27 septiembre, 2026

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Uruguay se convirtió en un nuevo destino para los cubanos: las razones detrás de una migración que no se detiene

La crisis humanitaria en Cuba y las restricciones para llegar a Estados Unidos modificaron las rutas migratorias. Miles de cubanos comenzaron a elegir Uruguay, atraídos por su estabilidad, el acceso a servicios públicos y las posibilidades de regularización, aunque muchos todavía enfrentan un largo limbo migratorio.

Durante años, el principal objetivo de buena parte de los cubanos que decidían abandonar la isla era llegar a Estados Unidos. Sin embargo, las restricciones migratorias y el endurecimiento de los controles en algunos países que funcionaban como vía de acceso modificaron ese recorrido.

En ese nuevo escenario, Uruguay comenzó a convertirse en un destino cada vez más elegido por los migrantes cubanos, pese a que se trata de un país con un costo de vida relativamente elevado.

Uno de esos casos es el de Liudmila Medina, quien emprendió junto a su esposo y sus hijos un viaje de más de 7.000 kilómetros desde Cuba hasta Uruguay. La travesía incluyó el cruce de la selva de Guyana, el ingreso a Brasil y un largo recorrido por territorio brasileño antes de alcanzar la frontera uruguaya.

La familia inicialmente tenía previsto viajar a Estados Unidos a través de Nicaragua. El plan se frustró cuando le impidieron a Medina subir al avión debido al vencimiento de su pasaporte y perdieron los pasajes.

Ante esa situación, decidió cambiar el destino.

“Nos vamos a Uruguay”, le dijo a su esposo.

Para conseguir rápidamente un nuevo pasaporte, Medina recurrió a contactos y pagó para acelerar el trámite. Después, la familia destinó prácticamente todos sus recursos a la travesía: cerca de US$13.000, incluidos los fondos obtenidos por la venta de la casa de su madre, que fueron entregados a una red de intermediarios de distintas nacionalidades que facilitó el traslado.

El viaje comenzó con un vuelo comercial hasta Guyana. Desde allí, atravesaron el país durante unas 17 horas en un minibús junto con decenas de migrantes cubanos.

El recorrido se realizó en condiciones extremadamente precarias. Medina viajaba junto a Tristán, su hijo de entonces 12 años, quien tiene problemas en el sistema nervioso central y necesita asistencia para sostener la cabeza. También viajaba con Gael, que tenía dos años, mientras su esposo llevaba a Galilea, de apenas un año.

La situación era todavía más compleja porque Medina estaba embarazada de ocho meses y, según relató, ninguno de los demás pasajeros se había dado cuenta.

Luego ingresaron a Brasil por Roraima y atravesaron el país de norte a sur, utilizando distintos medios de transporte. Finalmente llegaron a la frontera entre Santana do Livramento y Rivera, donde solicitaron refugio.

“Bienvenidos a Uruguay”, les dijeron al llegar.

Por qué cada vez más cubanos eligen Uruguay

El caso de Medina forma parte de un fenómeno migratorio que se intensificó durante los últimos años.

A medida que se profundizó la crisis humanitaria en Cuba, Uruguay pasó a ocupar un lugar cada vez más importante entre los destinos elegidos por quienes abandonan la isla.

Según los datos de la Dirección Nacional de Migración uruguaya, durante 2025 los ingresos de ciudadanos cubanos superaron a los egresos en 14.961 personas. Entre enero y julio de este año, el saldo positivo alcanzó otros 8.123 ingresos.

El crecimiento también se refleja en las solicitudes de refugio. Desde 2019 el fenómeno se aceleró y durante la primera mitad de este año se registró un promedio de unas 1.300 solicitudes mensuales.

A fines de junio permanecían pendientes de resolución 30.715 pedidos de refugio, de acuerdo con la Comisión de Refugiados de Uruguay. La gran mayoría, el 89%, correspondía a ciudadanos cubanos, según explicó la vicecanciller uruguaya y presidenta de la Core, Valeria Csukasi.

La funcionaria atribuyó la acumulación de expedientes a una diferencia entre la cantidad de solicitudes recibidas y la capacidad institucional y operativa disponible para procesarlas.

Con apenas 3,4 millones de habitantes, Uruguay se encuentra entre los países de Sudamérica donde la llegada de cubanos adquirió mayor peso en relación con la población.

Brasil también experimentó un crecimiento importante de la migración cubana. El país, con unos 214 millones de habitantes, recibió durante el año pasado un promedio mensual cercano a 3.500 pedidos de refugio de ciudadanos de la isla, que incluso superaron a las solicitudes de venezolanos.

El cierre de la ruta tradicional hacia Estados Unidos

Uno de los factores que explica el cambio de destino es el endurecimiento de las condiciones para ingresar a Estados Unidos.

El flujo que tradicionalmente llevaba a los cubanos hacia ese país se vio afectado por las restricciones implementadas durante el gobierno de Donald Trump y por la decisión de Nicaragua de comenzar a exigir visado a los ciudadanos cubanos.

