1 noviembre, 2026

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Relaciones de pareja: cuatro comportamientos que desgastan el vínculo y dos señales de que puede recuperarse

Las discusiones forman parte de cualquier relación, pero la manera en que se desarrollan puede influir en el bienestar de la pareja y de toda la familia. Investigaciones citadas en el artículo identifican cuatro conductas asociadas con el deterioro del vínculo y dos señales que pueden indicar que todavía existe margen para reconstruirlo.

Una relación de pareja puede tener consecuencias que van mucho más allá del plano emocional. Los conflictos sostenidos y las discusiones intensas pueden afectar el sueño y la salud física, mientras que las relaciones de mala calidad también pueden tener efectos sobre el bienestar mental de quienes las integran.

Ese impacto puede extenderse al resto de la familia, incluidos los niños, que pueden quedar más expuestos a problemas de salud física y mental cuando viven en un contexto de conflicto persistente.

La relación entre los vínculos afectivos y la salud también funciona en sentido contrario. Una relación satisfactoria puede contribuir al bienestar e incluso asociarse con una mayor longevidad, mientras que una relación conflictiva puede aumentar determinados riesgos para la salud.

Las investigaciones citadas en este análisis señalan que la calidad de las relaciones puede constituir un factor de riesgo para la salud comparable o incluso superior al tabaquismo o a la falta de actividad física.

A esto se suma el impacto emocional de una ruptura o del deterioro de un vínculo amoroso, que puede producir lo que habitualmente se describe como un “corazón roto”.

Frente a ese escenario surge una pregunta central: ¿es posible transformar una relación infeliz en una relación más saludable?

Distintos estudios indican que sí puede existir margen para modificar determinados patrones, especialmente cuando ambos integrantes están dispuestos a trabajar sobre los problemas que afectan al vínculo.

Los conflictos que se repiten durante años

Las discusiones entre parejas no siempre aparecen por problemas nuevos. En muchos casos, los temas que generan enfrentamientos permanecen a lo largo del tiempo.

Esto puede ocurrir incluso con cuestiones que, en apariencia, son menores. Una discusión por los platos sucios al comienzo de una relación puede formar parte del mismo patrón de conflictos que continúa años después.

Estos problemas recurrentes son conocidos como problemas perpetuos o estancados.

Según Carrie Cole, psicóloga y directora de investigación del Instituto Gottman de terapia de pareja en Seattle, pueden estar relacionados con cuestiones como las finanzas, la crianza de los hijos, la vida sexual o la distribución del poder dentro de la relación.

También pueden involucrar asuntos cotidianos, como la limpieza y el reparto de las tareas domésticas.

Un estudio longitudinal realizado por el psicólogo John Gottman y su equipo observó los desacuerdos de diferentes parejas en una primera evaluación y volvió a analizarlos cuatro años después.

El resultado mostró que en el 69% de los casos las parejas continuaban discutiendo sobre el mismo tipo de cuestiones que habían generado conflictos cuatro años antes.

Otros trabajos encontraron patrones similares y señalaron que determinados asuntos, especialmente el dinero, aparecen de manera reiterada en los conflictos de los hogares y también en diferentes culturas.

El dinero y las tareas domésticas, entre los principales focos de conflicto

Los desacuerdos relacionados con el dinero se encuentran entre los conflictos que pueden generar discusiones más persistentes e intensas.

La distribución de las tareas domésticas también puede convertirse en una fuente importante de tensión y, según las investigaciones citadas, una división desigual de esas responsabilidades puede estar relacionada con una mayor probabilidad de divorcio.

Sin embargo, discutir no significa necesariamente que una relación esté destinada a fracasar.

Los desacuerdos pueden formar parte de una relación y ser una oportunidad para que ambos integrantes conozcan mejor las necesidades del otro y aprendan a responder frente a ellas.

De hecho, tanto las parejas felices como las infelices tienen discusiones.

La diferencia señalada por las investigaciones está principalmente en cómo se comportan los integrantes de la pareja durante esos conflictos y también en los momentos en los que no están discutiendo.

Las cuatro conductas que pueden deteriorar una relación

Carrie Cole identifica cuatro comportamientos particularmente problemáticos para las relaciones de pareja:

  • La crítica.
  • El desprecio.
  • La actitud defensiva.
  • La evasión, es decir, retirarse de una discusión y negarse a participar en el conflicto.

