El gobernador bonaerense aparece, según el análisis de Jorge Giacobbe, mejor posicionado que Cristina Kirchner en imagen e intención de voto. Pero el salto hacia una candidatura presidencial competitiva exige resolver una contradicción central: construir una identidad propia sin perder el respaldo del electorado que todavía reconoce a la expresidenta como su principal referente.
El reordenamiento de la oposición argentina atraviesa una etapa decisiva. Después de la llegada de Javier Milei al poder, el peronismo enfrenta una discusión que excede una interna electoral: debe definir quién será capaz de representar a un espacio que conserva una base importante de votantes, pero que todavía no logró encontrar una conducción capaz de proyectarse hacia el futuro.
En ese escenario, Axel Kicillof aparece como uno de los dirigentes con mayores posibilidades de ocupar ese lugar. El análisis del consultor político Jorge Giacobbe plantea que el gobernador bonaerense actualmente supera a Cristina Kirchner en imagen e intención de voto en diferentes provincias y sectores sociales.
El dato es relevante porque expone una transformación dentro del propio electorado progresista. Cristina continúa siendo una figura con una fuerte capacidad de convocatoria y conserva un núcleo de seguidores fieles, pero, según la lectura de Giacobbe, comienza a instalarse la idea de que su liderazgo puede no ser suficiente para construir una alternativa electoral hacia el futuro.
La pregunta que queda abierta, entonces, no es solamente si Kicillof puede medir más que Cristina. El verdadero interrogante es si puede convertir esa ventaja en un liderazgo político propio.
El problema de Kicillof: ser candidato no alcanza
Para Giacobbe, una de las principales dificultades del gobernador bonaerense es la diferencia entre ser un candidato competitivo y convertirse en el conductor de un espacio político.
La historia reciente del peronismo ofrece varios ejemplos de dirigentes que lograron convertirse en candidatos presidenciales, pero que no consiguieron consolidar una autoridad política independiente. Daniel Scioli, Alberto Fernández y Sergio Massa aparecen, dentro del análisis del consultor, como casos de dirigentes cuya capacidad electoral estuvo condicionada por la relación con Cristina Kirchner.
Por eso, el desafío de Kicillof es mayor. No alcanza con que el gobernador pueda reunir una cantidad importante de votos. Necesita construir una estructura política, una identidad y una narrativa que le permitan disputar el liderazgo sin depender de la figura que durante años ordenó buena parte del espacio.
La expresión utilizada por Giacobbe, “matar al padre”, sintetiza esa dificultad. El concepto plantea la necesidad de una ruptura simbólica que permita al dirigente convertirse en una figura autónoma.
Pero existe una contradicción difícil de resolver: para construir una alternativa competitiva, Kicillof necesita captar parte del electorado que todavía se identifica con Cristina, pero al mismo tiempo debe demostrar que representa una etapa diferente.
Ese equilibrio puede convertirse en uno de los mayores obstáculos de su eventual proyecto presidencial.
La herencia de Cristina: un respaldo y un límite
La situación de Cristina Kirchner presenta una paradoja. Por un lado, su presencia continúa siendo central para mantener unido a un sector significativo del electorado. Según el análisis de Giacobbe, el espacio vinculado con figuras como Cristina y Kicillof conserva un piso cercano al 35%, al que podría sumarse otro 10% de votantes identificados principalmente por su rechazo a Milei.
Ese 45% conformaría una base electoral con capacidad para disputar una segunda vuelta.
Pero la existencia de ese electorado no garantiza que pueda transformarse automáticamente en votos para un nuevo liderazgo. Una cosa es compartir una identidad política y otra muy diferente es aceptar a un nuevo conductor.
Ahí aparece el problema central del peronismo: todavía no está claro si Kicillof puede heredar el electorado de Cristina sin heredar también el rechazo que genera su figura en otros sectores de la sociedad.
La construcción de una candidatura nacional requerirá, por lo tanto, ampliar el espacio. Y para hacerlo, Kicillof deberá intentar atraer a sectores que hoy no forman parte de su núcleo electoral sin provocar una ruptura con quienes sostienen la identidad kirchnerista.