Nicaragua había funcionado como una de las principales vías de salida para quienes buscaban continuar el viaje hacia el norte.

A esto se suma otro elemento: Estados Unidos negoció recientemente con Uruguay el posible envío de una parte de los ciudadanos cubanos deportados, dentro de los acuerdos que ese país mantiene para trasladar deportados a terceros territorios.

Según informó The New York Times, Washington planteó esa posibilidad, mientras que el semanario uruguayo Búsqueda señaló que en julio fue presentada una propuesta de entendimiento.

Frente a ese panorama, Uruguay aparece para muchos migrantes como una alternativa con características particulares.

El país mantiene una tradición de apertura migratoria y es valorado por su estabilidad política y económica. Además, el Estado garantiza servicios de salud y educación gratuitos y contempla diferentes tipos de asistencia para familias de bajos recursos, incluidos extranjeros residentes.

“Uruguay es un oasis en medio del desierto para tantos cubanos que están pasándola súper mal”, sostuvo Madelyn del Río, presidenta de la organización Manos Cubanas y migrante cubana que llegó al país en 2019.

Del Río calcula que actualmente viven en Uruguay cerca de 60.000 cubanos, una cifra que quintuplicaría los 11.826 nacidos en Cuba registrados en el censo de 2023. En ese relevamiento, la comunidad cubana aparecía como la tercera más numerosa entre los extranjeros, detrás de argentinos y venezolanos.

Según la referente, muchos continúan ingresando desde Brasil porque esa vía resulta más rápida que esperar los distintos trámites de visado, incluso cuando se trata de procesos de reunificación familiar.

Su propia experiencia refleja las dificultades iniciales de ese proceso. Cuando llegó, trabajó durante largas jornadas como limpiadora en un centro comercial de Montevideo.

Con el paso del tiempo consiguió la ciudadanía uruguaya, se desempeñó como niñera y logró llevar al país a sus hijos y a su nieta. Sin embargo, todavía no pudo revalidar su título de socióloga debido al costo del trámite en Cuba.

La peligrosa ruta por Guyana y Brasil

La llegada de cubanos desde Brasil hacia Uruguay también fue analizada por la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Un informe publicado en abril señaló que durante 2025 aumentó el ingreso de cubanos a Uruguay desde Brasil, especialmente a través del paso fronterizo de Santana do Livramento-Rivera.

Entre enero y octubre de ese año, el número habría superado los 11.000 ingresos, con un promedio de aproximadamente 30 cubanos diarios que atravesaban el control migratorio conjunto.

La investigación señaló que una parte importante de los migrantes atraviesa Guyana, que es el único país sudamericano que no exige visa a los ciudadanos cubanos, para luego continuar hacia Brasil o Uruguay.

En muchos casos recurren a redes dedicadas al traslado irregular de migrantes, cuyos costos pueden oscilar entre US$1.200 y US$10.000 por persona, dependiendo del punto de partida y del destino.

El análisis también registró situaciones de violencia y detenciones ilegales. Al mismo tiempo, señaló que muchos migrantes comparten posteriormente audios y videos positivos sobre los coordinadores de las rutas.

Los propios cubanos utilizan una expresión para referirse a ese extenso recorrido migratorio: “la travesía”.

Residencias y un importante número de personas en situación irregular

El crecimiento de la comunidad cubana también se observa en las estadísticas de residencia.

Durante el año pasado, los ciudadanos cubanos fueron quienes más residencias permanentes obtuvieron en Uruguay: 6.185, más de un tercio del total concedido.

Durante los primeros siete meses de este año se sumaron otras 4.665 residencias permanentes.

Sin embargo, no todos consiguieron regularizar su situación.

Una parte importante permanece en una especie de limbo migratorio debido a que sus solicitudes de refugio todavía no fueron resueltas o fueron rechazadas.

Esta situación puede generar dificultades concretas para desarrollar una vida estable en el país. Entre ellas aparecen los obstáculos para obtener créditos bancarios, presentar garantías para alquilar una vivienda o gestionar el ingreso de familiares que todavía permanecen en Cuba.

Uruguay ya había regularizado mediante un decreto presidencial la situación de una parte de esos migrantes, aunque otras personas quedaron fuera de ese mecanismo o llegaron posteriormente.

Ante ese escenario, Leydis Aguilera, la primera diputada nacida en Cuba en la historia del Parlamento uruguayo, presentó un proyecto para otorgar residencia permanente a quienes puedan demostrar arraigo en el país.

Aguilera llegó sola a Uruguay hace 16 años. Era ingeniera en telecomunicaciones y electrónica, logró revalidar su título, trabajó como docente y participó en un movimiento afrodescendiente y en el Partido Nacional, de centroderecha y oposición.

A los 42 años, con una familia formada, considera que la inmigración regular puede representar una oportunidad estratégica para Uruguay debido al proceso de envejecimiento y declive poblacional que enfrenta.

