28 junio, 2026

ADN Bonaerense

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Guerra de drones: Ucrania despliega una estrategia de «bloqueo logístico» contra las líneas rusas

El conflicto en Ucrania ha entrado en una fase crítica marcada por una innovación tecnológica determinante: el despliegue masivo de una nueva generación de drones de alcance medio fabricados localmente. Esta capacidad aérea ha permitido a las fuerzas ucranianas ejecutar una campaña sistemática para estrangular la logística de las tropas rusas en el frente sur, poniendo en riesgo la viabilidad de la ofensiva de verano proyectada por Moscú.

Estrangulamiento logístico a larga distancia

El despliegue, que ha registrado un incremento de 28 veces en el número de misiones durante el último año, se basa en aeronaves no tripuladas como el FP-2 y el Behemoth, capaces de transportar ojivas de hasta 70 kilogramos a distancias de entre 50 y 300 kilómetros. Según analistas de inteligencia de fuente abierta (OSINT), el objetivo ha sido claro: convertir las rutas de suministro rusas en «zonas de muerte».

La efectividad de esta estrategia se refleja en cifras preocupantes para el Kremlin:

  • Ataques sistemáticos: Se han geolocalizado más de 150 ataques contra camiones cisterna de combustible y vehículos de suministro desde mayo, sumado a una veintena de trenes de carga afectados desde enero de 2026.
  • Parálisis vial: La infraestructura crítica, como el puente de Chonhar y las principales autopistas que vinculan Crimea con el continente, ha sufrido daños recurrentes que han reducido el tráfico de carga en un 71% en sectores clave, obligando a los rusos a utilizar rutas alternativas también bajo fuego.
  • Desabastecimiento: La presión aérea ha generado escasez de combustible en la península de Crimea y ha forzado la suspensión de tráfico militar en autopistas críticas desde las regiones rusas de Bélgorod y Rostov del Don.

La incapacidad de respuesta aérea

A pesar de su superioridad teórica, las defensas aéreas rusas han mostrado vulnerabilidades críticas frente a esta táctica de saturación. La ineficacia de la respuesta ha provocado un creciente descontento entre los sectores más nacionalistas y blogueros militares rusos, quienes denuncian la pasividad del Ministerio de Defensa ante la destrucción de activos estratégicos, incluyendo la infraestructura portuaria en Mariúpol.

Para las autoridades ucranianas, este «bloqueo logístico» es una herramienta de degradación sistemática. Al atacar refinerías, depósitos y rutas de transporte mucho más allá de la línea de contacto, Kyiv busca privar al mando ruso de la capacidad de ejecutar asaltos activos, forzando a sus tropas a operar en condiciones de «ración de inanición».

Una ventana de oportunidad limitada

Si bien el Instituto para el Estudio de la Guerra advierte que esta ventaja operativa de Ucrania podría ser temporal —a medida que Rusia intente adaptar sus defensas—, el impacto actual es innegable. La capacidad de Ucrania para supervisar el movimiento en los territorios ocupados desde Crimea ha redefinido el espacio de batalla, obligando al ejército ruso a lidiar con una realidad táctica donde ningún punto, por alejado que esté del frente, es enteramente seguro.