El consumo atraviesa una transformación marcada por la pérdida de poder adquisitivo y una recuperación desigual de la actividad. Empresarios y especialistas describen un consumidor más selectivo, mientras las promociones, las cuotas y el crédito ganan peso para sostener las ventas.
La pregunta sobre dónde está hoy la clase media argentina comenzó a ocupar un lugar central entre los empresarios que analizan el comportamiento del consumo. El escenario muestra cambios tanto en los ingresos como en los hábitos: quienes antes podían destinar parte de su presupuesto a vacaciones en el exterior, cambiar el auto periódicamente o realizar gastos vinculados al entretenimiento ahora deben seleccionar con mayor cuidado en qué utilizan su dinero.
De acuerdo con datos de la consultora Moiguer mencionados durante el Coloquio de IDEA 2026, hace dos décadas nueve de cada diez argentinos se consideraban integrantes de la clase media. Actualmente, esa proporción se habría reducido a siete de cada diez.
La transformación no se limita a una cuestión de autopercepción. También está relacionada con la capacidad de compra de los hogares y con la necesidad de las empresas de adaptar sus propuestas a un consumidor que cuenta con menos margen para determinados gastos.
En ese contexto, promociones, combos, descuentos y alternativas de financiamiento aparecen como algunas de las herramientas utilizadas por las compañías para intentar sostener el nivel de ventas.
Una pirámide social atravesada por diferencias de ingresos
Los datos de la Consultora W correspondientes al segundo trimestre de 2026 permiten observar las diferencias entre los distintos segmentos de hogares.
Según esa estimación preliminar, el 5% de los hogares pertenece a la clase alta y registra un ingreso promedio neto mensual de $14 millones.
Por debajo aparece la clase media alta, que representa el 17% de los hogares, con ingresos promedio de $6,5 millones mensuales.
La clase media baja, en tanto, reúne al 26% de los hogares, con ingresos cercanos a los $3 millones.
Los segmentos restantes están integrados por un 30% de hogares de clase baja no pobre, con ingresos promedio de $2,2 millones, y un 22% de hogares en situación de pobreza, equivalente al 30% de la población, con ingresos de aproximadamente $1 millón.
La línea de pobreza utilizada en esta estimación se ubica en torno a los $1,5 millones.
En términos de los umbrales mencionados en el análisis, un hogar necesitaría al menos $2,5 millones mensuales para ubicarse en la clase media baja, mientras que para alcanzar la clase media alta debería superar los $4,5 millones.
Los dos segmentos de clase media representan, en conjunto, el 43% de los hogares.
Del consumo de grandes gastos a la “economía del gustito”
Los cambios en el poder de compra también modificaron la forma en que los consumidores distribuyen sus ingresos.
Los empresarios consultados durante el Coloquio de IDEA señalaron que las compañías buscan adaptarse mediante propuestas que permitan acceder a determinados productos sin realizar grandes desembolsos.
Entre los ejemplos aparecen los combos de comida rápida por $8.000 o los maples de huevos por $5.000, además de promociones y distintas alternativas para facilitar las compras.
El concepto utilizado por Moiguer para describir esta nueva conducta es el de “economía del gustito”. Se trata de un consumo más acotado, en el que determinados gastos que antes podían formar parte del presupuesto habitual pasan a evaluarse de manera puntual.
Los llamados “gustos caros”, como viajar o asistir a recitales, conviven así con consumos más pequeños que permiten mantener alguna forma de disfrute dentro de un presupuesto más ajustado.
La transformación también alcanza a las empresas, que deben diseñar estrategias para atraer a consumidores que continúan demandando productos y servicios, pero que son más cuidadosos al momento de decidir dónde gastar.
Una economía que se recupera de manera desigual
El economista Guillermo Oliveto definió el escenario como una “Argentina dual”, en referencia a la diferencia entre sectores de la economía que presentan un crecimiento significativo y otros que todavía permanecen estancados.