Cole sostiene que estas cuatro conductas pueden llevar al deterioro de una relación, aunque también aclara que pueden modificarse si ambos integrantes están dispuestos a trabajar sobre ellas.

Los efectos no necesariamente quedan limitados al vínculo. Investigaciones independientes encontraron que las críticas persistentes dentro de la pareja pueden asociarse significativamente con una menor expectativa de vida.

Las discusiones que incluyen estos comportamientos, además de agresión y hostilidad, son consideradas destructivas y pueden contribuir al deterioro de la relación y aumentar el riesgo de divorcio.

En cambio, existen conflictos que pueden tener una dinámica diferente. Las discusiones constructivas, centradas en resolver problemas de manera conjunta y con respeto, curiosidad y amabilidad, pueden fortalecer el vínculo.

Escuchar y sentirse comprendido también influye en la salud

Uno de los elementos destacados por las investigaciones es la capacidad de respuesta de la pareja.

Se trata de la percepción de que el otro escucha, comprende y brinda apoyo frente a las necesidades o dificultades que se plantean.

Sentir que la pareja responde de esa manera no solo está asociado con una mayor satisfacción dentro del matrimonio. También puede contribuir a reducir procesos de inflamación y favorecer determinados aspectos de la salud física y la longevidad.

La bondad y la cooperación también pueden generar efectos positivos a largo plazo.

Un estudio realizado durante 20 años sobre parejas casadas encontró que la toma de decisiones compartida y una distribución más equilibrada de las tareas domésticas estaban asociadas con una mayor felicidad conyugal y menores niveles de conflicto.

La forma de discutir también puede afectar el descanso. Las investigaciones citadas encontraron una relación entre las discusiones destructivas y un peor sueño, mientras que los conflictos abordados de manera constructiva se asociaron con un mejor descanso.

Cómo reconstruir la empatía

Cuando una pareja lleva mucho tiempo atravesando discusiones hostiles, modificar la dinámica puede parecer difícil. Sin embargo, distintos estudios indican que los patrones de interacción pueden cambiar, incluso mediante terapia de pareja.

Las investigaciones citadas señalan que este tipo de tratamiento tiene un impacto positivo en aproximadamente el 70% de las parejas que lo realizan.

La terapia puede contribuir a mejorar los problemas dentro de la relación, aumentar la satisfacción, prevenir situaciones de angustia y fortalecer la intimidad emocional. También puede ayudar cuando existen problemas individuales de salud física o emocional que afectan al vínculo.

Para Jay Lebow, terapeuta de pareja y profesor clínico de psicología en el Instituto Familiar de la Universidad Northwestern, uno de los principales problemas que presentan muchas parejas cuando llegan a terapia es que la empatía prácticamente desapareció.

Lebow, coautor de un estudio sobre la efectividad de la terapia de pareja, señala que uno de los desafíos principales consiste en reconstruir esa capacidad de ponerse en el lugar del otro.

Una señal de avance puede encontrarse en algo tan básico como la forma de hablar y escuchar.

Según Lebow, mejorar la capacidad de escuchar puede parecer sencillo, pero se vuelve mucho más difícil cuando una relación atraviesa una situación de angustia.

También propone cambiar la perspectiva: en lugar de concentrarse exclusivamente en aquello que cada integrante considera que está mal en su pareja, resulta necesario poder observar qué está ocurriendo entre ambos.

Las dos señales que pueden indicar que todavía hay esperanza

Carrie Cole identifica dos comportamientos concretos que considera especialmente significativos cuando trabaja con parejas.

El primero aparece cuando uno de los integrantes puede decirle al otro: “Puedo ver por qué te sientes así”.

Para Cole, esto demuestra que la persona está empezando a aceptar la influencia del otro. Esto no significa necesariamente estar de acuerdo con todo lo que dice la pareja, sino poder considerar válida su perspectiva aunque sea diferente de la propia.

La segunda señal es la curiosidad.

Cole considera que si los integrantes todavía sienten curiosidad por el otro, existe un margen para reconstruir el vínculo. Incluso cuando no coinciden en sus opiniones, pueden mostrar interés y preguntar: “Contame más sobre eso, ¿cómo llegaste a creer eso?”

