Distintos estudios reflejan las dificultades que atraviesa la población joven para construir un proyecto de vida autónomo. El endeudamiento para afrontar gastos cotidianos, la informalidad laboral, la imposibilidad de acceder a una vivienda y la necesidad de continuar viviendo con los padres configuran un escenario de creciente vulnerabilidad económica y social.
La posibilidad de alcanzar la independencia económica se volvió cada vez más difícil para una parte importante de los jóvenes argentinos. Aunque muchos trabajan, los ingresos que obtienen no siempre alcanzan para cubrir los gastos cotidianos, acceder a una vivienda o sostener un proyecto de vida autónomo.
Distintos estudios elaborados por el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) permiten dimensionar esta situación a partir de encuestas y entrevistas realizadas a jóvenes.
Los relevamientos muestran un escenario marcado por el endeudamiento de las familias, la reducción de consumos, la informalidad laboral y las dificultades para emanciparse. A esto se suma que una parte significativa de los jóvenes mantiene deudas en mora con bancos y empresas de servicios financieros.
Uno de los datos más relevantes surge de un informe del CIAS, que relevó 946 casos. Según el estudio, el 57% de los jóvenes consultados señaló que en sus hogares tuvieron que pedir dinero prestado o recurrir a algún tipo de crédito para poder afrontar gastos cotidianos.
La mayoría de las familias que necesitó asistencia económica recurrió a familiares y amigos, una alternativa utilizada por el 68% de los casos. En segundo lugar aparecieron los prestamistas del barrio, con el 39%, seguidos por las billeteras virtuales, con el 21%, y las tarjetas de crédito, con el 18%.
La situación se desarrolla en un contexto de creciente preocupación por la economía. Más de 7 de cada 10 jóvenes de entre 16 y 24 años considera que la situación económica empeoró durante los últimos 12 meses, de acuerdo con el informe del centro dirigido por el sacerdote jesuita Rodrigo Zarazaga.
El deterioro de los ingresos también impacta directamente sobre los consumos de los hogares. Seis de cada diez jóvenes afirmaron que sus familias tuvieron que reducir gastos corrientes. Entre los principales recortes aparecen la compra de alimentos, mencionada por el 40%, y la adquisición de ropa y calzado, señalada por el 18%.
Vulnerabilidad social y dificultades para proyectar el futuro
Otro estudio, realizado por la Universidad de Buenos Aires y encabezado por el profesor Juan Cruz Esquivel, identificó que casi el 49% de los jóvenes de entre 18 y 29 años se encuentra en una situación de «vulnerabilidad social».
El concepto utilizado por los investigadores no se limita a la situación económica. También contempla las condiciones materiales de vida, la salud mental y las expectativas que tienen los jóvenes respecto de su futuro.
Dentro de ese grupo, el 20% pertenece al colectivo conocido como «Ni-Ni», es decir, jóvenes que no estudian ni trabajan. A su vez, un tercio forma parte de una categoría denominada «Triple Ni»: personas que no estudian, no trabajan y tampoco buscan empleo debido a la falta de expectativas y de posibilidades de movilidad social ascendente.
El informe también identifica una distancia entre las aspiraciones de los jóvenes y la capacidad de las instituciones para acompañarlos. Entre los jóvenes considerados vulnerables, el 60,5% no terminó sus estudios secundarios. Sin embargo, el 87,5% considera que estudiar podría mejorar su calidad de vida.
Según el relevamiento, las principales dificultades para continuar con los estudios están vinculadas con restricciones económicas y con las responsabilidades familiares o laborales.
Cuando se les preguntó cuáles eran sus principales objetivos para los próximos cinco años, las respuestas se concentraron principalmente en dos prioridades: conseguir un empleo o mejorar el que ya tienen, una meta mencionada por el 32%, y acceder a una vivienda propia, señalada por el 30%.
La posibilidad de formar una familia propia quedó relegada frente a esas necesidades económicas y materiales.
La vulnerabilidad también aparece vinculada con la salud emocional. Más de 7 de cada 10 jóvenes encuestados manifestó sufrir ansiedad o nerviosismo con frecuencia, mientras que más de la mitad afirmó haber atravesado episodios de tristeza o desgano. Además, el 30% declaró haber consumido alcohol, tabaco o drogas.
Trabajar no garantiza llegar a fin de mes
La situación laboral constituye otro de los puntos centrales para comprender las dificultades que atraviesan los jóvenes.
El estudio de la UBA determinó que siete de cada diez jóvenes en situación de vulnerabilidad trabajan. Sin embargo, el 76% lo hace en condiciones de informalidad o por cuenta propia.