La izquierda puede sumar votos, pero también generar un techo
El crecimiento de Myriam Bregman agrega otro elemento al escenario. De acuerdo con Giacobbe, la dirigente de izquierda habría aumentado considerablemente su imagen positiva, hasta alcanzar alrededor del 32%.
Este fenómeno puede interpretarse como una mayor disposición del electorado progresista a construir alianzas entre sectores que históricamente compitieron entre sí.
Sin embargo, esa convergencia también tiene límites. Una eventual fórmula entre Kicillof y Bregman podría consolidar una base importante en una primera vuelta, pero, según el análisis del consultor, tendría dificultades para ampliar su respaldo en un balotaje.
La razón sería ideológica: una fórmula percibida como demasiado cercana a la izquierda podría encontrar dificultades para sumar a votantes moderados, independientes o sectores que rechazan al Gobierno de Milei pero que tampoco se identifican con posiciones más radicalizadas.
El desafío opositor, en consecuencia, no es solamente reunir a quienes ya están convencidos. Es construir una mayoría capaz de incorporar a quienes todavía no decidieron de qué lado ubicarse.
El escenario que más beneficia a Milei
Desde la perspectiva del oficialismo, la indefinición opositora constituye una ventaja.
Mientras el peronismo discute su conducción y continúa asociado a figuras políticas del pasado, Javier Milei puede sostener una narrativa basada en la ruptura con las estructuras tradicionales.
Para Giacobbe, el verdadero riesgo para el Presidente no sería el regreso de Cristina Kirchner ni la continuidad de los dirigentes conocidos, sino la aparición de una figura capaz de representar una renovación real.
“El riesgo de Milei no es que le gane el pasado; el riesgo es que le gane el futuro con una cara nueva que signifique cosas que Cristina no significa”, planteó el analista.
La frase resume uno de los principales dilemas de la oposición: mientras continúe mirando hacia atrás para resolver su conducción, el oficialismo tendrá argumentos para presentarse como la única alternativa de cambio.
Por eso, la eventual consolidación de Kicillof como líder nacional dependerá de su capacidad para romper esa lógica. Si consigue construir una identidad propia, podría convertirse en una figura capaz de disputar el poder. Si queda atrapado en una disputa permanente con Cristina o en la necesidad de obtener su aprobación, su crecimiento electoral podría no traducirse en una conducción efectiva.
El desafío de transformar una base electoral en una mayoría
El dato más importante del análisis, entonces, no es que Kicillof mida mejor que Cristina. El punto de fondo es qué puede hacer con esa ventaja.
El gobernador bonaerense cuenta con una plataforma política relevante: gobierna el distrito más poblado del país y aparece, según las mediciones citadas por Giacobbe, con mejores niveles de competitividad que la expresidenta.
Pero una elección presidencial exige mucho más que una buena performance en la provincia de Buenos Aires. Requiere construir una coalición nacional, ampliar el electorado y ofrecer una propuesta capaz de superar la histórica división entre kirchnerismo y antikirchnerismo.
Ahí estará la verdadera prueba para Kicillof.
El peronismo conserva una base electoral significativa, pero enfrenta una crisis de liderazgo. Cristina mantiene capacidad de influencia, aunque su figura parece tener dificultades para ampliar el espacio. Kicillof aparece como una alternativa con mayor potencial de renovación, pero todavía debe demostrar que puede independizarse políticamente y, al mismo tiempo, conservar la estructura electoral que heredó.
La disputa por el futuro del peronismo, en definitiva, no se resolverá únicamente en una interna entre nombres. El desafío será determinar si el espacio puede construir una nueva identidad capaz de superar a sus liderazgos históricos y ofrecer una alternativa que no dependa exclusivamente del rechazo a Javier Milei.
Si esa renovación no ocurre, el oficialismo conservará una ventaja estratégica. Pero si Kicillof logra transformar su posicionamiento actual en un liderazgo nacional, autónomo y con capacidad de ampliar su base, el escenario político argentino podría entrar en una etapa de fuerte competencia.

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