1 noviembre, 2026

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J.P. Morgan recortó su pronóstico para Argentina: qué señales explican la menor expectativa de crecimiento

El desplome de la actividad económica en julio llevó al banco de inversión a revisar sus estimaciones para 2026 y a proyectar una posible contracción durante el tercer trimestre. Para 2027 también redujo sus expectativas sobre el consumo, mientras prevé que las exportaciones tendrán un papel central en el crecimiento.

La fuerte caída registrada por la actividad económica en julio modificó el diagnóstico de J.P. Morgan sobre la evolución de la economía argentina. El banco de inversión redujo de 2,7% a 1,5% su estimación de crecimiento para 2026 y proyectó, además, una contracción anualizada del 4% durante el tercer trimestre.

El escenario plantea la posibilidad de que la economía acumule dos períodos trimestrales consecutivos de retroceso. El segundo trimestre ya había mostrado una caída de 0,6% respecto del trimestre anterior y, para confirmar una nueva contracción entre julio y septiembre, todavía será necesario conocer los datos oficiales correspondientes a agosto y septiembre.

El dato que provocó la revisión fue el resultado de julio del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE). El indicador elaborado por el INDEC registró una caída mensual desestacionalizada de 2,9% y una baja interanual de 1,4%.

La magnitud del retroceso sorprendió incluso frente a las previsiones de J.P. Morgan. El banco esperaba una disminución mensual cercana al 1%, pero el resultado terminó siendo considerablemente peor. Además, la actividad quedó en su nivel más bajo desde marzo de 2025 y julio pasó a representar el peor desempeño mensual desde abril de 2020.

El interrogante que deja el derrumbe de julio

Para J.P. Morgan, el resultado de julio no puede analizarse solamente como un episodio aislado. El banco reconoce que durante ese mes se combinaron distintos factores extraordinarios que pudieron profundizar la caída, entre ellos la existencia de un día hábil menos, interrupciones en el suministro de gas y condiciones climáticas adversas.

También advierte que los registros mensuales de actividad vienen mostrando una importante volatilidad. Sin embargo, el comportamiento posterior no permite descartar que detrás del desplome exista una pérdida de impulso más profunda.

Los primeros datos disponibles de agosto apuntan a una recuperación limitada. La consultora Analytica estimó un crecimiento mensual de apenas 0,7%, una mejora que no alcanzaría para compensar completamente el retroceso de julio.

De mantenerse una evolución similar durante septiembre, el tercer trimestre terminaría por debajo del segundo. Por eso, la principal incógnita pasa por determinar si la caída de julio respondió fundamentalmente a factores transitorios o si expuso una economía que ya venía debilitándose.

El antecedente inmediato es el retroceso de 0,6% registrado por el PBI durante el segundo trimestre. Sobre esa base, la nueva estimación del banco estadounidense contempla la posibilidad de que la contracción continúe.

Industria, comercio y construcción, entre los sectores más afectados

La composición del dato de actividad también aporta elementos para entender el cambio de perspectiva.

En julio, el comercio registró una caída interanual de 5,1%, mientras que la industria manufacturera retrocedió 4,6%. De acuerdo con los datos analizados, ambos sectores explicaron conjuntamente 1,3 puntos porcentuales de la baja interanual del EMAE.

A nivel mensual también se observaron retrocesos importantes en la industria y la construcción. El comercio aparece entre las actividades más golpeadas, aunque J.P. Morgan advierte que la magnitud de su caída podría estar parcialmente condicionada por determinadas distorsiones estadísticas.

El comportamiento de estos sectores resulta relevante porque tienen una incidencia directa sobre la actividad interna. La evolución de una economía no depende únicamente de aquellas ramas capaces de generar divisas mediante exportaciones, sino también de actividades que movilizan el mercado doméstico, el empleo, la producción y el consumo.

El consumo aparece como una de las principales dudas hacia 2027

La revisión de J.P. Morgan no se limita al cierre de 2026. Una de las señales que más atención concentra en su análisis está vinculada con las perspectivas para el consumo privado durante 2027.

El banco redujo de manera marcada su estimación para esa variable y ahora proyecta un crecimiento de apenas 0,4%. La cifra contrasta con el 3,4% previsto por el Gobierno en el proyecto de Presupuesto para el próximo año.

También existe una diferencia en las estimaciones generales de crecimiento. Mientras el Gobierno contempla una expansión del PBI de 4% para 2027, J.P. Morgan calcula un crecimiento de 2,5%.

El banco espera que las exportaciones sean uno de los principales motores de la actividad durante ese período, con una expansión proyectada del 11%. Sin embargo, considera que ese impulso no necesariamente se traducirá en un aumento equivalente del consumo privado.

La diferencia entre ambas proyecciones expone dos escenarios sobre la velocidad y las características de la recuperación. Una economía puede incrementar su producción y sus exportaciones sin que ese proceso tenga un traslado inmediato y proporcional hacia el mercado interno.

Energía y minería pueden crecer sin impulsar al mismo ritmo el mercado interno

Uno de los elementos centrales del diagnóstico de J.P. Morgan es la composición sectorial del crecimiento esperado.

El banco señala que actividades como la minería y la producción de energía orientada a la exportación pueden registrar una expansión significativa, pero su impacto sobre el comercio interno es más limitado.