“Somos personas que venimos en edad laboral”, sostuvo. Desde su perspectiva, el aporte económico de los inmigrantes puede superar los recursos que reciben mediante las ayudas sociales.

Una comunidad que ya forma parte de la vida cotidiana

La presencia cubana se volvió visible en distintos ámbitos de la sociedad uruguaya.

Los migrantes trabajan en sectores diversos y pueden desempeñarse como médicos, repartidores, trabajadores de seguridad, empleados de comercios o emprendedores.

Aunque muchos aseguran haber sido recibidos positivamente, también existen casos de discriminación y xenofobia.

Carmen Díaz, una cubana que emigró a Uruguay hace siete años y actualmente tiene un emprendimiento de manicura en Pocitos, contó que recibió algunos comentarios racistas y xenófobos, aunque aseguró que fueron pocos.

También destacó que Uruguay puede ser un país costoso para vivir y emprender, pero que encontró posibilidades para desarrollar su proyecto personal.

Otro caso que generó repercusión fue el de Lisbel Becquer, quien respondió en redes sociales a los cuestionamientos de quienes sostienen que los cubanos les quitan empleos a los uruguayos.

Becquer trabaja en un centro agroalimentario de Montevideo y defendió el esfuerzo que realizan muchos migrantes para conseguir empleo, incluso en horarios y condiciones que otros trabajadores no están dispuestos a aceptar.

La integración también puede observarse fuera de Montevideo.

A unos 50 kilómetros de la capital se encuentra Santa Rosa, una localidad de aproximadamente 7.000 habitantes a la que se trasladaron cerca de 1.100 cubanos.

Muchos trabajan en campos de la zona o en una empresa avícola.

El alcalde Ramiro Azor reconoció que existen comentarios acerca de una supuesta competencia laboral, pero sostuvo que los inmigrantes también realizan tareas que muchos habitantes locales no quieren hacer.

Para favorecer la integración, el municipio organiza talleres de convivencia y prepara actividades vinculadas con la gastronomía, la música y las costumbres cubanas.

La llegada de esta comunidad también tuvo efectos sobre la economía local. Según el alcalde, su presencia contribuyó a incrementar el movimiento comercial, especialmente durante las ferias dominicales.

La historia de una familia que buscó empezar de nuevo

Para Medina, Uruguay comenzó a aparecer como una posibilidad mucho antes de iniciar el viaje.

Mientras su hijo Tristán recibía tratamiento en un hospital de La Habana, escuchó a una mujer hablar de Uruguay como un país “bonito” y “tranquilo” al que había emigrado su esposo.

Luego comenzó a investigar.

Entre las cosas que encontró estaba la Teletón, una fundación dedicada a la rehabilitación de niños con discapacidad. Para Medina, la posibilidad de acceder a tratamientos para su hijo fue uno de los motivos que terminó de convencerla.

Tristán había sido operado de dos tumores cerebrales en Cuba en 2019. Según explicó su madre, posteriormente sufrió un daño en el sistema nervioso debido a una complicación relacionada con un drenaje posquirúrgico.

Medina había desarrollado una carrera como cantante y actriz bajo el nombre de Mía Rosa, pero decidió abandonarla para concentrarse en la rehabilitación de su hijo.

La falta de resultados, medicamentos y alimentos básicos terminó impulsando la decisión de abandonar Cuba junto con su familia.

Los primeros tiempos en Uruguay fueron difíciles. Tuvo que pedir dinero prestado, adaptarse a una nueva economía y aprender a manejar nuevas herramientas y tecnologías.

También debió acudir sola al hospital público Pereira Rossell para dar a luz a su hijo Kai.

En ese mismo centro de salud recibió información sobre una beca gubernamental que permitió que sus hijos ingresaran a un centro preescolar. Además, consiguió un subsidio estatal de vivienda y asistencia económica de una fundación dedicada a personas refugiadas.

“Cuando llegamos a Uruguay, recibimos un abrazo”, recordó.

Sin embargo, uno de sus principales objetivos no pudo cumplirse: la rehabilitación de Tristán mediante la Teletón fue considerada irrealizable.

La situación la llevó a evaluar la posibilidad de mudarse a España para buscar nuevas alternativas para su hijo, aunque finalmente descartó esa opción.

Actualmente, Tristán continúa bajo seguimiento médico en el hospital Pereira Rossell.

Medina dedica gran parte de su tiempo a cuidarlo en el apartamento subsidiado de Montevideo donde vive junto con sus hijos y su esposo, que trabaja como repartidor. La familia también tiene dos perras, llamadas Cuba y Habana.

Su madre también pudo trasladarse a Uruguay y vive en otra vivienda.

Ahora, Medina sueña con comprar un auto y una casa en el país que eligió como destino después de que se frustrara su intento de llegar a Estados Unidos.

Dice que, al comparar fotografías actuales con imágenes de su vida anterior en Cuba, nota incluso un cambio en su propia mirada.

Para ella, la diferencia está en la sensación de seguridad y en las posibilidades que encontró después de una travesía marcada por la incertidumbre.