La misión del Fondo Monetario Internacional que pasó por Buenos Aires volvió a poner el foco en la acumulación de reservas del Banco Central. El reclamo se da mientras la autoridad monetaria sostiene compras en el mercado cambiario y aparecen nuevas señales de desaceleración de la actividad económica.
La acumulación de reservas volvió a convertirse en uno de los principales puntos de atención dentro de la relación entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Durante su reciente paso por Buenos Aires, la misión técnica del organismo puso el foco en la necesidad de que el Banco Central (BCRA) fortalezca sus compras de dólares en el mercado cambiario.
La misión encabezada por la jefa para Argentina, Joyce Wong, estuvo en Buenos Aires entre el 21 y el 29 de septiembre para avanzar en las conversaciones correspondientes a la tercera revisión del programa de Facilidades Extendidas. El FMI informó que las negociaciones continúan y destacó, entre otros puntos, la recuperación de la posición externa y la acumulación de reservas.
El planteo adquiere relevancia porque el Gobierno busca sostener el esquema cambiario mientras enfrenta una economía que muestra señales diferentes según el indicador que se observe.
Por un lado, el BCRA continúa comprando divisas y las reservas brutas volvieron a superar los u$s49.000 millones. Por otro, los analistas redujeron sus perspectivas de crecimiento para 2026 y anticipan una contracción de la actividad durante el tercer trimestre.
El reclamo del FMI por las reservas
El pedido del organismo apunta a que el Banco Central vuelva a acelerar el proceso de acumulación de dólares.
La discusión se concentra en cuánto debe intervenir la autoridad monetaria en el mercado cambiario y hasta qué punto debería priorizar la compra de divisas aun cuando eso implique una mayor presión sobre la cotización del dólar.
La posición del FMI coincide con una preocupación que también aparece entre distintos economistas: la necesidad de fortalecer las reservas para mejorar la capacidad de la Argentina de afrontar sus compromisos externos y eventuales shocks financieros.
En su evaluación sobre el programa argentino, el organismo había planteado que la reconstrucción sostenida de reservas resulta fundamental para recuperar un acceso más estable a los mercados internacionales y aumentar la capacidad de respuesta frente a escenarios externos adversos.
El programa vigente contempla además una estrategia de acumulación de reservas. En abril, el FMI había señalado que las autoridades argentinas estaban comprometidas a reforzar la posición externa y a sostener compras del BCRA por al menos u$s10.000 millones durante 2026, junto con otras fuentes de financiamiento externo.
Las reservas volvieron a superar los u$s49.000 millones
La discusión ocurre mientras el Banco Central mantiene una racha compradora en el mercado de cambios.
En la rueda del martes 6 de octubre, el BCRA adquirió alrededor de u$s41 millones en el mercado mayorista. Al mismo tiempo, las reservas internacionales brutas aumentaron u$s326 millones y alcanzaron los u$s49.123 millones, según los datos difundidos tras el cierre de la jornada.
El aumento del stock de reservas no respondió exclusivamente a las compras de dólares, ya que también incidieron cambios en la valuación de los activos, entre ellos el oro. El dato oficial disponible del BCRA muestra, además, que el dólar mayorista se ubicó en $1.520,30 el 6 de octubre.
El movimiento se produce dentro del esquema de bandas cambiarias. Para el 7 de octubre, el límite superior de la banda se ubicaba en $1.926,72, mientras que el tipo de cambio mayorista de referencia era de $1.520,30.
La distancia entre ambos valores constituye uno de los argumentos utilizados para señalar que existe margen dentro del esquema para que el BCRA incremente sus compras sin necesariamente abandonar el régimen cambiario.
La discusión sobre el precio del dólar
El punto central del debate es que la acumulación de reservas y la estabilidad cambiaria pueden entrar en tensión.
Una mayor intervención del BCRA para comprar dólares incrementa la demanda de divisas por parte de la autoridad monetaria. Si la oferta privada no alcanza para absorber esas compras sin modificar el precio, el resultado podría ser una mayor presión sobre el tipo de cambio.
La discusión, por lo tanto, no se limita a cuánto comprar sino también a a qué precio hacerlo y qué prioridad darle a la acumulación de reservas frente al objetivo de sostener la desinflación.
En ese sentido, la economista Gita Gopinath, exfuncionaria del FMI, había planteado que Argentina necesitaba avanzar con mayor rapidez en la acumulación de reservas y permitir una mayor adaptación del tipo de cambio.
