12 agosto, 2026

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Banco Central a la peruana: cómo funciona el modelo que Javier Milei busca replicar y cuáles son sus límites

El Gobierno argentino tomó como referencia la estabilidad macroeconómica de Perú, su régimen bimonetario y el rol de un Banco Central con continuidad institucional. Sin embargo, el modelo también convive con una elevada informalidad laboral y una economía concentrada en los servicios, mientras que especialistas advierten sobre las diferencias con la estructura productiva argentina.

El presidente Javier Milei, el ministro de Economía, Luis Caputo, y el titular del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Santiago Bausili, destacaron en distintas oportunidades algunos aspectos del modelo económico peruano. La referencia también fue compartida por la Fundación Mediterránea, que durante la campaña presidencial de Patricia Bullrich, con Carlos Melconian al frente, analizó positivamente la estabilidad alcanzada por Perú y su sistema bimonetario.

El interés del Gobierno argentino se concentra especialmente en la combinación de estabilidad macroeconómica, inflación contenida, disciplina fiscal y una autoridad monetaria con continuidad en el tiempo. Sin embargo, el modelo peruano también presenta características que generan debate, como una elevada informalidad laboral y una estructura económica con un fuerte peso del sector servicios.

El modelo peruano y el rol del Banco Central

Perú adoptó un régimen bimonetario hacia fines de la década de 1990, en el que conviven el sol, su moneda nacional, y el dólar estadounidense. En ese esquema, el Banco Central ocupa un lugar central como garante de la estabilidad monetaria.

Uno de los elementos que suele destacarse del modelo es la continuidad de la conducción de su autoridad monetaria. Pedro Velarde permanece al frente del Banco Central de Reserva del Perú desde hace aproximadamente 20 años y atravesó distintas administraciones presidenciales.

Para Jorge Vasconcelos, economista de la Fundación Mediterránea, uno de los factores que explican el fortalecimiento del sol frente al dólar dentro del sistema financiero peruano es la convergencia entre las tasas de interés de ambas monedas.

Según su análisis, esta situación está vinculada con distintos factores: la solvencia fiscal del país, una inflación que tiende a ubicarse por debajo de la estadounidense y un tratamiento diferenciado de soles y dólares en la política de encajes bancarios.

En términos simples, el modelo busca generar las condiciones para que mantener activos en moneda local resulte atractivo y estable, reduciendo los incentivos para que los ciudadanos y las empresas se refugien permanentemente en el dólar.

El boom de inversiones y el peso de la minería

La estabilidad macroeconómica permitió que Perú recibiera un fuerte flujo de inversiones, especialmente orientadas hacia la minería de cobre y, en menor medida, hacia el sector agropecuario.

Este proceso impulsó el crecimiento de determinadas actividades económicas y generó nuevos puestos de trabajo. Sin embargo, la estructura productiva peruana también muestra una fuerte concentración en los servicios, que representan alrededor del 60% del Producto Bruto Interno (PBI).

Al mismo tiempo, la informalidad laboral alcanza niveles cercanos al 70%. Esto significa que una parte muy importante de los trabajadores desarrolla sus actividades fuera de los mecanismos formales de empleo, con menores niveles de protección laboral y acceso limitado a derechos vinculados con el trabajo registrado.

Por eso, el modelo peruano no es presentado como una experiencia sin problemas. Su estabilidad macroeconómica convivió con dificultades para incorporar a una mayor cantidad de trabajadores al sector moderno y formal de la economía.

La advertencia de un exministro peruano

El exministro de Producción de Perú, Piero Ghezzi, reconoció que el país atravesó un fuerte ciclo de inversiones y crecimiento que permitió generar empleo en determinadas actividades.

Como ejemplo, mencionó el desarrollo del sector agroexportador, que permitió crear entre 300.000 y 400.000 puestos de trabajo directos que anteriormente no existían.

Sin embargo, Ghezzi también marcó un límite del modelo. Según su análisis, existe un aumento de la oferta de trabajadores que no siempre encuentra suficientes sectores económicos capaces de incorporarlos.

