La Cancillería calificó la medida como unilateral y sostuvo que responde a diferencias ideológicas, en medio de la creciente tensión entre Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva.
La relación entre Argentina y Brasil atraviesa uno de sus momentos más delicados de las últimas décadas. Luego de que el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva resolviera retirar a su embajador en Buenos Aires y reducir el nivel de la representación diplomática al de encargados de negocios, la Cancillería argentina respondió con un duro comunicado en el que cuestionó la decisión y defendió la postura del Gobierno nacional.
Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores confirmaron que el embajador argentino en Brasil fue convocado por las autoridades brasileñas para ser notificado oficialmente de la medida. Horas después, la administración de Javier Milei difundió un documento en el que lamentó la determinación adoptada por el Palacio del Planalto y sostuvo que fue tomada de manera unilateral.
La respuesta de la Cancillería argentina
En el comunicado oficial, la Cancillería señaló que Argentina «toma nota de la decisión adoptada unilateralmente por el Gobierno de la República Federativa del Brasil» y cuestionó que el país vecino haya optado por profundizar el conflicto diplomático.
El texto sostiene que Brasil decidió «continuar aislándose del resto de la región por cuestiones puramente ideológicas» y remarca que las diferencias políticas entre gobiernos no deberían afectar las relaciones institucionales entre ambos Estados.
Además, el Gobierno recordó que durante los últimos años existieron numerosos cruces públicos entre dirigentes argentinos y brasileños sin que ello derivara en sanciones diplomáticas.
«Nunca respondimos a una diferencia política con una medida institucional. Ese criterio es el que la Argentina sostiene hoy», afirmó el comunicado difundido por el Ministerio de Relaciones Exteriores.
La administración de Milei también insistió en que la política exterior debe estar orientada por los intereses permanentes de los países y no por las diferencias personales entre sus mandatarios.
«Las relaciones entre los Estados deben responder a los intereses permanentes de sus pueblos y no quedar supeditadas a las necesidades políticas y/o personales de los gobernantes de turno», señaló el documento.
Finalmente, la Cancillería aseguró que la política exterior argentina continuará guiándose por «la defensa del interés nacional, la soberanía y el mandato conferido por el pueblo argentino».
Qué motivó la decisión de Brasil
La determinación del gobierno de Lula llegó después de una nueva escalada verbal protagonizada por Javier Milei durante su visita a Brasil.
En distintas intervenciones públicas, el Presidente argentino volvió a referirse a Lula con fuertes descalificaciones, al llamarlo «ladrón» y «presidiario», además de sostener que la condena judicial que había recibido fue anulada únicamente por un «error administrativo» de la Justicia brasileña.
Desde Brasil explicaron que la decisión fue consecuencia de la reiteración de esas expresiones.
Voceros del gobierno brasileño señalaron que habían mantenido una postura de prudencia durante los últimos meses, pero consideraron que la continuidad de las ofensas hacia el jefe de Estado hacía imposible sostener la situación diplomática.
Como consecuencia, Brasil retiró de Buenos Aires al embajador Julio Bitelli y redujo su representación diplomática al nivel de encargados de negocios, una decisión sin antecedentes recientes en el vínculo bilateral.
Cómo se profundizó el conflicto
La tensión política entre ambos gobiernos se agravó durante la participación de Javier Milei en la Convención Nacional del Partido Liberal de Brasil, celebrada en San Pablo.
En ese encuentro, el mandatario argentino respaldó la candidatura presidencial del senador Flávio Bolsonaro para las elecciones previstas para octubre y aseguró que Brasil enfrenta un «Riesgo Lula», comparándolo con el «Riesgo Kuka» que, según expresó, existía en Argentina antes de la llegada de La Libertad Avanza al poder.
Durante ese mismo discurso volvió a calificar a Lula como «ladrón», «presidiario» y «totalitario».
Además, cuestionó al juez Alexandre de Moraes por no autorizarle una visita al expresidente Jair Bolsonaro durante su estadía en Brasil.
La primera reacción del gobierno brasileño
Antes de anunciar el retiro definitivo de su embajador, Itamaraty había convocado a consultas a Julio Bitelli y citado al representante argentino en Brasilia para transmitir formalmente el rechazo a las declaraciones de Milei.
El canciller brasileño, Mauro Vieira, calificó las expresiones del mandatario argentino como «graves» e «inaceptables», mientras que Lula evitó responder personalmente y dejó el conflicto en manos de la diplomacia.
La postura de la Casa Rosada
Desde el Gobierno argentino intentaron inicialmente minimizar el impacto político del episodio.
El vocero presidencial, Adrián Ravier, sostuvo que las diferencias ideológicas entre Milei y Lula no tenían como objetivo afectar la relación bilateral ni el intercambio comercial entre ambos países.
También afirmó que las declaraciones del Presidente forman parte de sus convicciones políticas y no modifican la voluntad del Gobierno argentino de mantener las relaciones institucionales con Brasil.
Sin embargo, la decisión adoptada por Itamaraty elevó el nivel del conflicto y abrió un nuevo capítulo en una relación estratégica para ambos países, socios dentro del Mercosur y con un intenso intercambio comercial.
Con el retiro del embajador brasileño y la respuesta oficial de la Cancillería argentina, el vínculo diplomático quedó reducido a su nivel más bajo en décadas, mientras persiste la incertidumbre sobre cuándo podrá normalizarse la relación entre los dos principales socios del bloque regional.

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