1 noviembre, 2026

ADN Bonaerense

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El FMI prevé un crecimiento moderado para América Latina y advierte que persistirá la brecha con las economías desarrolladas

El organismo proyecta que la región crecerá un promedio del 2,7% anual a mediano plazo, impulsada por condiciones externas favorables, pero advierte que la productividad y la deuda pública continúan siendo obstáculos estructurales. Para Argentina, estima una expansión del 2,1% en 2026 y del 3,5% en 2027, en un escenario condicionado por la evolución de la inflación, las reformas económicas y las condiciones financieras internacionales.

América Latina atraviesa un contexto económico relativamente favorable frente a otras regiones emergentes. Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que este escenario no garantiza una mejora sostenida de los niveles de vida ni una reducción significativa de la distancia que separa a las economías latinoamericanas de los países desarrollados.

De acuerdo con las proyecciones del organismo, la región crecerá un promedio del 2,7% anual a mediano plazo. Aunque algunas economías podrían registrar avances en materia de productividad, el ritmo general de expansión seguiría siendo insuficiente para impulsar una convergencia significativa con las economías avanzadas. En ese sentido, el Fondo señala que pocos países latinoamericanos lograrían acercar sustancialmente sus niveles de vida a los de las naciones desarrolladas durante los próximos años, a diferencia de lo que ocurre en distintas economías emergentes de Asia y Europa.

Estas conclusiones forman parte del informe sobre las perspectivas económicas del Hemisferio Occidental, presentado este jueves en Bangkok, Tailandia, por Nigel Chalk, director del departamento del FMI encargado de esa región.

Dentro de ese panorama, Argentina ocupa un lugar relevante en el análisis del organismo. Tanto la exposición de Chalk como el informe regional destacan que el país integra el grupo de economías que están implementando programas ambiciosos de consolidación fiscal y reformas estructurales.

No obstante, las perspectivas argentinas muestran diferencias entre el desempeño esperado para este año y el proyectado para el próximo. El FMI estima que el Producto Interno Bruto (PIB) crecerá un 2,1% en 2026, una cifra inferior a la prevista inicialmente. Para 2027, en cambio, proyecta una expansión del 3,5%, apoyada en la desaceleración de la inflación, la recuperación gradual de la demanda privada y la continuidad de las reformas económicas.

El organismo también destaca las medidas orientadas a reducir los subsidios energéticos y mejorar la sostenibilidad de las cuentas públicas. En ese aspecto, ubica a Argentina, junto con Ecuador y Bolivia, entre los países que avanzaron en decisiones consideradas difíciles, pero relevantes para fortalecer la posición fiscal a largo plazo.

Sin embargo, el escenario argentino continúa expuesto a riesgos externos. Si los precios internacionales de la energía permanecieran elevados durante más tiempo, podrían generar nuevas presiones inflacionarias y perjudicar la recuperación del poder adquisitivo.

A esto se suma la posibilidad de un endurecimiento adicional de las condiciones financieras internacionales. Una suba de las tasas de interés en Estados Unidos o un deterioro de los mercados globales podría encarecer el financiamiento para los países con altos niveles de deuda o importantes necesidades de refinanciación.

Un escenario internacional favorable, pero con desafíos por delante

Al evaluar el desempeño general del Hemisferio Occidental, Chalk sostuvo que la región logró desenvolverse de manera relativamente favorable en medio de un contexto global complejo y volátil.

“En términos generales, a la región del hemisferio occidental le ha ido bastante bien”, afirmó. Según explicó, las economías se están adaptando a los cambios del escenario internacional y consiguieron mantener un crecimiento sostenido.

Entre los factores que contribuyen a ese resultado, el funcionario mencionó la mejora de los términos de intercambio, las condiciones financieras favorables, la solidez de la demanda estadounidense, los importantes flujos de turismo y remesas, y la relativa distancia geográfica de la región respecto de los conflictos internacionales en curso.

No obstante, el director del FMI advirtió que el desafío para las autoridades económicas consiste en transformar esas condiciones favorables en mejoras duraderas. El organismo considera que el crecimiento actual no será suficiente por sí solo para resolver los problemas estructurales que limitan el desarrollo latinoamericano.

Las proyecciones de crecimiento para América y sus principales motores

Las estimaciones del FMI indican que el continente americano crecerá alrededor del 2,25% tanto en 2026 como en 2027. Para América del Sur, las proyecciones contemplan una expansión del 2,1% durante este año y del 2,4% el próximo.

Estados Unidos continúa siendo el principal motor de la actividad regional. El consumo de los hogares, respaldado por un mercado laboral sólido y por el aumento de la riqueza financiera asociado al desempeño de los mercados bursátiles, mantiene el impulso de la economía estadounidense.

A ese comportamiento se suma una aceleración de las inversiones vinculadas con la tecnología y la inteligencia artificial. De acuerdo con el análisis del organismo, estas inversiones están contribuyendo a impulsar la productividad y generan efectos positivos sobre los socios comerciales de Estados Unidos.

