28 junio, 2026

ADN Bonaerense

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La interna descontrolada que el gobierno no puede apagar

Los cruces públicos entre el asesor Santiago Caputo y el sector de los Menem exponen las fracturas en el esquema de poder libertario, con acusaciones cruzadas por cajas estatales y una creciente tensión que paraliza la gestión.

El trasfondo de la crisis política que sacude las bases de La Libertad Avanza excede la superficie de una simple disputa digital en redes sociales. Detrás de los cruces verbales y las chicanas virtuales entre el asesor presidencial Santiago Caputo y el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, opera una puja estructural por el control de las decisiones estratégicas del Estado y la influencia directa sobre el Presidente.

Las acusaciones cruzadas entre las terminales de poder del oficialismo revelan un escenario de fragmentación severa. Desde el sector vinculado a los Menem se señala a Caputo por el manejo discrecional de contratos estatales y concesiones millonarias. En la vereda opuesta, el entorno del asesor apunta contra el jefe de la Cámara Baja por presuntos acuerdos territoriales espurios y operaciones con sectores de la justicia, lo que complejiza aún más la dinámica de gobernabilidad.

Esta tendencia a la confrontación abierta ya arroja su primera consecuencia concreta en el organigrama oficial. La renuncia de Federico Angelini en el Ministerio de Seguridad no es un hecho aislado, sino el reflejo de cómo la interna impacta en los cuadros técnicos y ministeriales. A esto se suma la vulnerabilidad del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, cercado por presiones presupuestarias y cuestionamientos patrimoniales que provienen tanto de la oposición como del propio núcleo aliado.

La profundidad del conflicto se mide también por la irrupción de actores satélites y antiguos aliados que salieron a validar las denuncias de aislamiento del mandatario. Las declaraciones de figuras como Ramiro Marra y Agustín Laje, quienes coincidieron en que existen sectores que «le mienten al Presidente», aportan datos que corroboran que el malestar no se limita a despachos aislados, sino que afecta la cohesión ideológica del espacio.

Bajo esta perspectiva, el próximo encuentro de gabinete se perfila como un punto de inflexión para la administración central. La capacidad del Ejecutivo para contener las filtraciones, disciplinar a las facciones en disputa y reorientar la agenda pública determinará si esta crisis es un reordenamiento transitorio o el inicio de una parálisis política de mayores proporciones en la conducción del Estado.