El aumento de la producción de petróleo, gas y minerales destinada a los mercados externos puede generar divisas, inversiones y actividad en determinados sectores. Sin embargo, ese crecimiento no necesariamente provoca un incremento similar del consumo masivo dentro del país.

Por esa razón, el escenario proyectado podría presentar una recuperación heterogénea. Mientras los sectores vinculados con las exportaciones avanzan, las actividades que dependen principalmente de la demanda doméstica pueden continuar condicionadas por los ingresos de los hogares, el acceso al crédito y el nivel de consumo.

La diferencia entre ambos motores de crecimiento es uno de los puntos que explican la revisión de las perspectivas del banco. J.P. Morgan considera que el aumento de las exportaciones puede sostener parte de la expansión económica, aunque con un efecto más acotado sobre el mercado interno.

Ingresos, crédito y empleo, bajo la lupa

La situación de los hogares constituye otro de los factores observados por la entidad financiera.

Según el análisis, la inflación registrada durante los primeros meses del año tuvo un impacto sobre los ingresos, mientras que el aumento de la morosidad contribuyó a restringir el acceso al crédito.

A esto se suma el comportamiento del mercado laboral. El empleo urbano permaneció prácticamente estable en julio, después de cinco meses consecutivos de caídas, y se ubicó 1,1% por debajo del nivel registrado un año antes. Para J.P. Morgan, este estancamiento representa un límite para una recuperación rápida del consumo de los hogares.

El cuadro combina entonces varios factores que condicionan la demanda interna: ingresos que todavía deben recomponerse, mayores dificultades vinculadas con el crédito y un mercado laboral que no muestra una expansión significativa.

El banco también incorporó a su análisis el dato de pobreza correspondiente al primer semestre de 2026, que alcanzó al 32,3% de la población urbana. Según su interpretación, el incremento estuvo relacionado con el desfasaje entre la inflación de los primeros meses del año y una recomposición más lenta de los ingresos.

El tercer trimestre será determinante

La proyección de J.P. Morgan todavía no constituye una confirmación de que la Argentina haya ingresado técnicamente en una recesión. Para establecer si se produjeron dos trimestres consecutivos de contracción será necesario contar con la información oficial correspondiente a agosto y septiembre.

La estimación actual del banco contempla una caída anualizada de 4% para el tercer trimestre, que equivale aproximadamente a una disminución de 1% frente al período anterior.

El resultado de julio dejó un punto de partida particularmente bajo. Por eso, los niveles de actividad que se registren durante agosto y septiembre serán determinantes para establecer si la economía consigue recuperar parte del terreno perdido o si el trimestre termina efectivamente por debajo del segundo.

Un repunte significativo durante esos dos meses podría moderar el impacto del derrumbe de julio. En cambio, una recuperación débil reforzaría el escenario planteado por J.P. Morgan sobre una nueva contracción de la actividad.

Dos visiones sobre el crecimiento de 2027

La revisión del banco estadounidense también pone en evidencia una diferencia entre las proyecciones oficiales y las de una de las principales entidades financieras internacionales.

Para 2027, el Gobierno proyecta un crecimiento del PBI de 4% y una expansión del consumo privado de 3,4%. J.P. Morgan, en cambio, estima un crecimiento económico de 2,5% y un aumento del consumo de apenas 0,4%.

Al mismo tiempo, el banco espera un incremento de 11% en las exportaciones, lo que ubicaría al sector externo como uno de los principales impulsores de la actividad.

El Presupuesto 2027 presentado por el Gobierno contempla, por su parte, una expansión del PBI del 4%, dentro de un escenario que también incluye sus proyecciones sobre inflación, tipo de cambio y comercio exterior.

La diferencia entre ambas estimaciones no se limita, por lo tanto, a determinar cuánto crecerá la economía. También plantea una discusión sobre qué sectores serán los encargados de generar ese crecimiento y en qué medida llegará al conjunto del mercado interno.

La pregunta de fondo: qué tipo de recuperación puede darse

El cambio de diagnóstico de J.P. Morgan deja abierta una cuestión que va más allá del resultado de un solo trimestre.

La economía argentina puede encontrar una fuente de expansión en sectores vinculados con la energía, la minería y otras actividades exportadoras. Pero el desafío consiste en determinar cuánto tiempo puede llevar que ese crecimiento se traduzca en una mejora más amplia de la actividad interna, el empleo y el consumo.

El banco considera que la política fiscal y monetaria continuará siendo restrictiva incluso mientras la economía se aproxima al año electoral. En ese escenario, una de las principales cuestiones será compatibilizar la continuidad de la estabilización con una recuperación suficiente de las variables vinculadas con la demanda interna.

La diferencia entre las proyecciones oficiales y las de J.P. Morgan resume ese dilema: mientras el Gobierno plantea un crecimiento del PBI de 4% y del consumo de 3,4% para 2027, el banco calcula 2,5% y 0,4%, respectivamente.

El interrogante que queda planteado es si el impulso proveniente de las exportaciones, la energía y la minería podrá sostener una expansión económica mientras el consumo y los sectores orientados al mercado interno avanzan a un ritmo considerablemente menor.