El Gobierno busca atraer inversión privada para construir un reactor modular de última generación en el complejo de Atucha. La iniciativa es presentada como una apuesta para fortalecer la matriz energética, pero especialistas advierten sobre las dificultades de financiamiento, los tiempos de ejecución y el impacto que podría tener sobre el desarrollo nuclear argentino.
El Gobierno nacional dio un nuevo paso en su estrategia para captar inversiones en el sector energético. El ministro de Economía, Luis Caputo, anunció un proyecto para construir un reactor nuclear modular de pequeña escala (SMR, por sus siglas en inglés) en el complejo de Atucha, una obra cuya inversión estimada ronda los US$1.200 millones y que, según la propuesta oficial, sería financiada completamente por capitales privados provenientes de Estados Unidos.
La iniciativa representa uno de los anuncios más relevantes realizados por el Ejecutivo en materia de energía durante el último año. Sin embargo, también abrió un intenso debate entre especialistas del sector nuclear, quienes plantean interrogantes sobre la viabilidad económica del proyecto, el origen de los fondos, los plazos de ejecución y el futuro de los desarrollos tecnológicos que la Argentina viene impulsando desde hace décadas.
¿En qué consiste el proyecto anunciado por el Gobierno?
El plan contempla la construcción de un reactor ACR-300, una central nuclear de aproximadamente 300 megavatios eléctricos (MWe) que pertenece a la categoría de los reactores modulares pequeños (SMR).
A diferencia de las centrales nucleares tradicionales, que suelen generar entre 800 y 1.200 megavatios, estos reactores poseen menor potencia y fueron concebidos para ofrecer mayor flexibilidad en su instalación y operación.
Según el Gobierno, este tipo de tecnología permitirá ampliar la generación de energía con bajas emisiones contaminantes, acompañando una tendencia que distintos países comenzaron a desarrollar para responder al crecimiento de la demanda eléctrica y avanzar en procesos de transición energética.
La obra estaría emplazada en el complejo de Atucha, uno de los principales polos nucleares del país.
¿Qué son los reactores modulares pequeños y por qué generan interés?
Los reactores modulares pequeños representan una nueva generación de tecnología nuclear.
Su principal característica es que poseen una potencia significativamente menor que las centrales convencionales y pueden fabricarse de manera modular, lo que, en teoría, permitiría reducir costos de construcción y acortar los tiempos de instalación.
Entre las ventajas que habitualmente se les atribuyen figuran:
- Sistemas de seguridad pasiva más avanzados.
- Menores costos de construcción respecto de grandes centrales.
- Posibilidad de abastecer regiones alejadas de los principales centros urbanos.
- Mayor flexibilidad para ampliar la capacidad de generación eléctrica de forma gradual.

Sin embargo, especialistas recuerdan que esta tecnología todavía atraviesa una etapa de desarrollo a nivel internacional y que son pocos los proyectos que lograron pasar de la fase experimental a una operación comercial.
La discusión sobre la tecnología: INVAP, Meitner Energy y las patentes
Durante la presentación oficial, Luis Caputo sostuvo que el reactor utilizará patentes desarrolladas en la Argentina.
No obstante, especialistas explicaron que el diseño tecnológico proviene de desarrollos realizados originalmente por INVAP, aunque actualmente es promovido por Meitner Energy, una empresa de capitales estadounidenses.
Este punto abrió una discusión sobre quién controlará la explotación comercial futura de esa tecnología y cuál será el grado de participación de la industria argentina en el proyecto.
También aclararon que el ACR-300 no corresponde al reactor CAREM, aunque ambos pertenecen al mismo segmento tecnológico de reactores modulares pequeños.
¿Por qué el anuncio reavivó el debate sobre el CAREM?
Uno de los aspectos que más repercusiones generó fue la comparación con el CAREM, el reactor modular desarrollado íntegramente por la Argentina a través del Estado.
Especialistas señalaron que ambos proyectos pertenecen a la misma familia tecnológica, aunque tienen desarrollos independientes.
Según el especialista Diego Hurtado, el CAREM presentaba un avance cercano al 64% y hasta 2023 había recibido inversiones públicas por aproximadamente US$690 millones.
