12 agosto, 2026

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Casi la mitad de los jóvenes de entre 18 y 29 años vive en condiciones de vulnerabilidad, según un informe de la UBA

Un estudio realizado por investigadores del Ciclo Básico Común (CBC) de la Universidad de Buenos Aires detectó que el 48,9% de los jóvenes argentinos atraviesa situaciones de vulnerabilidad. El 73% de las personas alcanzadas por esta problemática reside fuera del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).

Un informe elaborado por investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) expuso un escenario de vulnerabilidad que alcanza a casi la mitad de los jóvenes argentinos de entre 18 y 29 años.

Según el relevamiento, el 48,9% de los jóvenes incluidos en ese rango etario vive en condiciones de vulnerabilidad social. El estudio fue realizado entre diciembre de 2025 y enero de 2026 por un equipo del Ciclo Básico Común (CBC), en el marco del Proyecto de Investigación y Desarrollo en Áreas Estratégicas (PIDAE-UBA).

La investigación se llevó adelante a partir de 1.002 encuestas presenciales y permitió identificar que la problemática no está concentrada únicamente en las grandes ciudades o en el área metropolitana. Por el contrario, el 73% de los jóvenes en situación de vulnerabilidad relevados reside fuera del AMBA.

El trabajo fue dirigido por Felipe Vega Terra, director del CBC de la UBA, y utilizó cuestionarios estructurados para conocer diferentes aspectos de la realidad de los jóvenes, entre ellos sus condiciones de vida, sus creencias y sus expectativas de futuro.

Los resultados muestran que la vulnerabilidad juvenil no responde a un único factor, sino que se relaciona con dificultades que atraviesan simultáneamente la educación, el empleo, el acceso a la salud, la vivienda, la economía familiar y el bienestar emocional.

El fenómeno de los «Triple Ni»

Uno de los principales hallazgos del estudio es la identificación de un segmento denominado «Triple Ni».

La expresión hace referencia a jóvenes que no estudian, no trabajan y tampoco buscan empleo activamente. Según el informe, este grupo representa aproximadamente a un tercio de los jóvenes que se encuentran en situación de vulnerabilidad.

Los investigadores consideran que este sector enfrenta una situación especialmente compleja porque se encuentra alejado de los principales espacios de integración social.

Juan Cruz Esquivel, director de la investigación e investigador principal del CONICET, explicó que, aunque se trata de una minoría dentro del universo de jóvenes vulnerables, constituye una franja particularmente expuesta al aislamiento.

Según su análisis, son jóvenes que se encuentran alejados de redes de pertenencia, reconocimiento e integración social, lo que puede profundizar las dificultades para acceder a oportunidades educativas y laborales.

El informe también señala que el 30,6% de los jóvenes relevados se encuentra desempleado. Sin embargo, dentro de ese grupo, solamente cuatro de cada diez realizan una búsqueda activa de trabajo.

Para los investigadores, la falta de búsqueda laboral constituye un elemento relevante porque profundiza la desconexión con los mecanismos tradicionales de integración social y económica.

Trabajo: alta ocupación, pero con informalidad

La situación laboral representa otro de los puntos centrales del informe.

El 70% de los jóvenes incluidos en el relevamiento tiene algún tipo de ocupación. Sin embargo, tener un trabajo no significa necesariamente contar con estabilidad o condiciones laborales adecuadas.

El estudio advierte que una parte importante de esas actividades se desarrolla en condiciones de informalidad y precariedad.

Los principales sectores en los que trabajan estos jóvenes son el comercio, la construcción y las tareas de cuidado.

Esta situación implica que muchos de ellos tienen dificultades para acceder a derechos asociados al empleo registrado, como cobertura de salud, aportes previsionales y mayor estabilidad en sus ingresos.

La combinación entre empleo precario e ingresos insuficientes aparece así como uno de los factores que contribuyen a sostener las condiciones de vulnerabilidad.

El acceso a la salud también está condicionado

La precariedad laboral tiene consecuencias directas sobre el acceso a la cobertura sanitaria.

De acuerdo con el informe, el 78% de los jóvenes encuestados no cuenta con una cobertura de salud privada ni con una obra social.

En la práctica, esto significa que la mayoría depende exclusivamente del sistema público de salud para acceder a consultas, tratamientos y atención médica.

El dato adquiere especial relevancia porque la falta de cobertura se suma a otras condiciones de vulnerabilidad y limita las alternativas disponibles para quienes necesitan atención sanitaria.

Educación: seis de cada diez no terminaron el secundario

El nivel educativo constituye otro de los principales factores asociados a la vulnerabilidad juvenil.

Según la investigación, seis de cada diez jóvenes que se encuentran en esta situación no completaron sus estudios secundarios.

Solo el 32,8% cuenta con el título de nivel medio, mientras que apenas el 6,7% cursó estudios terciarios o universitarios.

Para los investigadores, el abandono temprano de la escuela tiene consecuencias que se extienden hacia la vida laboral. La falta de finalización de la educación secundaria puede dificultar el acceso a empleos formales y estables, generando trayectorias laborales marcadas por la precariedad.