El planteo coincide con la preocupación general del organismo respecto de la posición externa argentina, aunque la política cambiaria también debe contemplar su impacto sobre inflación, actividad y competitividad.
El escenario cambiario frente a las expectativas del mercado
El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) publicado por el BCRA muestra que los analistas esperan cierta recomposición del tipo de cambio nominal hacia fin de año.
El relevamiento de septiembre, realizado entre 44 participantes, ubicó la mediana de la proyección para el dólar en $1.545 promedio para octubre y en $1.614 para diciembre de 2026. Para diciembre, el Top 10 de analistas proyectó un valor promedio de $1.602.
Esto muestra que las expectativas del mercado no contemplan una estabilidad absoluta del tipo de cambio durante los próximos meses, aunque las estimaciones deben interpretarse como pronósticos privados y no como proyecciones del propio Banco Central. El BCRA aclara expresamente que las cifras del REM corresponden a los participantes de la encuesta y no constituyen pronósticos de la entidad.
El otro problema: la actividad económica
Mientras el FMI pone el acento en las reservas, otro de los focos que comienza a ganar peso entre los inversores es la evolución de la economía real.
El debate aparece después de varios indicadores que muestran una recuperación menos uniforme de lo esperado. La caída del consumo y la debilidad de determinados sectores productivos se suman a los datos recientes de actividad y generan dudas sobre el ritmo de crecimiento.
El REM publicado el 6 de octubre mostró un cambio significativo respecto de las expectativas anteriores. Los analistas estimaron que el PBI ajustado por estacionalidad podría haberse contraído 1% durante el tercer trimestre de 2026, mientras que para el cuarto trimestre proyectaron un crecimiento de 1,8%.
También recortaron la expectativa de crecimiento promedio para todo 2026. El conjunto de analistas ahora proyecta un aumento de 1,5% del PBI real respecto del promedio de 2025, mientras que el Top 10 estima un crecimiento de 1,2%.
La modificación es relevante porque los pronósticos habían sido considerablemente más elevados en los relevamientos anteriores. En agosto, por ejemplo, el REM esperaba un crecimiento promedio de 2,1% para 2026 y una expansión de 1,1% para el tercer trimestre.
El dilema entre reservas, inflación y crecimiento
La discusión económica queda así atravesada por tres objetivos que no necesariamente avanzan al mismo ritmo: acumular reservas, sostener la desinflación y recuperar el crecimiento.
El Gobierno sostiene como uno de sus principales pilares el equilibrio fiscal y una política monetaria restrictiva. Desde esa perspectiva, la reducción de la inflación continúa siendo uno de los objetivos centrales del programa.
Sin embargo, la desaceleración de la actividad empieza a modificar las preguntas de los mercados. Ya no se analiza solamente si las cuentas públicas están equilibradas o si la inflación continúa descendiendo, sino también si la economía puede recuperar dinamismo sin poner en riesgo los avances alcanzados.
El FMI, por su parte, había señalado en su evaluación de 2026 que la reconstrucción de las reservas debía complementarse con una mayor flexibilidad cambiaria, el fortalecimiento de las exportaciones y reformas destinadas a mejorar la productividad y la competitividad.
Qué puede pasar con el dólar
El escenario hacia adelante dependerá, en buena medida, de la combinación entre la oferta de dólares, las compras del BCRA, la demanda privada y las expectativas financieras.
El Gobierno cuenta con un esquema cambiario que permite la fluctuación del tipo de cambio dentro de determinadas bandas. El FMI, mientras tanto, considera que la acumulación de reservas es un objetivo prioritario dentro del programa.
La reciente mejora del stock bruto de reservas y las compras realizadas por el BCRA muestran que la autoridad monetaria volvió a acumular divisas. Pero los datos del REM también indican que los analistas esperan un tipo de cambio nominal más elevado hacia diciembre y una actividad económica más débil de lo previsto meses atrás.
El desafío consiste entonces en determinar cuánto margen existe para acelerar la acumulación de reservas sin generar una presión cambiaria que complique el proceso de desinflación, y al mismo tiempo evitar que una política económica demasiado restrictiva profundice la debilidad de la actividad.
En ese equilibrio se concentra buena parte de la discusión entre el Gobierno, el FMI y los mercados de cara a los próximos meses.

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