En el Día de San Cayetano, los últimos indicadores reflejan un escenario laboral complejo: aumentó el empleo, pero impulsado principalmente por trabajos informales y de pocas horas. Además, continúan la pérdida de puestos registrados y el deterioro del salario real.
Cada 7 de agosto, miles de fieles llegan al santuario de San Cayetano para pedir por «paz, pan y trabajo». En ese contexto, los últimos indicadores oficiales sobre el mercado laboral argentino muestran un panorama atravesado por el crecimiento de la informalidad, la pérdida de empleo registrado y el retroceso del poder adquisitivo de los salarios durante la gestión de Javier Milei.
Los datos disponibles indican que, si bien el empleo registró una leve expansión, buena parte de esa mejora se explica por el aumento del trabajo precario y la subocupación, mientras que el empleo formal continúa en retroceso.
El desempleo se mantiene entre los niveles más altos desde la pandemia
Durante el primer trimestre de 2026, la tasa de desocupación alcanzó el 7,8%, según los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Aunque representa una leve baja respecto del 7,9% registrado en igual período de 2025, continúa siendo uno de los valores más elevados desde el fin de la pandemia.
Extrapolado a nivel nacional, el indicador representa a alrededor de 1,7 millones de personas sin empleo. La cifra es apenas inferior a la registrada dos años atrás, pero supera ampliamente la del trimestre inmediatamente anterior, reflejando que la inserción laboral continúa siendo uno de los principales desafíos económicos.
La creación de empleo se concentra en trabajos precarios
Los indicadores muestran que la tasa de actividad pasó del 48,2% al 48,6% entre el primer trimestre de 2025 y el mismo período de 2026. En ese mismo lapso, la tasa de empleo avanzó del 44,4% al 44,8%.
Sin embargo, detrás de esa mejora aparecen señales de mayor precarización. El crecimiento del empleo estuvo acompañado por un incremento de la informalidad y de la subocupación, es decir, trabajadores que desempeñan tareas por menos horas de las que desearían.
La proporción de asalariados sin aportes jubilatorios llegó al 44,2%, el nivel más alto de los últimos dos años. En comparación con 2024, la informalidad aumentó 3,4 puntos porcentuales, consolidando una tendencia hacia empleos de menor calidad y con menor protección laboral.
Continúa la pérdida de empleo registrado
Los registros administrativos de la Secretaría de Trabajo también muestran un deterioro del empleo formal desde el inicio de la actual gestión nacional.
Entre noviembre de 2023 y abril de 2026 desaparecieron 308 mil puestos de trabajo asalariados registrados. De ese total, 235 mil correspondieron al sector privado y otros 73 mil al sector público.
Al mismo tiempo, durante ese período se incorporaron alrededor de 150 mil nuevos monotributistas, una evolución que distintos especialistas interpretan como un cambio en la composición del mercado laboral hacia modalidades de contratación más flexibles y con menor nivel de protección.
La relación entre empleo privado registrado y población en edad de trabajar también mostró un retroceso. Mientras que en noviembre de 2023 existían 21,2 empleos privados registrados cada 100 personas en edad laboral, en abril de 2026 esa relación descendió a 19,8.
Los salarios continúan perdiendo frente a la inflación
El poder adquisitivo de los trabajadores registrados también muestra una evolución negativa.
En mayo de 2026, los salarios formales registraron una caída real del 3,4% respecto del mismo mes del año anterior, una vez descontado el efecto de la inflación.
Dentro de ese promedio, los salarios del sector privado retrocedieron un 2,9%, mientras que los ingresos de los empleados públicos mostraron una baja aún mayor, del 4,3%.
Si se toma como referencia noviembre de 2023, último mes completo de la gestión anterior, el índice salarial elaborado por el INDEC acumula una pérdida real del 8,7%.
El deterioro resulta más pronunciado entre los trabajadores estatales, cuyos salarios retrocedieron un 17,7% en términos reales, mientras que los empleados privados registrados acumulan una caída del 3,6%.
En cuanto a los trabajadores no registrados, los datos oficiales disponibles hasta diciembre de 2025 muestran una mejora real del 38% respecto de noviembre de 2023. Sin embargo, especialistas advierten que ese indicador presenta limitaciones metodológicas y recomiendan interpretar esos resultados con cautela debido a posibles dificultades para relevar correctamente esos ingresos.
Los distintos indicadores reflejan que el mercado laboral continúa atravesando un escenario de elevada fragilidad, caracterizado por una mayor presencia de empleo informal, una reducción del trabajo asalariado registrado y una pérdida sostenida del poder adquisitivo de los ingresos formales.

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