El Banco Central Europeo podría aumentar las tasas de interés el 10 de septiembre por segunda vez en el año y llevar la tasa de depósitos al 2,50%. La inflación de la zona euro se aceleró al 3,3% en agosto, pero la fragilidad de la economía, el aumento de los rendimientos de los bonos y las tensiones en Medio Oriente limitan las expectativas de nuevos ajustes.
El BCE se encamina a otra suba de tasas
El Banco Central Europeo (BCE) volvería a aumentar las tasas de interés el próximo 10 de septiembre, en una decisión que marcaría el segundo incremento del año y, según las previsiones del mercado, también el último.
De concretarse, se trataría de un ciclo de aumentos particularmente breve, el más acotado de los últimos 15 años.
La decisión se produce en un escenario complejo para la economía europea. Por un lado, la inflación volvió a acelerarse y se alejó del objetivo establecido por la autoridad monetaria. Por otro, la economía atraviesa una situación de fragilidad que genera dudas sobre la conveniencia de continuar endureciendo las condiciones monetarias.
A esto se suman las tensiones en Medio Oriente y el fuerte aumento registrado durante la última semana en los rendimientos de los bonos a nivel mundial.
Pese a estos factores, el consenso de los economistas consultados por Reuters considera poco probable que el aumento de los precios de la energía termine generando presiones inflacionarias generalizadas.
La inflación vuelve a complicar el escenario
Uno de los principales elementos que deberá considerar el BCE es la evolución de los precios.
La inflación anual de la zona euro llegó al 3,3% en agosto, acelerándose respecto de los registros anteriores y ampliando la distancia con el objetivo del 2% establecido por el Banco Central Europeo.
Esta diferencia genera una dificultad para la autoridad monetaria: mientras la inflación se encuentra por encima de la meta, la economía europea presenta señales de fragilidad que podrían hacer riesgoso aplicar una política monetaria todavía más restrictiva.
Por eso, el escenario que analizan los especialistas combina dos necesidades contrapuestas. Por un lado, contener la inflación; por otro, evitar que las medidas destinadas a reducir las presiones sobre los precios terminen profundizando la debilidad económica.
Por qué los analistas esperan que no haya más aumentos
Aunque la inflación se encuentra por encima del objetivo del BCE, los economistas consideran que la autoridad monetaria tendría motivos para detener las subas después de septiembre.
Carsten Brzeski, director global de macroeconomía de ING, planteó sus dudas sobre la posibilidad de que el BCE continúe endureciendo la política monetaria en un contexto marcado por problemas de las finanzas públicas y mayores rendimientos de los bonos.
El especialista sostuvo que resulta difícil pensar que el organismo quiera “echar más leña al fuego” en medio de esas dificultades.
También advirtió sobre el riesgo de que una política monetaria más restrictiva termine provocando una recesión para enfrentar lo que definió como una “crisis de oferta típica”.
La preocupación central de los analistas pasa entonces por el equilibrio que deberá encontrar el BCE entre combatir la inflación y evitar un deterioro mayor de la actividad económica.
La tasa podría quedar en 2,50%
Las expectativas del mercado apuntan a que la tasa de depósito del BCE podría ubicarse en 2,50% después de la decisión de septiembre.
Según la encuesta entre economistas citada por Reuters, alrededor del 91% considera que la tasa de depósito terminará este año en ese nivel.
Además, el 78% de los especialistas consultados estima que se mantendrá en el 2,50% hasta mediados del próximo año.
Estos porcentajes reflejan que, pese a la aceleración de la inflación y a las nuevas presiones vinculadas con los precios de la energía, la mayoría de los analistas no espera que el BCE continúe aumentando las tasas durante los próximos meses.
Un escenario condicionado por la economía europea
La posible suba de septiembre debe analizarse entonces dentro de un escenario en el que la inflación continúa siendo un problema, pero en el que también existen factores que desalientan un mayor endurecimiento monetario.
La aceleración del IPC hasta el 3,3% mantiene a los precios por encima de la meta del BCE, mientras que los problemas de las finanzas públicas, el incremento de los rendimientos de los bonos y la fragilidad de la economía generan preocupación entre los analistas.
En paralelo, la intensificación de la guerra en Medio Oriente agrega incertidumbre sobre la evolución de los precios de la energía.
Por eso, el mercado espera que el BCE avance con una nueva suba el 10 de septiembre, pero que posteriormente haga una pausa. De acuerdo con las previsiones de los economistas, la tasa de depósito quedaría en 2,50% y permanecería en ese nivel durante los meses siguientes.

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