27 septiembre, 2026

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Bebés expuestos a drogas: los casos aumentaron hasta 185% y crece la preocupación en las maternidades

Los registros de distintos hospitales y provincias muestran un incremento de recién nacidos expuestos a sustancias psicoactivas durante el embarazo. Cocaína y marihuana aparecen entre las drogas más detectadas, aunque los especialistas advierten que existe un importante subregistro, especialmente en los casos vinculados al consumo de alcohol.

Los casos de bebés expuestos a sustancias psicoactivas durante el embarazo muestran un crecimiento preocupante en distintas maternidades de la Argentina. Los registros disponibles no permiten establecer una cifra nacional porque no existe un sistema unificado de notificación obligatoria, pero los datos relevados en hospitales públicos y estudios realizados en diferentes provincias muestran una tendencia de aumento.

Entre las sustancias que aparecen con mayor frecuencia en los análisis se encuentran la cocaína y la marihuana. Sin embargo, los especialistas advierten que existe una dificultad adicional: los métodos convencionales de detección pueden dejar afuera una parte importante de los casos vinculados al consumo de alcohol durante el embarazo.

Un fuerte aumento en el Hospital Fernández

Uno de los ejemplos más marcados aparece en el Hospital Fernández de la Ciudad de Buenos Aires. Allí, los partos con diagnóstico positivo para algún tipo de sustancia aumentaron un 185% en tres años.

Según explicó Carlos Damin, director de la institución, en 2023 se identificaron 13 partos con resultado positivo para alguna sustancia. En 2024 fueron 25 y en 2025 llegaron a 37 casos.

El incremento también se observa cuando se analiza la proporción de nacimientos en los que se encontraron sustancias.

En 2023, los dosajes positivos representaban el 0,84% de los partos. Un año después, el porcentaje subió al 2,36%, mientras que en 2025 alcanzó el 3,8%.

Para Damin, esta evolución puede explicarse por dos factores que incluso podrían estar ocurriendo simultáneamente: por un lado, un aumento del consumo de sustancias en la población general, incluyendo a las personas embarazadas; por otro, una mayor capacidad o disposición del sistema sanitario para detectar estos casos.

“Los médicos están más dispuestos a buscarlos”, señaló.

También aumentaron los casos en Lomas de Zamora

La misma tendencia aparece en el Hospital Gandulfo de Lomas de Zamora, donde también aumentó la proporción de partos con dosajes positivos.

Los registros pasaron del 1,9% en 2023 al 4,6% en 2024. Es decir, en ese último período, casi uno de cada veinte nacimientos analizados presentó algún tipo de sustancia psicoactiva.

Ricardo Nieto, jefe de Neonatología del Hospital Materno Infantil Ramón Sardá, también señaló que se observa un incremento del consumo entre personas gestantes.

La maternidad porteña atiende entre 3.200 y 3.400 partos por año y tiene previsto presentar el próximo 23 de septiembre una guía con recomendaciones para el personal de salud.

“No tenemos datos nacionales confiables pero cada vez hay más interés en el tema”, explicó Nieto.

El problema de no tener un registro nacional

Una de las principales dificultades para dimensionar el fenómeno es que en la Argentina los casos de bebés o embarazadas expuestas a sustancias psicoactivas no son considerados eventos de notificación obligatoria.

Por ese motivo, el Ministerio de Salud de la Nación no cuenta con un registro centralizado de estos casos.

Damin planteó que sería conveniente establecer la notificación obligatoria y que el procedimiento sea sencillo, incluso mediante una herramienta digital que permita realizar el trámite de manera rápida.

Nieto explicó que la información debe incorporarse al Sistema Informático Perinatal (SIP), aunque reconoció que existe un subregistro. No todos los establecimientos realizan una búsqueda activa de casos y tampoco en todas las consultas obstétricas se profundiza de la misma manera sobre el consumo de sustancias.

La dificultad es todavía mayor cuando se trata del alcohol.

Los testeos convencionales de orina utilizados para detectar determinadas sustancias no permiten identificar el consumo de alcohol de la misma manera. Esto hace que una parte del fenómeno pueda quedar fuera de las estadísticas disponibles.

Según Nieto, el alcohol es la causa más frecuente de retraso mental asociada al consumo durante el embarazo y todavía existe una conciencia insuficiente sobre los riesgos que puede generar en los niños.

Qué muestran los registros de las provincias

Aunque no existe una base nacional unificada, diferentes registros provinciales, hospitales públicos e investigaciones académicas permiten observar que el fenómeno no se limita a la Ciudad de Buenos Aires.

En Mendoza, datos del Ministerio de Salud provincial indican que el 20% de los bebés internados en neonatología en las maternidades públicas presenta un dosaje positivo de alguna sustancia psicoactiva.

En Córdoba, durante 2023 fueron detectados 109 niños con Síndrome de Abstinencia Neonatal (SAN), según información proporcionada por el Ministerio de Salud provincial. La cifra equivale a aproximadamente dos casos por semana.

En 2024 se registraron 74 bebés con abstinencia, mientras que hasta junio de 2025 se habían contabilizado 62 casos.

