Especialistas advierten que tanto dormir poco como en exceso puede generar problemas físicos y mentales.
Dormir bien no solo es una cuestión de descanso, sino un pilar clave para la salud. Expertos de la Mayo Clinic y la Sleep Health Foundation coinciden en que respetar las horas recomendadas es fundamental para el equilibrio del organismo.
El descanso insuficiente es uno de los problemas más extendidos en la vida moderna. Dormir menos de siete horas por noche de forma habitual puede tener consecuencias directas sobre el cuerpo y la mente.
Entre los efectos más preocupantes se encuentran el aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares, como infartos o accidentes cerebrovasculares, así como trastornos metabólicos como la diabetes tipo 2. Además, impacta de lleno en la salud mental, favoreciendo cuadros de ansiedad, depresión y estrés crónico.
A corto plazo, la falta de sueño se traduce en cansancio, irritabilidad y dificultades para concentrarse. Sin embargo, cuando se vuelve crónica, puede afectar la memoria, debilitar el sistema inmunológico y alterar el funcionamiento hormonal, generando incluso cambios en el peso corporal.
Pero dormir de más tampoco es saludable. Los especialistas advierten que exceder de manera habitual las horas recomendadas puede estar asociado a problemas como fatiga persistente, menor rendimiento cognitivo y mayor riesgo de enfermedades crónicas. También puede ser un indicador de trastornos subyacentes, como depresión o alteraciones del sueño.
En este sentido, el equilibrio es clave. Las necesidades de descanso varían según la edad y el momento de la vida, pero mantenerse dentro de los rangos recomendados ayuda a mejorar la calidad de vida y prevenir enfermedades.
CUÁNTAS HORAS HAY QUE DORMIR SEGÚN LA EDAD:
- Bebés (4 a 12 meses): 12 a 16 horas
- Niños (1 a 2 años): 11 a 14 horas
- Niños (3 a 5 años): 10 a 13 horas
- Niños (6 a 12 años): 9 a 12 horas
- Adolescentes: 8 a 10 horas
- Adultos: 7 a 9 horas
- Adultos mayores: 7 a 8 horas
Respetar los tiempos de descanso no es un lujo, sino una necesidad biológica que impacta directamente en la salud integral.

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