Entre las actividades mencionadas aparecen los empleos en comercios, la construcción, las tareas de cuidado y las ventas ambulantes.
La informalidad, sumada a los bajos ingresos, genera una situación en la que tener un empleo no necesariamente garantiza alcanzar la estabilidad económica. De hecho, el 57% de los jóvenes entrevistados aseguró que no logra llegar a fin de mes con sus ingresos.
Este escenario ayuda a explicar por qué una parte importante de esta población continúa viviendo con sus padres y posterga su independencia.
Una encuesta del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la UADE, realizada sobre 1.040 casos y con la participación del doctor Daniel Sinopoli, reveló que el 44% de los jóvenes vive actualmente con su padre o su madre.
El principal obstáculo para emanciparse aparece relacionado con los costos de la vivienda. El alquiler, las expensas y los servicios básicos representan una barrera que dificulta la posibilidad de abandonar el hogar familiar.
Según el informe, independizarse requiere como mínimo un ingreso 47% superior al que percibe la mayoría de los jóvenes de este grupo.
Además, existe una diferencia entre varones y mujeres al momento de lograr la independencia económica. Los hombres se emancipan con un ingreso promedio de $900 mil, mientras que las mujeres lo hacen con $616.300, una diferencia del 32%.
El regreso al hogar familiar también es una realidad para una parte de los jóvenes. El 15% de los consultados señaló que tuvo que volver a vivir con sus padres después de haber residido de manera independiente.
Entre los principales motivos aparecen el regreso desde el exterior, mencionado en el 36% de los casos; las separaciones o divorcios, con el 17%; y el aumento de los costos habitacionales, con el 14%.
El endeudamiento aparece cada vez más temprano
A las dificultades laborales y habitacionales se suma el crecimiento del endeudamiento entre los jóvenes.
Un informe de la consultora Analytica, dirigida por el economista Ricardo Delgado, determinó que el 40% de las personas de entre 18 y 30 años se encuentra en situación de mora por atrasos en los pagos con bancos o empresas de servicios financieros.
Entre las compañías mencionadas aparecen Mercado Pago, Tarjeta Naranja X, Frávega y Credicuotas.
El dato adquiere relevancia porque, según el informe, se trata del nivel más elevado de morosidad entre todos los grupos etarios.
La situación también fue advertida por Provincia Microcréditos, empresa perteneciente al Banco de la provincia de Buenos Aires. Un documento de la entidad señaló que más de uno de cada tres jóvenes que obtuvo un crédito por primera vez durante 2025 terminó en mora.
Para Alejandro Formento, presidente de Provincia Microcréditos, estos datos muestran que cada vez más jóvenes acceden al crédito en condiciones de vulnerabilidad económica, sin empleos ni ingresos estables y sin herramientas suficientes para sostener las obligaciones asumidas.
El resultado es un proceso de endeudamiento que comienza a edades cada vez más tempranas y que puede dejar consecuencias a largo plazo. La morosidad afecta el historial crediticio de los jóvenes y puede limitar sus posibilidades futuras de acceder a financiamiento.
Una generación que posterga su autonomía
Los distintos relevamientos permiten observar un fenómeno que atraviesa diferentes dimensiones de la vida de los jóvenes: la dificultad para alcanzar la autonomía económica.
La combinación de empleos informales, ingresos insuficientes, endeudamiento, aumento de los costos habitacionales y dificultades para sostener los estudios genera un escenario en el que trabajar ya no garantiza la posibilidad de independizarse.
A esto se suma la necesidad de recurrir al crédito o a la ayuda de familiares y amigos para afrontar gastos básicos, mientras que una parte de quienes lograron abandonar el hogar familiar termina regresando ante la imposibilidad de sostener los costos de una vivienda.
El resultado es una postergación de proyectos que tradicionalmente estaban asociados con el paso a la adultez: acceder a una casa propia, formar una familia y construir una trayectoria laboral estable.
En este contexto, los datos relevados por las distintas instituciones muestran que el problema no se limita a la falta de ingresos actuales. También plantea interrogantes sobre las posibilidades de movilidad social y sobre las condiciones en las que una nueva generación podrá construir su futuro económico.

Más historias
El gasto que se disparó en CABA y cada vez se lleva una mayor parte del sueldo
El Gobierno anunció una inversión de US$ 800 millones para reforzar la red eléctrica del AMBA y reducir los cortes
Los argentinos recortan Netflix, delivery y hasta la inteligencia artificial