que se establece el valor de determinadas mercaderías importadas. Según explicó, la eliminación de tablas de valores podría facilitar operaciones de subfacturación.

Para ejemplificarlo, planteó el caso hipotético de un juguete cuyo valor real sea de cinco dólares, pero que pueda ser declarado en la documentación de importación por un dólar.

De acuerdo con su planteo, esa diferencia modifica las condiciones en las que los productos importados ingresan al mercado argentino y compiten con aquellos que son comercializados por los comercios locales.

De esta manera, el sector identifica dos canales diferentes que ejercen presión sobre las jugueterías tradicionales: por un lado, las compras internacionales realizadas directamente por los consumidores y, por otro, el ingreso irregular de mercadería.

Los juguetes que todavía pueden encontrarse desde $1.000

El precio también ocupa un lugar central en la discusión sobre el consumo. A pesar del contexto que atraviesa el sector, Furió sostuvo que existen juguetes cuyos valores siguen siendo relativamente bajos en comparación con otros productos de consumo cotidiano.

En ese sentido, afirmó que “un juguete va a estar más barato que una golosina o un alimento”.

Entre los productos que mencionó aparecen autitos, camioncitos y pelotas, con precios que parten de los $1.000.

También destacó algunos artículos fabricados en el país que pueden competir por precio dentro del mercado. Entre ellos enumeró:

  • Masas para moldear.
  • Camioncitos.
  • Muñecas sin mecanismo.
  • Juegos de mesa.

Estos productos forman parte de una oferta que mantiene alternativas de precios relativamente accesibles dentro de un mercado que, al mismo tiempo, enfrenta cambios en los hábitos de consumo y una creciente competencia de artículos importados.

La tecnología modificó los hábitos de juego

A los factores económicos se suma un cambio en las preferencias de los consumidores infantiles.

Según explicó el presidente de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete, el avance de la tecnología también modificó la relación de los chicos con los juguetes tradicionales.

El efecto que observa el sector es una reducción en la edad durante la cual los niños mantienen interés por determinados juguetes. Ese cambio modificó, a su vez, el perfil de la demanda que reciben las jugueterías.

Actualmente, según Furió, tienen mayor peso los artículos destinados a niños pequeños, especialmente de tres y cuatro años.

El fenómeno representa otro desafío para los comercios, que deben adaptarse a un mercado en el que las preferencias infantiles cambian y el tiempo de permanencia de los juguetes tradicionales en las distintas etapas de crecimiento se reduce.

Un mercado atravesado por varios cambios

El cierre de Tío Mario, después de casi 30 años de actividad, se inscribe así en un escenario más amplio que atraviesa al sector juguetero.

Las jugueterías continúan representando una red de alrededor de 2.800 comercios en todo el país, pero, de acuerdo con la Cámara Argentina de la Industria del Juguete, más de 200 locales dejaron de funcionar durante el último año.

Para el sector, el retroceso se explica por una combinación de menor consumo, mayores costos para mantener los establecimientos, crecimiento de las compras puerta a puerta, importaciones y contrabando.

A ese escenario se agregan los cambios en los hábitos de consumo infantil derivados del avance tecnológico.

El resultado es un mercado que conserva una importante cantidad de puntos de venta, pero que enfrenta nuevas condiciones de competencia y una transformación en la forma en que los consumidores acceden a los juguetes.