El debilitamiento del Jefe de Gabinete altera la estrategia de La Libertad Avanza para 2027. La senadora capitaliza su volumen político y territorial frente a un oficialismo que recalcula su oferta en el distrito porteño.
La crisis de legitimidad que atraviesa Manuel Adorni —el denominado «Adornigate»— no solo impacta en la línea de flotación de la Jefatura de Gabinete, sino que ha disparado un proceso de reordenamiento preventivo en el bastión histórico del PRO: la Ciudad de Buenos Aires. Con la figura del vocero herida por cuestionamientos patrimoniales, Patricia Bullrich emerge como el activo con mayor densidad política para liderar el desembarco libertario en 2027. El desplazamiento del tablero sugiere una transición desde el perfil mediático-digital de Adorni hacia el «orden y gestión» que encarna la exministra de Seguridad.
El trasfondo de esta interna revela una disparidad técnica en el capital electoral. Mientras Bullrich ostenta un piso de legitimidad consolidado en las últimas nacionales (50,29% de los votos en CABA), la proyección de Adorni —auspiciada originalmente por Karina Milei— se sostenía en un 26% de intención de voto que hoy parece difícil de retener. Para el análisis político, la senadora aporta un componente del que carece la estructura pura de LLA: experiencia en la articulación parlamentaria y un control territorial basado en el capital simbólico de la «seguridad», un eje central para el votante porteño de derecha.
Sin embargo, el ascenso de Bullrich como potencial candidata a Jefa de Gobierno no está exento de tensiones con la Casa Rosada. En las mesas de arena oficiales, la autonomía de la senadora despierta desconfianza; su capacidad de «saltar el cerco» y construir una alternativa política de derecha sin dependencia exclusiva de Javier Milei es un riesgo que el entorno presidencial monitorea con cautela. La descalificación sutil de Bullrich hacia Adorni («no tiene el cuero tan duro como yo») marca el inicio de una etapa de mayor asertividad frente a los cuadros propios del partido violeta.
A nivel estructural, la disputa también expone la fragilidad de la construcción partidaria de LLA en la Ciudad, donde el intento de desplazar a Bullrich mediante figuras como Pilar Ramírez ha generado cortocircuitos internos. La senadora ya ha marcado sus condiciones innegociables: sinceridad en los acuerdos y el cese de los operativos de prensa cruzados. En un escenario donde el oficialismo nacional sufre el desgaste de una inflación persistente, Bullrich se posiciona no solo como una aliada, sino como una alternativa de poder con estructura propia.
El informe que Adorni presentará en el Congreso el próximo 29 será el termómetro definitivo de su supervivencia política. No obstante, el daño reputacional ya parece haber despejado el camino para que Bullrich consolide su liderazgo en la Ciudad. La pregunta que queda abierta en el círculo libertario es si el oficialismo aceptará ceder el control del distrito a una figura con peso propio o si intentará una nueva apuesta por un cuadro «puro» antes de que los plazos electorales se vuelvan perentorios.

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