El Gobierno presentará ante Diputados su proyecto de gastos e ingresos para el próximo año y los mercados seguirán de cerca las proyecciones macroeconómicas. La inflación, el crecimiento y el tipo de cambio serán determinantes para evaluar si las cuentas públicas pueden sostener el superávit en un año electoral.
El Gobierno presentará este martes ante la Cámara de Diputados el proyecto de Presupuesto 2027, una iniciativa que tendrá como uno de sus principales puntos de atención las proyecciones económicas utilizadas para calcular los ingresos y gastos del Estado.
El motivo es que esos números no funcionan solamente como una estimación oficial. También sirven como referencia para que los mercados elaboren sus propias previsiones sobre lo que puede ocurrir durante el próximo año.
En ese escenario, hay tres variables que concentrarán especialmente la atención: la inflación, el crecimiento de la economía y el tipo de cambio.
La importancia de estas proyecciones no es menor. De ellas depende, en buena medida, la estimación de cuánto recaudará el Estado, cuánto deberá gastar y si podrá sostener el resultado fiscal previsto por el Gobierno.
Además, el Presupuesto 2027 tendrá como contexto un año electoral, por lo que mantener las cuentas públicas y transmitir previsibilidad a los inversores será uno de los principales desafíos.
Inflación: el número que puede alterar todo el presupuesto
La primera variable que estará bajo la lupa es la inflación proyectada para 2027.
El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que reúne las estimaciones de 40 consultoras y fundaciones, calcula una inflación promedio del 20,6% para el próximo año.
El dato resulta especialmente relevante porque una diferencia importante entre la inflación prevista y la que finalmente ocurre puede modificar sustancialmente la ejecución presupuestaria.
El antecedente más cercano es el Presupuesto 2026.
En septiembre de 2025, cuando el presidente Javier Milei presentó el proyecto para el ejercicio actual, el Gobierno había calculado una inflación del 10%.
La evolución de los precios terminó alejándose considerablemente de esa previsión y la inflación anual se encamina a ubicarse aproximadamente 20 puntos porcentuales por encima de aquella estimación.
El problema de una subestimación de la inflación es que no todos los gastos del Estado reaccionan de la misma manera.
Una parte importante del gasto está indexada, es decir, se actualiza de acuerdo con determinados mecanismos vinculados a la evolución de los precios.
El principal ejemplo es el sistema previsional, que ajusta las jubilaciones utilizando la inflación de dos meses atrás.
Ese componente representa aproximadamente el 45% del gasto total.
Por lo tanto, cuando la inflación resulta considerablemente superior a la prevista al momento de elaborar el Presupuesto, el gasto previsional también termina siendo mayor al calculado inicialmente.
Esto obliga a compensar las diferencias mediante partidas que no tienen el mismo mecanismo automático de actualización.
Entre ellas aparecen principalmente las transferencias a las provincias, la obra pública, el gasto social y los salarios.
De esta manera, el error en la estimación inicial de inflación no queda limitado a una diferencia estadística: termina modificando la forma en que se distribuyen los recursos disponibles durante el año.
Crecimiento: cuánto espera avanzar la economía
La segunda variable que seguirán los mercados será la tasa de crecimiento económico prevista para 2027.
En este caso, el REM proyecta una expansión del 2,9% del Producto Bruto Interno (PBI).
El número adquiere relevancia porque también existen otras proyecciones que el Gobierno debe considerar. El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) contempla un crecimiento del 4% del PBI durante 2027.
La diferencia entre ambas estimaciones es importante porque una economía que crece menos de lo previsto también genera una recaudación menor a la esperada.
Eso fue justamente uno de los problemas que aparecieron durante 2026.
Para este año, el ministro de Economía, Luis Caputo, había proyectado inicialmente un crecimiento del 5%.
A partir de esa expectativa se calcularon los ingresos tributarios que acompañarían la evolución de la actividad económica. Si la economía crecía más, la recaudación también debía ser mayor.
Sin embargo, la actividad terminó mostrando un comportamiento más débil.
