Flávio Bolsonaro quedó primero en la primera vuelta de las elecciones brasileñas con el 47,03% de los votos válidos, frente al 45,16% de Lula. Ambos volverán a enfrentarse el 25 de octubre, cuatro años después del triunfo del actual presidente sobre Jair Bolsonaro. El nuevo escenario combina polarización, malestar económico, el peso del apellido Bolsonaro y un candidato que busca diferenciarse en las formas de su padre, aunque mantiene una agenda de derecha dura.
Brasil volverá a definir a su próximo presidente en un balotaje entre Flávio Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva, cuatro años después de que el actual mandatario derrotara a Jair Bolsonaro en una segunda vuelta marcada por una fuerte polarización política.
Esta vez, el escenario de partida es diferente. Flávio, senador y candidato del Partido Liberal, terminó primero en la primera vuelta del domingo con 47,03% de los votos válidos, mientras que Lula alcanzó el 45,16%. Los datos corresponden al Tribunal Superior Electoral (TSE), con el 99,99% de las urnas escrutadas. La segunda vuelta está prevista para el 25 de octubre.
El resultado fue superior a varias de las expectativas previas y dejó al hijo mayor de Jair Bolsonaro fortalecido para la segunda etapa. Su desafío será ahora ampliar su base electoral con los votos de los candidatos que quedaron fuera de la contienda, especialmente entre sectores ideológicamente más cercanos a la derecha.
El politólogo brasileño Antonio Lavareda interpreta que la elección también puede leerse como una disputa centrada en el rechazo a Lula. Según su análisis, la estrategia de Flávio consiste en plantear que un cambio de presidente implicaría un cambio más amplio en el rumbo del país.
Un escenario diferente al de 2022
Aunque la polarización continúa siendo uno de los rasgos centrales de la política brasileña, el clima electoral presenta diferencias respecto de los comicios de 2022.
En aquella elección, Lula se enfrentó a Jair Bolsonaro en un contexto atravesado por los efectos de la pandemia, una crisis económica y el temor de distintos sectores a una posible deriva autoritaria del entonces presidente.
Ese escenario permitió al dirigente del Partido de los Trabajadores construir alianzas con sectores de centroderecha y finalmente imponerse en las dos vueltas. Jair Bolsonaro se convirtió entonces en el primer presidente brasileño que perdió un intento de reelección bajo la Constitución vigente desde 1988.
Cuatro años después, Brasil conserva la división política entre sectores de izquierda y derecha, aunque buena parte del electorado llegó a la primera vuelta con menor entusiasmo por la disputa electoral, según las encuestas y los análisis citados en la fuente.
Durante el actual gobierno, el país recuperó parte de la normalidad y estabilidad institucional, pero también enfrenta dificultades económicas. El crecimiento se mantiene débil, las deudas presionan tanto a las familias como al Estado y distintos escándalos alcanzaron incluso a instituciones de máxima relevancia, como la Corte Suprema.
En ese contexto, Lula, que tiene 80 años y busca un cuarto mandato presidencial en su octava elección, enfrenta el desafío de volver a convencer a una mayoría del electorado de que su gestión debe continuar.
Después de la primera vuelta, el propio presidente reconoció que el resultado había sido inesperado, ya que esperaba imponerse en esa instancia, aunque se mostró confiado de cara al balotaje.
«Que los bolsonaristas se preparen, porque vamos a derrotarlos», afirmó tras conocerse los resultados.
Lula busca contener el voto contra el oficialismo
La fortaleza electoral de Lula continúa vinculada, según Lavareda, a su respaldo entre los sectores de menores ingresos y menor nivel educativo, asociado a los programas sociales y las políticas redistributivas impulsadas durante sus gobiernos.
Sin embargo, el analista también señala que la desaprobación del mandatario es levemente superior a su aprobación y que ese rechazo se consolidó con el tiempo.
Ese escenario representa uno de los principales argumentos sobre los que Flávio Bolsonaro construyó su campaña.
El candidato de derecha celebró el resultado de la primera vuelta y afirmó que se había iniciado una nueva etapa política en Brasil. También sostuvo que el resultado representaba el comienzo del «fin de la era del PT».
El desafío de Lula pasa entonces por enfrentar una corriente de rechazo al oficialismo que no necesariamente se limita al electorado tradicionalmente identificado con el bolsonarismo.
Flávio Bolsonaro y las diferencias con su padre
Una de las principales preguntas del balotaje es cuánto se parece Flávio Bolsonaro a Jair Bolsonaro y si las diferencias de estilo pueden modificar la percepción que existe sobre el movimiento político construido por su padre.
Flávio tiene 45 años y es abogado, exdiputado estatal de Río de Janeiro y actual senador por ese estado. El TSE confirmó que se trata de su primera candidatura presidencial.
Después de que Jair Bolsonaro lo eligiera como su heredero político, Flávio se definió como un Bolsonaro «más moderado, equilibrado y centrado».
En términos de estilo, existen diferencias con su padre. Jair Bolsonaro tuvo una extensa trayectoria como militar antes de ingresar en la política y construyó una imagen pública caracterizada por un discurso confrontativo. Flávio, en cambio, tiene un perfil más cuidado en sus intervenciones públicas y utiliza una retórica menos agresiva.
Durante la campaña también buscó mostrarse como padre de familia, junto a su esposa y sus dos hijas, y concentró parte de su estrategia en el electorado evangélico, sector con el que también se identifica.