México aparece entre los principales beneficiarios de esa dinámica, especialmente por la creciente demanda estadounidense de productos electrónicos.

En América del Sur, por su parte, las economías exportadoras de energía, minerales y productos agrícolas se ven favorecidas por los precios internacionales elevados y por una mayor demanda global de materias primas. Estas condiciones representan una fuente de apoyo para los países con una importante participación de esos sectores en sus exportaciones.

El Caribe continúa beneficiándose del crecimiento del turismo internacional, mientras que América Central mantiene una actividad dinámica gracias al ingreso de remesas y a la fortaleza del consumo interno.

El informe también identifica condiciones financieras relativamente favorables para la región. A pesar del endurecimiento monetario registrado en los últimos años en las economías avanzadas, los inversores siguen mostrando interés por los activos latinoamericanos.

En ese contexto, las emisiones internacionales de deuda soberana y corporativa se mantienen cerca de máximos históricos, mientras que los diferenciales de riesgo permanecen contenidos. El FMI vincula este comportamiento, entre otros factores, con la menor exposición relativa de la región a los conflictos geopolíticos globales.

Deuda pública y baja productividad, los principales obstáculos estructurales

Pese a las condiciones externas favorables, el organismo advierte que América Latina continúa enfrentando dos problemas centrales: los elevados niveles de deuda pública y la persistente debilidad de la productividad.

Mientras Estados Unidos registra una aceleración productiva asociada a la adopción de nuevas tecnologías, gran parte de las economías latinoamericanas mantiene niveles reducidos de innovación, inversión, digitalización y generación de empleo formal.

Esta diferencia limita las posibilidades de crecimiento sostenido y contribuye a ampliar la brecha de ingresos por habitante respecto de las economías desarrolladas.

El desafío también está relacionado con los cambios demográficos. El envejecimiento de la población reducirá progresivamente el crecimiento de la fuerza laboral, lo que hará cada vez más importante aumentar la productividad para sostener la expansión económica.

En ese marco, el FMI advierte que, sin una mejora significativa de la productividad y de la inversión interna, América Latina corre el riesgo de profundizar su rezago en materia de ingresos y niveles de vida.

El diagnóstico pone el foco en la necesidad de superar un modelo de crecimiento excesivamente dependiente de las condiciones externas y avanzar hacia una estructura económica capaz de generar más valor agregado, empleo formal e innovación.

Incertidumbre comercial y riesgos climáticos

El panorama regional también está condicionado por la evolución del comercio internacional. El FMI identifica como un riesgo la posibilidad de que se agraven las tensiones comerciales o se desacelere el ciclo tecnológico global, dos escenarios que podrían afectar los flujos de inversión y la demanda internacional.

A esos factores se suman las amenazas climáticas. El organismo advierte que un fenómeno de El Niño de mayor intensidad podría perjudicar la producción agropecuaria y generar nuevas presiones sobre los precios de los alimentos en distintos países de América Latina.

Estos riesgos podrían reducir parte de los beneficios derivados de las condiciones externas actuales y complicar los esfuerzos de estabilización económica.

Transición energética, inteligencia artificial y minerales críticos: las oportunidades de la región

A pesar de los obstáculos, el FMI considera que América Latina cuenta con oportunidades relevantes para fortalecer su crecimiento en los próximos años. Entre ellas, identifica la transición energética, el desarrollo de la inteligencia artificial, la creciente demanda de minerales críticos y la reorganización de las cadenas globales de suministro.

La región comenzó a captar mayores flujos de inversión extranjera directa, especialmente en los sectores de minería, energía y manufactura. Su disponibilidad de recursos naturales y su relativa estabilidad geopolítica aparecen como factores que pueden favorecer ese proceso.

Sin embargo, para convertir esas oportunidades en crecimiento sostenido, el organismo plantea la necesidad de profundizar las reformas estructurales y mejorar las condiciones para la inversión y la actividad productiva.

Entre las prioridades señaladas figuran mejorar el clima de negocios, fortalecer la seguridad jurídica, reducir las trabas regulatorias, invertir en infraestructura física y digital, elevar la calidad educativa, fomentar la innovación y promover una mayor integración comercial.

El diagnóstico del FMI plantea así una diferencia entre las perspectivas de corto y mediano plazo: América Latina puede seguir beneficiándose de la demanda externa y de condiciones internacionales relativamente favorables, pero su capacidad para mejorar los ingresos y acercarse a las economías desarrolladas dependerá, en buena medida, de resolver sus limitaciones estructurales.

Para Argentina, el desafío consiste en sostener la recuperación proyectada y avanzar con la consolidación fiscal y las reformas económicas, en un escenario en el que los riesgos financieros, energéticos e inflacionarios continúan condicionando las perspectivas.