La estimación es que durante 2026 el PBI registre una expansión cercana al 2,5% o incluso menor.
A esto se suma que algunos de los sectores que tienen mayor peso en la recaudación tributaria, especialmente la industria y el comercio, atraviesan un retroceso.
El resultado es una combinación complicada para las cuentas públicas: si la economía crece menos de lo previsto, los ingresos fiscales también pueden quedar por debajo de las estimaciones utilizadas al elaborar el presupuesto.
El dólar: cuánto valdrá al final de 2027
La tercera variable que observarán los mercados será la proyección del tipo de cambio.
Las consultoras y economistas que participan del REM estiman que el dólar llegará a $2.017 en diciembre de 2027.
La discusión central pasa por determinar si el Gobierno podrá continuar sosteniendo el ritmo de evolución del tipo de cambio en un contexto en el que los precios avanzan a una velocidad considerablemente mayor.
Entre enero y agosto de este año, la inflación acumulada fue del 21,3%, mientras que el dólar avanzó apenas 2,6%.
Esa diferencia muestra el ritmo al que se movieron ambas variables durante los primeros ocho meses del año.
Con el valor actual del dólar en $1.536, la distancia respecto de los $2.017 que proyecta el mercado para diciembre de 2027 representa aproximadamente un 31%.
Por eso, la estimación cambiaria será otro de los datos que el mercado analizará con atención cuando conozca el nuevo Presupuesto.
El problema que dejó el Presupuesto 2026
Las dificultades para proyectar las cuentas del próximo año están relacionadas también con lo ocurrido durante la ejecución del Presupuesto vigente.
El Presupuesto 2026 fue aprobado sobre la base de números que posteriormente resultaron demasiado optimistas, especialmente en materia de inflación y crecimiento.
Eso generó una situación en la que las partidas presupuestarias fueron calculadas con una inflación menor a la que finalmente se registró, mientras que los ingresos también quedaron afectados por un crecimiento económico inferior al esperado.
Por ese motivo, el Gobierno se encuentra obligado a actualizar las partidas antes de que los recursos presupuestados resulten insuficientes.
El problema se produce incluso cuando el gasto total representa una proporción menor del PBI respecto del año anterior.
Según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), el gasto sería del orden del 12% del PBI durante este año, por debajo del nivel registrado previamente.
Sin embargo, el ritmo de ejecución presupuestaria muestra otra señal.
Al 31 de agosto, el Estado había ejecutado el 67,4% del presupuesto, según un informe de la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP).
Ese porcentaje es 12 puntos superior al registrado a la misma altura del año pasado y representa el nivel de ejecución más elevado desde 2016.
Inflación más alta, ingresos menores y mayor presión sobre las cuentas
La combinación de los distintos factores permite entender cuál es el problema que enfrenta el Gobierno al diseñar el Presupuesto 2027.
Por un lado, una inflación mayor a la prevista aumenta determinadas partidas del gasto, especialmente aquellas que tienen mecanismos de actualización automática.
Por otro, un crecimiento económico inferior al proyectado reduce la posibilidad de alcanzar los niveles de recaudación que se habían calculado originalmente.
En otras palabras, el Estado puede encontrarse simultáneamente con más gastos de los previstos y menos ingresos de los esperados.
Ese desfasaje obliga a revisar las partidas y aumenta la dificultad para sostener las metas fiscales establecidas.
El escenario también impacta sobre el objetivo acordado con el FMI.
De acuerdo con las estimaciones planteadas en el análisis, probablemente resulte difícil alcanzar la meta de cumplimiento obligatorio fijada en $16,2 billones.
Por eso, el Presupuesto 2027 no será observado solamente por el tamaño de los gastos o por el resultado fiscal que proyecte. También será analizado a partir de la consistencia de los supuestos económicos que utilice.
La experiencia del Presupuesto 2026 dejó planteado el principal desafío: si las proyecciones de inflación y crecimiento vuelven a alejarse considerablemente de la realidad, la ejecución del gasto y los ingresos fiscales pueden terminar siguiendo un camino diferente al previsto originalmente.

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