28 junio, 2026

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El fenómeno de los «trabajadores pobres»: precarización estructural y debates metodológicos en la medición de la pobreza

A pesar de la reciente baja en los índices oficiales de pobreza monetaria reportados por el Indec, mediciones de la UBA y la UCA advierten sobre la consolidación de un escenario complejo: el empleo ya no funciona como un mecanismo automático de protección frente a la vulnerabilidad económica.

La erosión del salario y el pluriempleo como estrategia

El mercado de trabajo en la Argentina enfrenta una transformación estructural donde la posesión de un empleo registrado o calificado no exime a los ciudadanos de caer bajo la línea de pobreza. Casos como el de Antonela, una administrativa de 37 años con estudios universitarios que debe recurrir al pluriempleo (desempeñar más de un trabajo) para cubrir sus costos fijos, ilustran un fenómeno creciente que los especialistas denominan «trabajadores pobres».

Según datos del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la capacidad de compra del ingreso medio laboral experimentó una contracción superior al 20% en el período comprendido entre 2010 y 2025. Esta pérdida real del poder adquisitivo explica por qué un segmento significativo de la población ocupada se encuentra en una situación de vulnerabilidad financiera, obligada a reconfigurar sus patrones de consumo y supervivencia económica.

Discrepancias metodológicas en los índices oficiales

La reciente publicación del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), que ubicó la tasa de pobreza en el 28% —el registro más bajo en los últimos siete años—, fue recibida con optimismo por la administración central. Desde el Ministerio de Economía se atribuyó este descenso al proceso de desinflación, al crecimiento de la actividad y al fortalecimiento de las asignaciones sociales directas.

No obstante, analistas del sector público y consultoras privadas sugieren evaluar estos resultados con cautela debido a factores metodológicos. Desde centros de investigación como Argendata-Fundar señalan que la medición de la pobreza monetaria en contextos de alta volatilidad de precios puede generar distorsiones teóricas. La metodología tradicional, que contrasta los ingresos del hogar con el costo de la Canasta Básica Total (CBT), tiende a sobrerrepresentar el incremento de la pobreza durante picos inflacionarios y a exagerar su descenso en fases de desaceleración de precios. Al corregir dichos sesgos estadísticos, los especialistas sostienen que la reducción real de la pobreza es moderada, sobre todo al contrastarla con el pico cercano al 53% registrado tras las medidas macroeconómicas de fines de 2023.

Segmentación del mercado: formalidad vs. informalidad

El impacto de la insuficiencia de ingresos no se distribuye de manera uniforme dentro del mapa laboral. El principal factor de vulnerabilidad reside en la precariedad y la falta de registro, un segmento que hoy abarca al 42% de la población ocupada según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

A partir de los relevamientos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) y de Fundar, es posible identificar cómo varía la incidencia de la pobreza según la inserción institucional del trabajador:

Categoría OcupacionalIncidencia de la PobrezaCaracterísticas Estructurales
Asalariados Formales10%Cuentan con aportes patronales y cobertura de seguridad social.
Trabajadores por Cuenta Propia27%Remuneración variable; alta brecha entre profesionales y baja calificación.
Asalariados InformalesSuperior al 33%Carecen de derechos laborales básicos; probabilidad de pobreza tres veces mayor.

El debilitamiento de la movilidad social ascendente —la expectativa de que las generaciones jóvenes superen el bienestar económico de sus progenitores— es una de las consecuencias más severas de esta dinámica. Informes de la UCA reflejan que el 40% de los encuestados percibe que su situación socioeconómica actual es inferior a la que tuvieron sus padres, consolidando un estancamiento estructural que excede las fluctuaciones mensuales de los indicadores de precios.