1 noviembre, 2026

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El FMI recortó la previsión de crecimiento de Argentina al 2,1% y advierte sobre un escenario internacional más exigente

El Fondo Monetario Internacional redujo su estimación de expansión del PBI argentino para 2026, desde el 3,5% previsto anteriormente hasta el 2,1%. Para 2027 también ajustó sus expectativas, mientras el potencial energético del país aparece como una oportunidad frente a un contexto marcado por el encarecimiento del financiamiento, las tensiones geopolíticas y un crecimiento desigual entre regiones.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) revisó a la baja sus proyecciones de crecimiento para la economía argentina y planteó un escenario internacional atravesado por mayores incertidumbres, tensiones energéticas y condiciones financieras más exigentes. En su último informe de Perspectivas de la Economía Mundial (WEO), el organismo estimó que el Producto Bruto Interno (PBI) de Argentina crecerá un 2,1% durante 2026, frente al 3,5% que había proyectado anteriormente.

La revisión representa una reducción de 1,4 puntos porcentuales en la expectativa de expansión para el año. Además, el Fondo recortó en medio punto su previsión para 2027, hasta ubicarla en el 3,5%.

Las estimaciones del organismo internacional se mantienen por encima de las que recoge el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central de la República Argentina (BCRA). En su informe de septiembre, publicado el 6 de octubre, los participantes del relevamiento proyectaron un crecimiento del PBI del 1,5% para 2026. Para 2027, la referencia del 3% corresponde a la estimación consignada en la información original. <Cite refs={[«turn800418search0″,»turn800418search1»]}/>

La revisión para Argentina se conoce en un momento en que la economía mundial enfrenta efectos desiguales de la guerra en Medio Oriente, el aumento de los costos energéticos y las condiciones de financiamiento. Al mismo tiempo, las inversiones vinculadas con la inteligencia artificial impulsan la actividad en determinadas economías, sin generar beneficios equivalentes en todas las regiones.

En su actualización, el FMI ubicó el crecimiento mundial previsto para 2026 en el 3,1%, una cifra ligeramente superior a la estimación anterior del 3%. Sin embargo, advirtió que la persistencia del conflicto, el encarecimiento de la energía y el aumento de los rendimientos de la deuda pueden intensificar los riesgos para la actividad económica. <Cite refs={[«turn800418news24″,»turn800418news26»]}/>

El informe fue presentado durante las reuniones anuales del organismo en Tailandia. Por Argentina participan el ministro de Economía, Luis Caputo; el viceministro, José Luis Daza; y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili.

Aunque el Fondo prevé que la recuperación argentina continúe a un ritmo más moderado que el registrado durante el rebote de 2025, también anticipa una mejora gradual de algunos desequilibrios macroeconómicos. Entre las perspectivas señaladas figuran una reducción de la inflación, una mejora del sector externo que permitiría alcanzar un superávit de cuenta corriente y una tasa de desempleo relativamente estable.

La combinación de esas proyecciones muestra una economía con oportunidades asociadas a la energía y las exportaciones, pero expuesta a restricciones financieras y a un escenario internacional que puede condicionar la velocidad de la recuperación.

Las proyecciones del FMI para Argentina

El recorte de las previsiones de crecimiento constituye uno de los principales cambios del informe para el país. La estimación del 2,1% para 2026 queda por debajo del 3,5% previsto anteriormente, mientras que la proyección para el año siguiente se ajustó al 3,5%.

La diferencia con las estimaciones del REM refleja que los organismos y los analistas consultados por el Banco Central no manejan exactamente las mismas expectativas sobre la evolución de la actividad económica. El REM de septiembre proyectó un crecimiento del 1,5% para 2026, seis décimas por debajo de la nueva previsión del FMI. <Cite refs={[«turn800418search0″,»turn800418search1»]}/>

En materia de inflación, el Fondo anticipa una desaceleración, aunque las cifras deben interpretarse según la metodología utilizada. Los datos de inflación presentados en el informe se refieren al promedio de los años analizados y no a la variación acumulada entre diciembre de un año y diciembre del siguiente, que es otra de las formas habituales de medir la evolución de los precios.

Para el sector externo, la perspectiva es que la cuenta corriente pase a mostrar un resultado superavitario. En paralelo, el organismo espera que el desempleo permanezca relativamente estable.

Estas previsiones describen una posible mejora gradual de algunas variables macroeconómicas, pero no implican que todos los sectores productivos evolucionen de la misma manera ni que la recuperación esté asegurada. El desempeño final dependerá tanto de las condiciones internas como de los cambios en el escenario internacional.

La energía, una de las principales fortalezas de la economía argentina

El sector energético aparece como uno de los factores favorables para Argentina en el escenario internacional que describe el FMI.

El organismo calcula que el precio promedio del petróleo alcanzará los US$96 por barril durante 2026, lo que representa un incremento superior al 40% respecto de 2025. Para 2027, proyecta una reducción hasta los US$87 por barril, aunque esos valores continuarían siendo elevados en términos históricos.

A este escenario se suman precios del gas superiores a los registrados antes de la guerra en Medio Oriente. La combinación fortalece las perspectivas del sector hidrocarburífero y puede mejorar el atractivo de los proyectos de producción y exportación.

En particular, el yacimiento no convencional de Vaca Muerta ocupa un lugar central en las posibilidades de expansión energética del país. Las cotizaciones internacionales más elevadas pueden favorecer la rentabilidad esperada de nuevas inversiones, ampliar la capacidad exportadora y contribuir a una mayor generación de divisas.

El impacto potencial no se limita a las empresas productoras. Una expansión sostenida de las exportaciones energéticas también puede fortalecer el sector externo y contribuir a mejorar la disponibilidad de moneda extranjera.

