28 junio, 2026

ADN Bonaerense

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La interna entre Santiago Caputo y los Menem fractura el gabinete con impacto directo en el escenario político bonaerense

La disputa por el control de la Casa Rosada divide a los ministros en tres sectores diferenciados, mientras la falta de conducción centralizada profundiza la incertidumbre institucional.

La confrontación política entre el asesor presidencial Santiago Caputo y el sector liderado por Martín y Lule Menem ha quebrado la aparente homogeneidad del Gobierno nacional, forzando un alineamiento estratégico dentro del gabinete. Esta fragmentación de la estructura estatal no solo paraliza las decisiones centrales bajo la mediación pasiva del presidente Javier Milei, sino que proyecta una inevitable consecuencia en el armado territorial de la provincia de Buenos Aires, donde las principales fuerzas locales ya miden el costo del enfrentamiento.

El mapa de lealtades expone una fractura estructural en la toma de decisiones. Por un lado, el bloque menemista cuenta con el respaldo orgánico de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, logrando traccionar a figuras clave como el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y los titulares de las carteras de Justicia, Defensa y Seguridad. En la periferia de este esquema se ubica Diego Santilli, quien intenta mantener un equilibrio táctico para preservar sus aspiraciones de cara a una futura candidatura a la gobernación bonaerense, un territorio donde los cortocircuitos de Balcarce 50 alteran las negociaciones locales.

En la vereda opuesta, el entramado que responde a Santiago Caputo consolida su influencia sobre las áreas más sensibles de la administración económica y de control del Estado. Con los ministerios de Economía, Salud y Cancillería bajo su órbita, además de la estructura de la SIDE y ARCA, este sector apuesta a la concentración del poder operativo. La relación de parentesco y los acuerdos comerciales previos blindan un eje donde los recursos institucionales se gestionan con independencia de la estructura partidaria oficial.

El trasfondo de esta parálisis radica en la coexistencia de dos administraciones paralelas dentro del mismo espacio, una situación descrita por los propios despachos oficiales como una división entre el gobierno de la Jefatura de Gabinete y el del esquema de asesores. Solo un reducido grupo de funcionarios con terminal directa en la Quinta de Olivos logra sostener una posición de neutralidad, amparados en agendas específicas que el Presidente prioriza por fuera de la disputa cotidiana.

La estrategia actual de los sectores en pugna se orienta a disimular una fractura que analistas de la misma gestión consideran insostenible a mediano plazo. Mientras la conducción nacional mantenga el foco alejado de la resolución del conflicto interno, la tendencia hacia la atomización del poder político continuará profundizándose, condicionando la gobernabilidad y el diálogo con los distritos provinciales.