Esa recuperación desigual también genera nuevas características dentro de la sociedad y modifica las prioridades de los hogares.
Oliveto señaló que uno de los principales deseos de la población es contar con un trabajo formal, que permita tener previsibilidad sobre los ingresos y saber que al finalizar el mes habrá un salario.
La diferencia, según explicó, está entre quienes cuentan con esa seguridad y quienes deben generar sus ingresos día a día.
La estabilidad laboral, por lo tanto, aparece como una variable importante para entender el comportamiento del consumidor y su disposición a realizar determinados gastos.
Un consumidor más selectivo
La cautela también se observa en sectores vinculados al consumo cotidiano.
Diego Paniagua, director general de Arcos Dorados, describió a un cliente que se volvió más selectivo y exigente. Según su experiencia, actualmente el consumidor presta mayor atención al valor que recibe a cambio de su gasto y prioriza tanto el precio como la experiencia.
Esto obliga a las empresas a justificar cada vez más el desembolso que realizan los consumidores.
La competencia ya no pasa únicamente por ofrecer un producto, sino también por generar propuestas que hagan que el cliente considere que el gasto vale la pena.
El cambio también se refleja en el sector del entretenimiento.
El empresario Daniel Grinbank sostuvo que la clase media, tradicionalmente uno de los principales segmentos consumidores de espectáculos, redujo su participación en ese tipo de actividades como consecuencia de la pérdida de poder adquisitivo.
Según su estimación, el recorte en el gasto destinado al entretenimiento habría sido de entre 15% y 20% en comparación con el año anterior.
El crédito como herramienta para recuperar el consumo
En este escenario, las cuotas y el financiamiento aparecen como factores centrales para los sectores que comercializan bienes de mayor valor.
El mercado automotor es uno de los ejemplos. Gustavo Salinas, presidente de Toyota, sostuvo que la clase media constituye un segmento especialmente sensible a los cambios económicos y que, en el caso de los vehículos y otros bienes durables, el acceso al financiamiento resulta determinante.
La posibilidad de distribuir el costo de una compra en cuotas permite reducir el desembolso inmediato y ampliar el universo de consumidores que puede acceder a productos de mayor precio.
Una situación similar se observa en el mercado de productos electrónicos.
Ana Vainman, directora ejecutiva de AFARTE, explicó que productos como televisores de mayor tecnología y aires acondicionados implican desembolsos importantes y que, sin financiamiento, el acceso resulta más difícil.
El sector atraviesa además un proceso de reconversión, en un contexto de mayor competencia por el ingreso de productos importados.
Las compañías buscan mejorar sus procesos productivos y reducir costos para poder competir con esos productos, mientras intentan mantener alternativas que resulten accesibles para los consumidores.
Empresas entre la competencia y un consumo todavía débil
La combinación de mayor competencia importada, consumidores más selectivos y menor margen de gasto obliga a las empresas a modificar sus estrategias.
Por un lado, las compañías buscan reducir costos y hacer más eficientes sus procesos. Por otro, recurren a promociones, ofertas y financiamiento para evitar que la caída del poder adquisitivo se traduzca en una reducción todavía mayor de las ventas.
El escenario económico presenta, de esta manera, una contradicción: mientras algunos indicadores macroeconómicos muestran un panorama más ordenado, la recuperación de la actividad no se produce de la misma manera en todos los sectores.
Esa diferencia es especialmente visible en el consumo, donde una parte de los hogares continúa teniendo capacidad para gastar, mientras otros deben concentrar sus ingresos en necesidades básicas y reducir aquellos desembolsos considerados postergables.
Por eso, la evolución de la clase media, el crédito y el empleo formal aparece como una de las variables que pueden determinar el comportamiento del consumo durante los próximos meses.
La pregunta que queda planteada para las empresas es si esta recuperación desigual podrá transformarse en un crecimiento más generalizado de la actividad o si el consumo continuará condicionado por la pérdida de poder adquisitivo y la cautela de los hogares.

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