La antropóloga Isabela Kalil, coordinadora del Observatorio de la Extrema Derecha en Brasil, considera que existe una diferencia evidente en la forma de comunicación de ambos. Sin embargo, sostiene que el contenido de las propuestas de Flávio no necesariamente refleja esa supuesta moderación.
Una agenda de derecha dura
Las propuestas de campaña de Flávio combinan medidas económicas de orientación liberal con una agenda de seguridad de línea dura.
Entre sus planteos aparecen un ajuste fiscal y una reducción de impuestos, junto con políticas más severas en materia de seguridad pública.
Su plataforma contempla designar a grupos militares como narcoterroristas y utilizar a las Fuerzas Armadas para combatirlos. También propone reducir a 16 o 14 años la edad mínima de responsabilidad penal para determinados delitos graves, construir cárceles de máxima seguridad e implementar la castración química para personas condenadas por delitos sexuales.
El énfasis en la seguridad no es nuevo en su trayectoria política. Flávio ingresó a la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro a los 21 años y desde entonces defendió posiciones vinculadas con el endurecimiento de las políticas contra el delito.
Posteriormente llegó al Senado, donde mantuvo esa línea discursiva.
Otra de sus posiciones centrales está relacionada con la situación judicial de su padre. Flávio ha manifestado que buscará una amnistía o un indulto para Jair Bolsonaro, quien actualmente cumple prisión domiciliaria por su condena vinculada al intento de revertir el resultado electoral de 2022. Reuters también señala que el objetivo de liberar a su padre ocupa un lugar central en su campaña.
La investigación por presunta corrupción
Durante la campaña también salió a la luz una investigación contra Flávio Bolsonaro por presunta corrupción y lavado de dinero relacionada con el financiamiento de una película sobre su padre.
La investigación fue abierta por la Justicia brasileña a partir de operaciones vinculadas con Daniel Vorcaro, exdirector de Banco Master, quien está involucrado en una investigación por un millonario caso de fraude. La Policía Federal vinculó recursos aportados por Vorcaro con la producción de la película sobre Jair Bolsonaro. Flávio niega haber cometido delitos.
El candidato inicialmente había negado tener relación con Vorcaro, pero posteriormente se conoció que le había solicitado y recibido dinero destinado a la producción del filme. La investigación sigue siendo presentada como una acusación y no como una condena contra Flávio.
Pese a ese episodio, el senador logró mantenerse competitivo durante la campaña y finalmente consiguió encabezar la primera vuelta.
Para Kalil, ese desempeño demuestra que Flávio logró consolidar el voto del bolsonarismo y ampliar su influencia hacia sectores más amplios de la derecha brasileña.
El papel de Estados Unidos también cambió
Otro elemento que diferencia el escenario actual del de 2022 es la relación con Washington.
Durante las elecciones de hace cuatro años, el gobierno estadounidense de Joe Biden presionó a dirigentes políticos y militares brasileños para que aceptaran el resultado electoral ante los indicios de que Jair Bolsonaro podía desconocer una eventual derrota.
En 2026, el contexto es diferente porque Donald Trump volvió a ocupar la presidencia de Estados Unidos y ha mantenido vínculos con dirigentes de la derecha latinoamericana.
Trump respaldó políticamente a Jair Bolsonaro y buscó intervenir en favor de su aliado en medio de las consecuencias judiciales derivadas de las elecciones de 2022. También recibió a Flávio Bolsonaro y expresó públicamente su cercanía con el candidato, aunque no realizó un respaldo formal a su candidatura antes de la primera vuelta.
Al mismo tiempo, Washington impuso aranceles a productos brasileños y tomó medidas contra organizaciones criminales de Brasil, mientras el gobierno de Lula cuestionó esas decisiones.
El presidente brasileño también advirtió contra una eventual injerencia estadounidense en los asuntos internos del país y utilizó la defensa de la soberanía nacional como uno de los ejes de su posicionamiento.
Ahora, con la segunda vuelta definida, la influencia externa vuelve a aparecer como uno de los elementos que rodean una elección de alcance regional.
Un balotaje con dos caminos políticos diferentes
El resultado de la primera vuelta dejó abierta una definición que no puede resolverse solamente con la comparación entre los porcentajes obtenidos el domingo.
Flávio Bolsonaro parte con una ventaja numérica de casi dos puntos, pero deberá disputar los votos de quienes eligieron a otros candidatos. Lula, por su parte, buscará retener su base electoral y sumar apoyos entre los sectores que no se identifican con el bolsonarismo.
La diferencia respecto de 2022 también está en el lugar que ocupa ahora el apellido Bolsonaro. En aquella elección, Jair Bolsonaro era el candidato que buscaba continuar en el poder. En esta oportunidad, su hijo intenta llevar nuevamente ese espacio político al Palacio del Planalto.
A esto se suma un Congreso con una presencia fortalecida de fuerzas de derecha. El Partido Liberal, que respalda a Flávio, aumentó significativamente su representación legislativa en las elecciones del domingo, lo que podría tener consecuencias sobre la capacidad de un eventual gobierno para avanzar con su agenda.
La definición será el 25 de octubre, cuando Brasil vuelva a las urnas para decidir entre Lula y Flávio Bolsonaro. El resultado determinará no solo quién ocupará la Presidencia, sino también hasta dónde puede llegar la continuidad del proyecto político asociado al bolsonarismo después de la salida de Jair Bolsonaro del poder.

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