27 septiembre, 2026

ADN Bonaerense

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Superávit comercial: las exportaciones siguen, pero aparecen señales de desaceleración

La balanza comercial registró en julio un saldo positivo de US$2.115 millones, aunque tanto las exportaciones como el resultado neto quedaron por debajo de los meses anteriores. La menor contribución del agro y la baja del precio del petróleo anticipan un escenario menos favorable para los próximos meses.

La balanza comercial argentina volvió a cerrar con un resultado positivo en julio y le dio al Gobierno un nuevo motivo para destacar el desempeño del sector externo. Sin embargo, detrás del superávit aparecen algunos indicadores que muestran una posible pérdida de impulso de las exportaciones durante la segunda mitad del año.

Según los datos difundidos por el INDEC, durante julio las exportaciones alcanzaron los US$8.854 millones, mientras que el saldo comercial positivo fue de US$2.115 millones. Se trata del menor nivel de exportaciones de los últimos cuatro meses y del superávit más bajo en cinco meses.

El resultado todavía mantiene vigente la expectativa oficial de alcanzar durante 2026 exportaciones de bienes por alrededor de US$100.000 millones y un saldo comercial cercano a los US$25.000 millones si se sostiene un promedio similar al registrado hasta ahora.

Sin embargo, distintos factores podrían moderar el desempeño en los próximos meses. Entre ellos aparece la estacionalidad de la actividad agropecuaria, que suele generar un menor aporte del campo durante el segundo semestre.

Menor impulso de los productos primarios

Uno de los primeros indicios de desaceleración aparece en las exportaciones de productos primarios. En comparación con el año pasado, el sector registra una caída pese a que los precios internacionales todavía se encuentran en niveles favorables, con un promedio aproximadamente 2% superior al de 2025.

En el sector agrícola anticipan que durante la segunda mitad del año predominará una actitud más cautelosa. Si bien todavía existe mercadería almacenada en los silobolsas, se espera que las ventas al exterior se realicen de acuerdo con las necesidades de los productores para financiar la próxima campaña.

A esto se suma el malestar por la continuidad de las retenciones, aun después de las reducciones aplicadas sobre algunas alícuotas. El sector sostiene que estos impuestos afectan los márgenes de rentabilidad en un contexto en el que también aumentaron los costos de insumos como el combustible y los fertilizantes.

El petróleo fue clave, pero enfrenta un escenario diferente

Otro de los grandes protagonistas de las exportaciones argentinas durante este año fue el sector energético, impulsado principalmente por el crecimiento productivo de Vaca Muerta.

La expansión de los hidrocarburos permitió incrementar de manera significativa las ventas externas. En mayo, por ejemplo, los volúmenes exportados habían aumentado un 78% interanual.

A ese crecimiento productivo se sumó un factor externo: la escalada del conflicto en Medio Oriente provocó un fuerte incremento del precio internacional del petróleo y favoreció los ingresos provenientes de las exportaciones energéticas.

En julio, las exportaciones de combustibles crecieron 97,8% interanual, lo que significó un incremento de US$744 millones y llevó el total del sector a US$1.506 millones.

El resultado se explicó por una combinación de factores: los volúmenes vendidos aumentaron 67,6%, mientras que el precio del petróleo utilizado para calcular las operaciones subió 19,5%.

Existe, además, un desfasaje de aproximadamente 45 días entre el momento en que se concreta la venta y aquel en que se determina el precio utilizado para las estadísticas. Por eso, los datos de julio todavía reflejan valores internacionales correspondientes a junio, cuando el barril de Brent se encontraba por encima de los US$100.

El petróleo ya no cuenta con el mismo impulso

El panorama para los próximos meses será diferente. La cotización internacional del petróleo descendió hasta alrededor de US$83 por barril durante julio, por lo que el aporte del precio será menor en las próximas estadísticas.

En consecuencia, para mantener el nivel de ingreso de divisas del sector energético será necesario sostener un ritmo elevado de producción y exportación.

Las ventas externas de petróleo de julio ya fueron 13,7% inferiores al máximo registrado en mayo. En aquel mes, con el impacto de la crisis en Medio Oriente y el crudo por encima de los US$110, las exportaciones petroleras habían generado US$1.745 millones, equivalentes al 18,3% del total exportado.

Para el segundo semestre, bancos de inversión especializados en el mercado energético proyectan un precio promedio cercano a los US$80, con posibilidades de una nueva baja hacia comienzos del próximo año.

Aunque la evolución del petróleo continúa muy vinculada a los acontecimientos geopolíticos, los analistas consideran que difícilmente se repitan los valores extraordinarios registrados durante los primeros meses del año.

Las importaciones también muestran señales de debilidad

El otro componente de la balanza comercial presenta un panorama que también genera interrogantes. Las importaciones continúan por debajo de los niveles registrados un año atrás y las mayores caídas se observan precisamente en rubros relacionados con la inversión productiva.

Las compras externas de bienes de capital disminuyeron 7,7%, mientras que las de piezas y accesorios cayeron 14,9%.

El comportamiento resulta particularmente relevante porque no se produce en un contexto de un tipo de cambio elevado. Por el contrario, distintos sectores industriales cuestionan el atraso cambiario y advierten sobre las dificultades para competir con productos terminados provenientes de Asia.

Entre enero y junio, el dólar aumentó 1,7%, mientras que la inflación acumulada alcanzó el 19,3%.

Para distintos economistas, la caída de las importaciones de bienes de capital puede estar vinculada con el bajo nivel de inversión de la industria manufacturera, en un escenario marcado por una elevada capacidad ociosa y una menor demanda interna.

El dato que genera dudas sobre el crecimiento

La evolución de las importaciones también genera interrogantes sobre el ritmo de expansión de la economía.

Durante años se utilizó como referencia la relación según la cual por cada punto de crecimiento del PBI las importaciones debían aumentar alrededor de tres puntos. Sin embargo, durante 2026 las compras externas acumulan una caída del 3,5%, un comportamiento que no parece compatible con una fuerte expansión de la actividad.

Desde el Gobierno y entre los economistas que respaldan su programa plantean una interpretación diferente. Según esa visión, la economía argentina estaría atravesando un cambio de modelo y ya no dependería del ingreso de insumos importados para sostener el crecimiento, sino de una mayor llegada de inversión extranjera.

En ese esquema, sectores como petróleo, gas y minería pasarían a ocupar un lugar central como motores de la economía y como generadores de divisas.

De todos modos, la caída de las importaciones continúa siendo observada con atención. Los economistas consultados por el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) volvieron a reducir su estimación de crecimiento para este año y la ubicaron en 2,7%, muy por debajo de la proyección oficial de 4,5%.

Además, julio dejó otro dato relevante: las importaciones de bienes de consumo final cayeron 7,3%, interrumpiendo la tendencia ascendente que habían mostrado durante los meses anteriores, impulsadas en parte por el crecimiento de las compras realizadas a través de plataformas como Temu y Shein.

De esta manera, aunque el superávit comercial continúa siendo positivo y las exportaciones mantienen niveles elevados, la evolución de los principales componentes muestra que el escenario externo podría ser menos favorable durante los próximos meses. La menor participación del agro, la moderación del precio del petróleo y la caída de las importaciones abren nuevos interrogantes sobre la fortaleza del crecimiento económico hacia el cierre del año.