La Maternidad Provincial de Córdoba también registró un aumento considerable de embarazadas expuestas a drogas. Entre 2022 y 2024, la cantidad creció 142%, al pasar de 53 mujeres en 2022 a 130 hasta octubre de 2024, según la respuesta a un pedido de informes presentado por el exlegislador Rodrigo Agrelo.

La pediatra Diana Gómez, magíster en adolescencia y en drogadicciones, advirtió que el problema está siendo cada vez más visible, pero que todavía existe una tendencia a minimizar los efectos de algunas sustancias.

En particular, señaló que ideas como que la marihuana o determinadas cantidades de alcohol no generan consecuencias pueden llevar a subestimar los riesgos. Según la especialista, para el feto ninguna sustancia es inocua.

El embarazo y los controles insuficientes

María Noelia Nieves, secretaria del Comité de Estudios Feto-neonatales de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), señaló otro aspecto que dificulta la detección temprana: muchas mujeres llegan al parto con controles insuficientes.

Cuando un embarazo no fue planificado, explicó, una persona puede descubrirlo recién después de dos o tres meses. Durante ese período puede haber continuado con sus hábitos habituales de consumo de alcohol, tabaco u otras drogas.

Nieves remarcó que esos primeros meses son particularmente importantes porque durante ese período se produce una parte fundamental del desarrollo de los órganos, incluido el cerebro.

La SAP emitió este año un comunicado destinado a visibilizar la problemática. La especialista destacó además la necesidad de que los profesionales de la salud puedan preguntar y obtener información sin juzgar a la mujer, para favorecer la detección y el acompañamiento.

Rosario y Santa Fe también registraron aumentos

Otros registros aportan evidencia sobre la evolución del problema.

Una investigación previa realizada en la Maternidad Martin de Rosario detectó cerca de siete casos por mes. En cinco años, las muestras positivas entre embarazadas aumentaron un 189% en ese centro público, que concentra la mayor cantidad de partos de la ciudad.

En el Hospital José María Cullen de Santa Fe, en tanto, se registró un incremento del 128% en los casos positivos en apenas un año.

En 2022 se atendieron allí 2.308 partos, de los cuales 21 correspondieron a madres expuestas a drogas. En 2023, con una cantidad similar de alumbramientos —2.348—, los casos positivos aumentaron a 48.

Los datos muestran así que el fenómeno aparece en diferentes sistemas sanitarios y regiones, aunque las metodologías de detección no son necesariamente iguales entre los establecimientos.

Qué sustancias aparecen con mayor frecuencia

La cocaína es la sustancia que presenta mayor prevalencia en buena parte de los estudios disponibles y puede ser identificada mediante los análisis convencionales de orina.

Una investigación realizada en la Ciudad de Buenos Aires por la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA encontró cocaína en el 60% de los dosajes positivos realizados en pacientes pediátricos.

En Córdoba, la cocaína apareció en el 78% de los bebés detectados con Síndrome de Abstinencia Neonatal entre 2023 y 2025.

Después se ubicaron la marihuana, con 12,7%; el policonsumo, con 8,6%; y las benzodiacepinas o el tabaco, con 0,4%.

En La Pampa, un estudio realizado en el Hospital Molas también encontró una mayor prevalencia de cocaína.

Sin embargo, los resultados pueden cambiar cuando se utilizan métodos de diagnóstico más sensibles o cuando las entrevistas a las personas gestantes son más profundas.

En una investigación realizada en el Hospital Fernández, el alcohol apareció como la sustancia más prevalente y fue detectado en el 46% de los nacimientos estudiados.

Esto permite comprender por qué los especialistas advierten sobre el subregistro: la sustancia que aparece con mayor frecuencia depende, entre otros factores, de qué se busca, cómo se busca y qué información se obtiene durante los controles.

Bajo peso, prematurez y otras posibles consecuencias

La exposición a sustancias psicoactivas puede producir diferentes efectos tanto en la persona embarazada como en el bebé. Las consecuencias dependen de la sustancia involucrada, la cantidad consumida y el momento del embarazo en que se produjo la exposición.

Según Nieto, la consecuencia más frecuente es el bajo peso al nacer. Dependiendo de la sustancia también pueden producirse malformaciones o partos prematuros.

Los especialistas mencionan además posibles abortos, muertes fetales y alteraciones neurocognitivas o del desarrollo que, en algunos casos, pueden ser evaluadas durante la etapa escolar.

La exposición a cocaína durante el embarazo puede asociarse con hipertensión, desprendimiento de placenta, retraso del crecimiento y alteraciones renales o infartos cardíacos en el recién nacido.

El cannabis, por su parte, es considerado fetotóxico y puede asociarse con baja talla, bajo peso al nacer y alteraciones neurocognitivas.

Diana Gómez agregó que las posibles consecuencias no se limitan al consumo de la madre. Según explicó, el consumo de marihuana por parte del padre antes o durante la concepción también puede tener implicancias sobre el feto.

El seguimiento continúa después del nacimiento

La detección de una exposición no significa necesariamente que el bebé vaya a presentar un síndrome de abstinencia.