La decisión del Gobierno de priorizar un nuevo proyecto con financiamiento privado volvió a instalar el debate sobre la continuidad del programa nuclear nacional y el destino de una iniciativa considerada estratégica por distintos sectores científicos y tecnológicos.
El financiamiento aparece como el principal interrogante
Más allá del anuncio oficial, el punto que concentra la mayor cantidad de dudas es la obtención de los US$1.200 millones necesarios para concretar la obra.
Diego Hurtado advirtió que esos recursos todavía no estarían asegurados y señaló que, según la información disponible, Meitner Energy habría invertido hasta el momento alrededor de US$50 millones, por lo que el resto del financiamiento dependería de futuras rondas de inversión.
El especialista recordó además que actualmente existen más de cien proyectos de reactores modulares pequeños en distintas partes del mundo, aunque muy pocos lograron completar todas las etapas necesarias para transformarse en centrales operativas.
Desde esa perspectiva, considera que el principal desafío no es únicamente tecnológico sino financiero.
Los tiempos también generan dudas
Otra de las observaciones planteadas por especialistas está vinculada con el plazo necesario para concretar el proyecto.
La expresidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Adriana Serquis, estimó que una iniciativa de estas características podría requerir entre 10 y 12 años para completar todas las etapas técnicas, regulatorias y financieras antes de entrar en funcionamiento.
En ese sentido, sostuvo que aún restan numerosos procesos administrativos, licencias regulatorias y etapas de construcción que deberán superarse antes de que el reactor pueda comenzar a producir energía.
Tanto Serquis como Hurtado coincidieron en señalar que existe el riesgo de que el proyecto permanezca durante años en una etapa de búsqueda de financiamiento sin llegar a materializarse, aunque aclararon que esa apreciación corresponde a sus análisis técnicos y no surge de información oficial.
El contexto internacional favorece el desarrollo de esta tecnología
El anuncio argentino se produce en un escenario internacional donde distintos países buscan expandir la utilización de reactores modulares pequeños.
China y Rusia aparecen actualmente entre los principales impulsores de esta tecnología, mientras que Estados Unidos también reactivó programas orientados a desarrollar nuevos reactores nucleares.
En ese marco, Argentina se incorporó en septiembre de 2025 al programa internacional FIRST, una iniciativa destinada a promover el desarrollo responsable de reactores modulares.
Sin embargo, especialistas remarcan que esa incorporación coincidió con la paralización del CAREM, situación que alimentó el debate sobre el rumbo que tomará la política nuclear nacional.
La situación de la Comisión Nacional de Energía Atómica
El anuncio también volvió a poner el foco sobre la situación presupuestaria de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).
Según un informe elaborado por el Grupo EPC, el organismo registra una reducción presupuestaria acumulada del 45,4% durante los últimos tres años y actualmente dispone de un presupuesto 53,8% inferior al registrado en 2022.
El mismo trabajo señala que desde 2023 la CNEA perdió 494 puestos de trabajo, mientras que el conjunto del sector nuclear argentino —incluyendo Nucleoeléctrica Argentina y Dioxitek— redujo su plantilla en aproximadamente 808 trabajadores.
Adriana Serquis sostuvo que esta situación provocó la salida de profesionales altamente especializados hacia empresas privadas, lo que, según su evaluación, implica una pérdida de capacidades estratégicas para el sistema científico y tecnológico nacional.
Un proyecto que abre una discusión más amplia
La construcción del ACR-300 representa una de las principales apuestas del Gobierno para atraer inversiones privadas al sector energético y ampliar la generación de electricidad mediante tecnología nuclear de nueva generación.
Al mismo tiempo, el anuncio abrió un debate sobre el futuro de la industria nuclear argentina, el rol que tendrá el Estado en el desarrollo tecnológico, la continuidad de proyectos nacionales como el CAREM y la posibilidad concreta de conseguir el financiamiento privado necesario para transformar la iniciativa en una obra de gran escala.
Mientras el Ejecutivo destaca el proyecto como una oportunidad para modernizar el sistema energético y captar capitales internacionales, especialistas sostienen que todavía existen interrogantes técnicos, financieros e industriales que deberán resolverse antes de que la propuesta pueda convertirse en una realidad.

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