Sin embargo, el contexto presenta efectos contrapuestos. El encarecimiento del petróleo y del gas puede incrementar los costos de los fertilizantes, los insumos energéticos y otros componentes utilizados por distintas actividades productivas. En consecuencia, algunos sectores industriales y agropecuarios podrían enfrentar mayores gastos, aun cuando Argentina cuente con oportunidades para ampliar sus exportaciones de hidrocarburos.

La energía, por lo tanto, representa una ventaja potencial, pero sus beneficios para el conjunto de la economía dependerán de la evolución de los precios, las inversiones y los costos que afronten las demás actividades.

El financiamiento internacional, uno de los principales desafíos

Frente a las oportunidades del sector energético, el FMI identifica condiciones financieras internacionales más exigentes como uno de los riesgos para las economías emergentes.

El organismo advierte que la deuda pública mundial continúa creciendo y que los rendimientos de los bonos soberanos se encuentran en niveles elevados respecto de las últimas décadas. Este contexto puede traducirse en mayores costos de endeudamiento, menor disponibilidad de liquidez y más volatilidad en los mercados financieros.

Para Argentina, las condiciones internacionales son relevantes porque pueden influir sobre el costo de acceder al crédito, la disposición de los inversores a financiar al país y la capacidad de sostener una recuperación económica.

Un escenario de tasas elevadas también puede aumentar la sensibilidad de los mercados ante los desequilibrios macroeconómicos. En ese marco, la evolución de las variables locales no depende exclusivamente de las decisiones de política económica internas, sino también de las condiciones bajo las cuales se financian los países emergentes.

La incertidumbre geopolítica agrega otra dificultad. Si las tensiones internacionales mantienen elevados los precios de la energía o alteran las cadenas de suministro, las economías deberán afrontar nuevas presiones sobre sus costos y sus perspectivas de crecimiento.

América Latina, con un crecimiento inferior al de otras regiones

Las proyecciones del FMI muestran que América Latina enfrenta un ritmo de expansión moderado en comparación con otras regiones que reciben un impulso más directo de las inversiones tecnológicas.

El organismo proyecta que la región crecerá un 2,3% en 2026 y un 2,5% en 2027. El desempeño esperado queda por debajo del de Asia emergente y refleja, entre otros factores, la exposición a los precios de las materias primas y a las condiciones financieras internacionales. <Cite refs={[«turn800418news25″,»turn800418news28»]}/>

Según el diagnóstico del Fondo, los beneficios del auge de la inteligencia artificial se concentran principalmente en las economías y los países integrados a esa cadena tecnológica. En buena parte de América Latina, en cambio, el crecimiento continúa dependiendo en mayor medida de la estabilidad macroeconómica, la evolución de las exportaciones tradicionales y el acceso al financiamiento.

Esta diferencia genera un escenario internacional desigual. Mientras algunas economías captan inversiones vinculadas con nuevas tecnologías, otras quedan más expuestas a las variaciones de los precios energéticos y a los cambios en las condiciones de crédito.

Para Argentina, esta situación implica que el potencial exportador de los hidrocarburos puede contribuir a mejorar sus perspectivas, aunque no elimina la necesidad de desenvolverse en un contexto regional de crecimiento limitado.

Brasil y su impacto sobre la economía argentina

Brasil, principal socio comercial de Argentina, también enfrenta perspectivas de desaceleración.

En las proyecciones incluidas en el informe original, el crecimiento brasileño se ubica en el 2,2% para 2026 y desciende al 1,9% para 2027. El escenario responde a condiciones monetarias restrictivas destinadas a reducir la inflación, al retiro gradual del estímulo fiscal y a la incertidumbre internacional.

Una expansión más moderada de Brasil constituye una variable relevante para Argentina por el peso de la relación comercial entre ambos países. La evolución de la actividad brasileña puede influir sobre la demanda de productos argentinos y sobre las oportunidades de exportación para distintos sectores industriales.

Además, las condiciones financieras de la región pueden afectar las decisiones de inversión y el desempeño de las economías emergentes. Por eso, las perspectivas argentinas también deben evaluarse dentro de un marco regional en el que el crecimiento continúa condicionado por factores internos y externos.

Un escenario de oportunidades y riesgos para Argentina

El nuevo informe del FMI presenta un panorama con factores que juegan en direcciones diferentes para la economía argentina.

Por un lado, los precios internacionales de la energía, las posibilidades de expansión de Vaca Muerta y el potencial de crecimiento de las exportaciones hidrocarburíferas ofrecen oportunidades para fortalecer el ingreso de divisas. A esto se suma la expectativa de una mejora gradual de algunos desequilibrios macroeconómicos.

Por otro lado, el recorte de la previsión de crecimiento para 2026 muestra que el organismo espera una expansión más moderada que la proyectada anteriormente. Las tasas de interés elevadas, el financiamiento internacional más costoso, las tensiones geopolíticas y el crecimiento limitado de América Latina conforman un entorno que puede restringir las posibilidades de recuperación.

La transformación tecnológica también plantea un desafío: los beneficios del auge de la inteligencia artificial no se distribuyen de manera uniforme y, por ahora, favorecen en mayor medida a las economías más integradas a ese sector.

En ese contexto, la evolución de Argentina dependerá de su capacidad para aprovechar las oportunidades energéticas y exportadoras, al tiempo que enfrenta las restricciones financieras y los riesgos de la economía mundial. La revisión del FMI no elimina las perspectivas de crecimiento, pero sí reduce la expansión esperada para este año y pone de relieve las condiciones externas que pueden incidir sobre su ritmo.