Nieto aclaró que no todos los recién nacidos expuestos desarrollan ese cuadro, con la excepción de determinadas exposiciones, como las vinculadas al alcohol o a algunos opioides, entre ellos fentanilo y morfina, que son poco frecuentes en el país.

En la Maternidad Sardá, estos niños permanecen aproximadamente seis meses en observación. Cuando nacen prematuramente, el seguimiento puede prolongarse.

Después del parto, las familias reciben acompañamiento individual mediante un abordaje interdisciplinario y de reducción de daños. Entre otros aspectos, los equipos evalúan si corresponde interrumpir o continuar con la lactancia.

Una vez que reciben el alta, los niños son derivados al Centro de Salud y Acción Comunitaria (Cesac) o al hospital más cercano a su domicilio.

Nieves destacó además la importancia del diagnóstico diferencial. No todos los recién nacidos necesitan ser derivados a neonatología o a una terapia intensiva.

La evolución puede ser muy diferente: algunos bebés pueden mostrarse tranquilos y presentar efectos que recién se manifiesten a largo plazo, mientras que otros pueden nacer irritables, con llanto, convulsiones o malformaciones cardíacas.

“El espectro es amplio porque cada droga tiene distintos mecanismos de acción”, explicó.

La importancia de acompañar sin estigmatizar

Los especialistas coinciden en que el abordaje debe ser interdisciplinario y contemplar también al entorno familiar.

Esto adquiere particular importancia cuando la persona que consumió sustancias desea amamantar. En esos casos, se realizan entrevistas después del alta y controles que pueden incluir test de orina para determinar si corresponde interrumpir o continuar con la lactancia.

Nieves señaló que muchas mujeres dejan de consumir cuando conocen las consecuencias que las drogas pueden generar en sus bebés. Por eso, insistió en la necesidad de acercarse desde la empatía y sin juzgar.

En algunas provincias, las maternidades trabajan junto con los servicios de trabajo social, los centros de atención primaria y las secretarías de niñez, adolescencia y familia.

En Córdoba, por ejemplo, los hospitales cuentan con un protocolo de alta segura, que incluye consejerías interdisciplinarias una vez que las familias dejan la maternidad.

Un problema que también aparece en las escuelas

El seguimiento no termina en el hospital. Una parte de las consecuencias de la exposición puede manifestarse posteriormente, incluso durante la etapa escolar.

Por eso, los especialistas plantean la necesidad de sostener el acompañamiento a largo plazo y de generar mecanismos que permitan detectar dificultades en el desarrollo de los niños.

En este punto, Gabriela Richard, psicóloga y directora de la fundación ProSalud, propuso mirar el problema de manera integral y no limitarse al momento del nacimiento.

Su planteo incluye campañas de información en las escuelas y dentro de los programas de Educación Sexual Integral (ESI). Estas consideraciones fueron tomadas en cuenta para la elaboración de un proyecto de ordenanza de la concejala Verónica Garade en la ciudad de Córdoba.

La falta de protocolos comunes

Uno de los principales reclamos de los especialistas es la ausencia de un protocolo común para todas las maternidades.

Damin consideró que hacen falta más datos y criterios compartidos para que los establecimientos puedan actuar de manera coordinada. Según su descripción, actualmente cada centro termina resolviendo el abordaje según sus propias posibilidades y criterios.

Diana Gómez también planteó que la prevención debería comenzar durante la adolescencia y que los controles deberían incluir al padre o a quien ejerza la figura paterna.

La especialista explicó que el consumo del varón antes o durante la concepción también puede tener implicancias y, por eso, considera necesario incorporar a las parejas en los controles.

Además, señaló que la dependencia a las sustancias debe ser entendida como una enfermedad cuando la persona pierde la capacidad de controlar el consumo. En las maternidades, sostuvo, se observan cada vez más mujeres que llegan a embarazos avanzados con niveles de adicción muy fuertes y difíciles de revertir.

La falta de consenso también representa un obstáculo para construir una estrategia unificada. Según Roldán, algunos profesionales temen que una detección pueda derivar en acciones legales o en la pérdida del hijo, mientras que otros, intentando evitar la estigmatización, pueden terminar sin intervenir lo suficiente.

Su propuesta apunta a combinar información, detección y seguimiento prolongado.

Nieto coincidió en que se trata de un problema complejo que requiere respuestas igualmente complejas. A su entender, los primeros pasos ya comenzaron a darse a partir del creciente interés de los profesionales y de las asociaciones que buscan organizar una respuesta.

La discusión, en definitiva, no se limita a detectar qué sustancias aparecen en los análisis. También involucra la necesidad de contar con información confiable, mejorar los controles durante el embarazo, acompañar a las familias después del nacimiento y sostener el seguimiento de los niños durante su crecimiento.

Richard resumió esa necesidad al plantear que es necesario “ver la película completa y no la foto”. Para los especialistas, la prevención requiere información previa, detección temprana, acompañamiento y un sistema de salud capaz de abordar la problemática sin estigmatizar a las personas y sin minimizar sus posibles consecuencias.