1 noviembre, 2026

ADN Bonaerense

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El Niño pone en alerta a casi 26 millones de chicos en América Latina por sequías e inundaciones

Un informe de Unicef advierte que uno de cada siete niños, niñas y adolescentes de la región está expuesto a riesgos crecientes vinculados con eventos climáticos extremos. En Argentina se prevén lluvias superiores al promedio, con posibles consecuencias sobre las escuelas, los centros de salud y otras infraestructuras.

Casi 26 millones de niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe se encuentran expuestos a riesgos cada vez mayores asociados a sequías e inundaciones a medida que se intensifica el fenómeno climático conocido como El Niño. La cifra representa aproximadamente uno de cada siete infantes de la región, de acuerdo con un informe difundido esta semana por la Oficina Regional del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

El organismo alertó que los efectos de estos eventos climáticos pueden profundizar las condiciones de vulnerabilidad que ya atraviesan millones de chicos y generar nuevas dificultades en el acceso a servicios esenciales como la salud, la educación, el agua segura y la alimentación.

Roberto Benes, director regional de Unicef para América Latina y el Caribe, sostuvo que los efectos de El Niño son cada vez más visibles y severos y advirtió que pueden llevar a más niños, niñas y adolescentes a situaciones de vulnerabilidad y profundizar desigualdades existentes.

En ese contexto, el funcionario remarcó la necesidad de fortalecer la preparación ante las emergencias, proteger los servicios esenciales y garantizar asistencia para las infancias afectadas.

Qué riesgos se esperan en Argentina

El informe señala que las consecuencias del fenómeno no serán iguales en todos los territorios y que los riesgos dependerán de las condiciones climáticas de cada zona.

Para Argentina, al igual que para sectores de la costa del Pacífico de México y América del Sur —incluidas áreas de Brasil, Chile, Ecuador, Perú, Uruguay y Paraguay—, Unicef estima precipitaciones superiores al promedio.

Esta situación incrementaría el riesgo de inundaciones y podría provocar daños en infraestructura fundamental para las infancias, especialmente en establecimientos educativos y sanitarios.

El escenario planteado por el organismo contempla, por lo tanto, no solamente el impacto directo de las lluvias sobre las familias, sino también posibles interrupciones o afectaciones de servicios que resultan esenciales para niños, niñas y adolescentes.

El impacto de las sequías en Centroamérica y el Caribe

Las condiciones previstas son diferentes en otras regiones de América Latina y el Caribe.

En el Corredor Seco de Centroamérica, una zona que comprende sectores de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, se espera una reducción de las lluvias. Según Unicef, esto puede afectar la producción agrícola y derivar en un aumento de la inseguridad alimentaria y la malnutrición infantil, además de generar suspensiones de las clases escolares.

En el Caribe Oriental y Jamaica, las sequías representan una amenaza para los medios de vida de las comunidades. Al mismo tiempo, pueden agravar las crisis prolongadas que atraviesan Cuba y Haití, en un contexto que también contempla los riesgos asociados a la temporada de huracanes.

Por otra parte, Bolivia, Colombia, Chile y Venezuela enfrentan reducciones en los niveles de los embalses e incendios forestales. En la cuenca amazónica, la sequía puede generar dificultades adicionales para las comunidades indígenas y ribereñas, debido al riesgo de aislamiento.

Inundaciones, calor extremo, enfermedades e incendios

El informe de Unicef advierte que los fenómenos climáticos extremos pueden afectar diferentes dimensiones de la vida cotidiana de las familias.

Las tormentas y las inundaciones pueden obligar a los hogares a desplazarse y alterar sus actividades habituales. Las temperaturas elevadas, en tanto, aumentan la exposición a golpes de calor y deshidratación.

Las sequías pueden generar problemas vinculados con la disponibilidad de alimentos y provocar situaciones de inseguridad alimentaria y nutricional.

A estos efectos se suma el impacto sanitario. Según el documento, los eventos climáticos pueden favorecer condiciones que agravan enfermedades infecciosas y potencialmente mortales, entre ellas el dengue y el paludismo.

Los incendios forestales constituyen otro de los riesgos señalados, debido a la contaminación del aire que generan y sus consecuencias sobre las comunidades expuestas.

Qué es El Niño y cómo funciona el fenómeno

El Niño es una de las fases del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un proceso natural relacionado con variaciones en las temperaturas de las aguas del océano en las regiones central y oriental del Pacífico ecuatorial.

Estos cambios en la temperatura del océano modifican la circulación atmosférica y pueden repercutir sobre las condiciones climáticas de distintas partes del planeta.

El ENOS presenta tres fases: El Niño, La Niña y una fase neutra. De acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), el fenómeno suele presentarse con una frecuencia de entre dos y siete años.

Sin embargo, cada episodio puede presentar una intensidad diferente. Los registros recopilados por el SMN indican que desde 1981 se produjeron 15 episodios de El Niño durante la primavera: cinco fueron considerados débiles, cinco moderados y otros cinco fuertes.

Por ese motivo, la aparición del fenómeno no implica necesariamente que todos los territorios vayan a experimentar los mismos efectos ni con la misma intensidad.

El pedido de fondos de Unicef

Frente al escenario previsto para 2026, Unicef solicitó US$ 53,8 millones destinados a las tareas de preparación y respuesta frente a emergencias en América Latina y el Caribe.

Sin embargo, al 30 de junio de 2026, todavía permanecía sin cubrir el 55% de las necesidades de financiamiento planteadas por el organismo.

La organización también reclamó a los gobiernos de la región que adopten medidas anticipadas para reducir el impacto de los eventos climáticos sobre las infancias.

Entre las principales acciones propuestas se encuentra la inversión en medidas anticipatorias, de manera que las comunidades puedan prepararse antes de que se produzcan las emergencias.

Unicef también plantea la necesidad de contar con financiamiento flexible para fortalecer la capacidad de las comunidades de resistir y recuperarse frente a estos eventos, además de cerrar la brecha presupuestaria destinada específicamente a la niñez en áreas como salud, nutrición, agua segura, educación y protección infantil.

Qué medidas se anunciaron en Argentina

En Argentina, el vocero presidencial Adrián Ravier señaló que el Gobierno puso en marcha un esquema de prevención que involucra a distintos organismos nacionales y a las provincias.

Según lo informado, la Agencia Federal de Emergencias (AFE) coordina desde julio el Plan de Coordinación Federal ENOS 2026-2027, diseñado para trabajar sobre los posibles efectos del fenómeno climático.

Dentro de ese esquema también se desarrolló un tablero con información hidro-meteorológica en tiempo real, destinado a monitorear las zonas que presentan riesgo y anticipar posibles impactos.

Las Fuerzas Armadas y de seguridad podrán intervenir en tareas vinculadas con evacuaciones, rescates y asistencia ante eventuales emergencias.

A su vez, el Instituto Nacional del Agua tiene a su cargo el seguimiento de los ríos pertenecientes a la cuenca del Plata, mientras que la Dirección Nacional de Vialidad desarrolla tareas preventivas sobre las rutas.

Estas acciones incluyen especialmente trabajos relacionados con sistemas de drenaje, alcantarillas y puentes, con el objetivo de atender posibles inconvenientes asociados a las precipitaciones.

El escenario planteado por Unicef coloca a las infancias entre los grupos especialmente expuestos a los efectos de El Niño. En Argentina, el foco está puesto principalmente en el riesgo de lluvias superiores al promedio y sus posibles consecuencias sobre las inundaciones y el funcionamiento de infraestructura escolar y sanitaria.