A pesar de este escenario, existe una valoración positiva de la educación entre los propios jóvenes. El 87,5% de los encuestados considera que estudiar podría permitirles mejorar su calidad de vida.

El dato refleja una contradicción: aunque la mayoría reconoce la educación como una herramienta para progresar, una proporción importante no logró completar el nivel secundario ni acceder a estudios superiores.

La situación habitacional y la economía familiar

Las condiciones de vivienda también forman parte del panorama de vulnerabilidad identificado por el estudio.

El 46,2% de los jóvenes relevados vive en hogares integrados por cinco o más personas. Esto implica que casi la mitad reside en grupos familiares numerosos, lo que puede aumentar las dificultades económicas y la necesidad de compartir recursos.

En contraste, apenas el 2,9% conforma hogares monoparentales.

En cuanto a la maternidad y paternidad, el 56,3% de los jóvenes encuestados no tiene hijos. Sin embargo, un 20% tiene dos o más hijos a cargo.

La presencia de hijos puede modificar de manera significativa la organización cotidiana y reducir el tiempo disponible para estudiar o capacitarse, además de aumentar las responsabilidades económicas y familiares.

A esto se suma una dificultad directamente vinculada con los ingresos: el 57% de los jóvenes en situación de vulnerabilidad aseguró que el dinero que obtiene no le alcanza para llegar a fin de mes.

El dato muestra que la vulnerabilidad no se limita a la falta de empleo, sino que también alcanza a quienes trabajan pero no logran generar ingresos suficientes para cubrir sus necesidades.

La salud mental aparece como otro factor de preocupación

El estudio también relevó el estado emocional de los jóvenes y encontró indicadores que los investigadores consideran preocupantes.

Más del 70% de los encuestados manifestó experimentar de manera frecuente problemas relacionados con los nervios o la ansiedad.

A su vez, la mitad expresó sentimientos vinculados con el desgano o la depresión.

También aparecieron dificultades para dormir y episodios de tristeza persistente, situaciones que pueden afectar el desarrollo personal, educativo y laboral.

Otro de los datos relevados está relacionado con el consumo de sustancias. El 30% de los jóvenes consultados manifestó tener dificultades para controlar el consumo de alcohol, cigarrillos o drogas.

Según el informe, esta problemática tiende a intensificarse entre quienes atraviesan los niveles más elevados de vulnerabilidad social.

De esta manera, las dificultades económicas, educativas y laborales se combinan con problemas vinculados al bienestar emocional, generando un escenario de mayor complejidad para una parte de la población joven.

Las expectativas de futuro siguen presentes

A pesar de las dificultades identificadas, el informe también muestra que los jóvenes mantienen aspiraciones vinculadas con el progreso personal.

Los investigadores detectaron una distancia creciente entre aquello que los jóvenes desean para su futuro y los recursos que tienen disponibles para alcanzar esos objetivos.

Para los próximos cinco años, la principal meta para el 31,9% de los encuestados es conseguir un trabajo o mejorar el empleo que ya tiene.

La búsqueda de una vivienda propia aparece como el segundo objetivo más mencionado, con el 29,8% de las respuestas.

En cambio, formar una familia ocupa un lugar menos prioritario dentro de las expectativas inmediatas: solamente el 4,8% señaló este objetivo como una de sus principales prioridades.

Los resultados permiten observar que, pese a las dificultades actuales, las expectativas de progreso no desaparecieron. El principal desafío señalado por el estudio es la brecha entre esas aspiraciones y las posibilidades concretas que tienen los jóvenes para alcanzarlas.

Una vulnerabilidad que atraviesa distintas dimensiones

El informe de la UBA plantea un escenario en el que la vulnerabilidad juvenil se manifiesta de manera multidimensional.

El dato central es que casi la mitad de los jóvenes de entre 18 y 29 años relevados se encuentra en condiciones de vulnerabilidad, pero detrás de ese porcentaje aparecen diferentes problemáticas que se relacionan entre sí.

La falta de finalización de los estudios secundarios puede limitar las oportunidades laborales. La informalidad dificulta el acceso a una cobertura de salud y genera ingresos menos estables. A su vez, la falta de recursos económicos puede afectar las posibilidades de estudiar, acceder a una vivienda o proyectar una trayectoria laboral.

En paralelo, los problemas de ansiedad, desgano, depresión y consumo de sustancias agregan otra dimensión a la situación.

El hecho de que el 73% de los jóvenes vulnerables identificados viva fuera del AMBA también muestra que el fenómeno tiene alcance nacional y no puede ser explicado únicamente por las condiciones de vida de los grandes centros urbanos.

El estudio, basado en más de mil encuestas presenciales, busca así aportar una mirada sobre una generación que mantiene expectativas de mejorar su situación, pero que enfrenta obstáculos concretos para transformar esas aspiraciones en proyectos sostenibles de educación, empleo, vivienda y bienestar.