La conclusión que plantea es que la estabilidad macroeconómica resulta necesaria, pero no suficiente. Para lograr que más personas ingresen al sector moderno de la economía hacen falta políticas específicas orientadas al desarrollo de actividades productivas y a la generación de empleo.

La discusión es relevante para Argentina porque el modelo que impulsa el Gobierno pone el foco en variables macroeconómicas como la inflación, el equilibrio fiscal y la estabilidad monetaria, pero también enfrenta el desafío de definir qué sectores serán capaces de absorber a los trabajadores que queden desplazados de actividades consideradas poco competitivas.

Paraguay, otro modelo observado en la región

Paraguay aparece como otra experiencia regional que suele ser analizada por sus políticas de bajos impuestos y sus incentivos a la inversión.

El país desarrolló un fuerte sector agroexportador y, en los últimos años, también logró atraer industrias vinculadas al régimen de maquilas mediante beneficios impositivos.

Uno de los aspectos más conocidos de su esquema tributario es la denominada regla «10-10-10», que establece tasas del 10% para el Impuesto al Valor Agregado (IVA), el impuesto a las ganancias corporativas y el impuesto a las ganancias personales.

Este modelo permitió sostener tasas de crecimiento, aunque también convive con una informalidad laboral cercana al 60%, que continúa siendo un problema estructural.

De esta manera, tanto Perú como Paraguay muestran que una economía puede alcanzar estabilidad y atraer inversiones sin necesariamente resolver de manera automática los problemas vinculados con la informalidad y la calidad del empleo.

La gran diferencia con Argentina: la estructura productiva

Uno de los principales puntos de discusión sobre la posibilidad de trasladar estos modelos a Argentina es la diferencia en el punto de partida.

Argentina cuenta con una estructura productiva más diversificada, con una presencia histórica de sectores industriales que tienen un peso significativo en distintas regiones del país.

La visión económica del Gobierno de Milei apuesta a que el crecimiento se apoye principalmente en actividades como el agro, la minería y la energía. Desde esa perspectiva, los trabajadores que actualmente se desempeñan en sectores considerados poco eficientes deberían reubicarse en actividades con mayor demanda de empleo, especialmente en el sector servicios.

El problema que plantean los críticos de esta estrategia es que ese proceso de reconversión podría implicar el reemplazo de empleos asalariados estables por puestos de trabajo con menores niveles de remuneración y protección.

En esa línea, la reforma laboral mencionada en el texto busca avanzar hacia una mayor formalización mediante herramientas como el monotributo para emprendimientos pequeños y para trabajadores de plataformas digitales.

La crítica de los economistas argentinos

El economista Martín Kalos, director de la consultora Epyca, cuestionó la comparación directa entre Argentina y países como Perú.

Su argumento central es que ambos países tienen historias económicas y estructuras productivas diferentes. Por eso, considera que tomar como referencia modelos aplicados en economías más pequeñas y menos diversificadas puede resultar problemático.

La crítica apunta a que una política económica no puede analizarse únicamente desde la estabilidad de variables como la inflación o el tipo de cambio. También debe considerar qué sectores productivos existen, qué tipo de empleo generan y qué capacidad tienen para absorber a los trabajadores.

En definitiva, el debate sobre el «modelo peruano» que observa el Gobierno argentino gira alrededor de una pregunta central: ¿alcanza con lograr estabilidad macroeconómica para transformar la estructura productiva y mejorar las condiciones de vida de la población?

La experiencia de Perú muestra que una política monetaria estable, una inflación controlada y una autoridad monetaria con continuidad pueden favorecer la llegada de inversiones y el crecimiento. Pero también evidencia que esos resultados no garantizan por sí mismos una reducción de la informalidad ni una incorporación masiva de trabajadores al empleo formal.

Para Argentina, el desafío adicional está dado por su estructura productiva más diversificada. Por eso, la discusión no se limita a replicar el funcionamiento de un Banco Central o adoptar un esquema bimonetario, sino que involucra también definir qué lugar tendrán la industria, los servicios, el agro, la minería y la energía en el modelo de desarrollo que propone el Gobierno.