12 agosto, 2026

ADN Bonaerense

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El 78% de los hogares argentinos está por debajo del ingreso promedio: cuánto necesita ganar cada segmento

El ingreso promedio de los hogares llegó a $2,8 millones mensuales netos durante el primer trimestre de 2026, aunque casi ocho de cada diez familias se encuentran por debajo de ese valor. La distribución de los ingresos expone diferencias entre los distintos sectores sociales y ayuda a explicar las restricciones que todavía enfrenta el consumo.

El ingreso promedio de los hogares argentinos alcanzó los $2.800.000 mensuales netos durante el primer trimestre de 2026. Sin embargo, ese promedio no refleja la situación de la mayoría de las familias: el 78% de los hogares se encuentra por debajo de ese nivel, con una fuerte concentración en los segmentos correspondientes a la clase media baja y la clase baja.

Los datos forman parte de un informe de la Fundación Encuentro, elaborado sobre la base de información de la consultora W. El estudio analiza la distribución de los hogares según sus ingresos y permite observar cómo esa estructura impacta sobre las decisiones de consumo masivo.

En la parte superior de la pirámide se encuentra el segmento ABC1, que representa apenas al 5% de la población. Para integrar este grupo, los ingresos mensuales deben alcanzar como mínimo los $7,5 millones.

El siguiente escalón corresponde a la clase media alta, identificada como C2, que representa al 17% de los hogares y establece su piso de ingresos en $4 millones mensuales.

Por debajo aparece la clase media baja, que reúne al 26% de los hogares y comienza a partir de los $2,2 millones mensuales.

El segmento más numeroso es el D1, correspondiente a la clase baja superior no pobre, que concentra al 31% de los hogares. Para este grupo, el ingreso mínimo mensual se ubica en $1,4 millones.

Finalmente, el último escalón está integrado por el 21% de los hogares que se encuentran en situación de pobreza, con ingresos de alrededor de $900.000 mensuales.

Cómo se distribuyen los hogares según sus ingresos

De acuerdo con el informe, la estructura de los ingresos se divide en cinco grandes segmentos:

  • ABC1: representa el 5% de los hogares y requiere ingresos desde $7,5 millones.
  • C2, clase media alta: concentra al 17% y tiene un piso de $4 millones.
  • Clase media baja: reúne al 26% y comienza desde los $2,2 millones.
  • D1, clase baja superior no pobre: representa el 31% y tiene ingresos desde $1,4 millones.
  • Hogares en situación de pobreza: conforman el 21% y registran ingresos de alrededor de $900.000 mensuales.

La distribución permite observar que los hogares ubicados por debajo del ingreso promedio representan una amplia mayoría de las familias argentinas.

El impacto de la distribución de ingresos sobre el consumo

Según el informe, esta concentración de los ingresos por debajo del promedio contribuye a explicar por qué el consumo masivo continúa deprimido, aun cuando algunas variables de la economía muestran una evolución favorable.

La inflación se desaceleró y los salarios reales comenzaron a recuperarse, pero el 78% de los hogares mantiene una mayor propensión al consumo y, al mismo tiempo, enfrenta restricciones para destinar parte de sus ingresos a bienes y servicios que no sean considerados prioritarios.

El director de la consultora W, Guillermo Olivetto, explicó durante un evento de la Cámara de Empresas de Investigación Social y de Mercado (CEIM) que el proceso de ajuste alcanza a los distintos niveles socioeconómicos.

En los sectores con mayor poder adquisitivo, las familias optan principalmente por controlar sus gastos, reducir el uso de determinados servicios y revisar costos fijos, entre ellos los seguros y las prepagas.

También se redujeron los desembolsos vinculados con salidas, recitales, viajes y suscripciones a aplicaciones. Paralelamente, la búsqueda de ofertas y promociones pasó a formar parte con mayor frecuencia de las decisiones de compra, en un escenario de menor capacidad de ahorro.

Cómo ajustan las familias de menores ingresos

En los hogares con menos recursos, el ingreso se concentra fundamentalmente en cubrir las necesidades básicas, especialmente alimentación e impuestos, mientras se busca evitar el endeudamiento mediante tarjetas de crédito.

Para equilibrar las cuentas familiares, se recortan gastos considerados no esenciales, como viajes, salidas y recitales, además de reducir determinados costos fijos.

En este contexto, los productos con descuento dejan de ser una alternativa utilizada de manera ocasional y pasan a tener un papel central en las decisiones de compra.

La situación se vuelve todavía más compleja en aquellas familias que necesitan realizar ajustes permanentes para llegar a fin de mes. En esos casos, un gasto imprevisto puede modificar de manera significativa la economía del hogar.

Las compras pasan a concentrarse principalmente en productos en oferta y aumenta el recurso al endeudamiento para afrontar gastos que no pueden cubrirse con los ingresos habituales.

El impacto sobre la alimentación

La presión sobre los ingresos también alcanza directamente a la alimentación de los sectores más vulnerables.

El informe señala que en algunos hogares “se come menos y peor”, debido a una reducción significativa de la cantidad de comidas diarias.

También se modifica la composición de la dieta. La carne vacuna puede ser reemplazada por pollo, mientras que las verduras pueden ser sustituidas por productos de menor costo, como la harina.

De la misma manera, la leche líquida puede ser reemplazada por leche en polvo, dentro de una estrategia de reducción de gastos que busca adaptar el consumo a los ingresos disponibles.

“Es lo que hay”: las expectativas sobre el consumo

Para Guillermo Olivetto, la etapa de diagnóstico sobre el comportamiento de los consumidores ya terminó. El especialista resumió las perspectivas con una frase: “Es lo que hay”.

En la misma línea, Esteban Cagnoli, CEO de Worldpanel by Numerator, señaló que los consumidores se vuelven cada vez más selectivos y priorizan los canales de cercanía.

Según explicó, esta conducta no responde solamente a una cuestión de comodidad, sino también a una estrategia destinada a evitar compras impulsivas y concentrar el presupuesto en una canasta de productos más reducida.

Por otro lado, la consultora Scentia planteó que el consumo masivo podría acompañar la evolución del Producto Bruto Interno si la inflación mantiene su tendencia descendente y los salarios continúan recuperándose.

Sin embargo, las proyecciones indican que ese crecimiento podría producirse a un ritmo equivalente a aproximadamente la mitad del avance de la economía. La estimación se ubica en una banda de entre -1% y +1%.

La distribución de los ingresos muestra, de esta manera, una economía en la que la mayoría de los hogares permanece por debajo del ingreso promedio y sostiene diferentes estrategias de ajuste. Estas conductas condicionan de manera directa las decisiones de compra, desde la elección de productos y canales hasta la posibilidad de ahorrar o afrontar gastos imprevistos.