Esa actitud permite que la conversación deje de centrarse exclusivamente en quién tiene razón y pase a buscar una comprensión más profunda de lo que piensa y siente cada integrante.

Lebow sostiene que, cuando las personas están dispuestas a trabajar sobre sus problemas, existe evidencia sólida de que pueden obtener buenos resultados.

Entender los sueños detrás de los conflictos

Para resolver aquellos conflictos que se repiten una y otra vez, Cole también destaca la importancia de comprender los objetivos, experiencias y sueños que existen detrás de las posiciones de cada integrante.

Uno de los ejemplos que utiliza es el de una pareja que llegó a terapia debido a constantes discusiones relacionadas con el dinero.

Los dos habían crecido en condiciones de pobreza, pero esa experiencia había producido objetivos muy diferentes.

La mujer buscaba seguridad e independencia económica y consideraba importante ahorrar y elaborar presupuestos cuidadosamente.

El hombre, en cambio, quería utilizar el dinero que había ganado con esfuerzo para comprar cosas que disfrutara y experimentar la sensación de formar parte de una sociedad de la que se había sentido excluido durante su infancia.

Esas diferencias terminaron provocando discusiones permanentes sobre los gastos.

“Peleaban por esas cosas todo el tiempo. Y nunca llegaban a entender el motivo por el que peleaban”, explicó Cole.

El trabajo terapéutico permitió que ambos pudieran escuchar las experiencias dolorosas del otro y comprender de qué manera aquellas vivencias habían influido en sus objetivos.

A partir de ese entendimiento, lograron establecer acuerdos concretos: definieron cuánto dinero destinarían al ahorro y qué cantidad podría utilizar libremente cada uno.

Según Cole, el conflicto pudo resolverse porque primero tuvieron que comprender qué era importante para cada uno. Recién después pudieron aceptar la influencia mutua y construir un compromiso que contemplara los objetivos de ambos.

La motivación también es un factor determinante

Lebow incorpora otro elemento que considera fundamental: la motivación de quienes integran la pareja.

Según el especialista, incluso el mejor terapeuta de pareja puede tener dificultades para obtener buenos resultados si las personas involucradas no están dispuestas a trabajar.

En cambio, una pareja con un alto nivel de motivación puede avanzar incluso en condiciones terapéuticas menos favorables.

Por eso, el compromiso de los integrantes con el proceso constituye un elemento central para modificar los patrones de comportamiento que generan conflicto.

La terapia también puede ayudar durante una separación

El trabajo terapéutico no necesariamente tiene como objetivo mantener unida a una pareja.

Según Lebow, incluso las personas que finalmente deciden separarse pueden beneficiarse de la terapia.

En esos casos, puede ayudarlas a afrontar la ruptura y sus posibles consecuencias sobre la salud mental, además de contribuir a reducir la hostilidad durante el proceso.

Cuando hay hijos, también puede favorecer que los adultos encuentren mejores herramientas para cuidar la salud mental de los niños durante la separación.

Una ruptura o un divorcio pueden ser experiencias profundamente dolorosas, pero Lebow señala que también pueden convertirse en momentos de aprendizaje personal.

Según explica, muchas personas pueden descubrir durante ese proceso aspectos de sí mismas que luego consideran valiosos para el resto de sus vidas.

Las relaciones saludables también pueden seguir mejorando

Trabajar sobre la comunicación, la escucha y la empatía no es una herramienta exclusiva para parejas que atraviesan una crisis.

Lebow sostiene que incluso quienes mantienen relaciones saludables pueden mejorar sus vínculos si desarrollan esas mismas capacidades.

El objetivo, en ese sentido, no consiste solamente en evitar una ruptura, sino en construir formas de interacción que permitan afrontar los desacuerdos sin convertirlos necesariamente en conflictos destructivos.

Las investigaciones citadas muestran que las discusiones son una parte habitual de las relaciones. Lo que puede marcar una diferencia es la manera en que las parejas las atraviesan: desde la crítica, el desprecio, la defensa y la evasión, o desde la escucha, la empatía, la cooperación y la búsqueda de acuerdos.