Las proyecciones de la Cepal y organismos de Naciones Unidas anticipan un escenario climático de fuerte impacto económico para América Latina y el Caribe. Un episodio extremo de El Niño podría restar al menos un 2% del PIB regional en tres años, sumar 4,8 millones de personas a la pobreza antes de 2030 y generar dificultades en sectores como la agricultura, la pesca y la energía.
América Latina y el Caribe se preparan para enfrentar los posibles efectos de un “Súper El Niño”, un fenómeno climático excepcionalmente intenso que, según estimaciones de la Cepal, podría generar un impacto acumulado de al menos 2% del PIB regional durante un período de tres años.
El organismo calcula que solamente durante el primer año la actividad económica podría retroceder alrededor de 1%, mientras que las consecuencias sociales también serían significativas. Las proyecciones contemplan que 4,8 millones de personas adicionales podrían caer en la pobreza antes de 2030 como consecuencia de los efectos del fenómeno.
El impacto no se limitaría a las variables económicas. La energía, la agricultura y la pesca aparecen entre las actividades que podrían sufrir mayores alteraciones como consecuencia de los cambios en las temperaturas, las precipitaciones y la disponibilidad de agua.
Qué significa un “Súper El Niño”
El concepto de “Súper El Niño” no cuenta con un umbral oficial único, aunque suele utilizarse para identificar episodios particularmente severos del fenómeno. En estos casos, las anomalías en la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial pueden superar los 2,25 °C.
Entre los antecedentes considerados como algunos de los episodios más intensos se encuentran los registrados durante 1982/83, 1997/98 y 2015/16.
Para la Cepal, uno de los principales factores para reducir las consecuencias económicas y sociales será actuar antes de que el fenómeno alcance su máxima intensidad, prevista para el último trimestre de 2026.
El secretario ejecutivo de la Cepal, José Manuel Salazar-Xirinachs, destacó la importancia de anticiparse al deterioro de las condiciones climáticas en lugar de esperar a que se declare una emergencia.
“Las respuestas adoptadas una vez declarada la emergencia son considerablemente más costosas que las medidas preventivas basadas en una adecuada anticipación”, sostuvo Salazar-Xirinachs.
Y agregó: “Es imperativo pasar de una respuesta posterior a las pérdidas a una gestión anticipatoria del riesgo climático”.
Un impacto diferente según cada región
Los efectos de El Niño no serán iguales en todos los países de América Latina. La Cepal advierte que las consecuencias dependerán de las condiciones geográficas y climáticas de cada zona.
En Ecuador y Perú, por ejemplo, se esperan lluvias extremas e inundaciones asociadas con incrementos de hasta 8 °C en la temperatura del mar.
En el norte de Sudamérica, particularmente en Colombia, Venezuela y Brasil, el escenario sería diferente, con riesgo de fuertes sequías, olas de calor e incendios.
En el Cono Sur, el panorama contempla un aumento de las precipitaciones en Uruguay, el sur de Brasil, el norte de Argentina y el centro de Chile. Este incremento elevaría el riesgo de inundaciones fluviales generalizadas.
Las diferencias también aparecen al medir el impacto sobre la economía. En un escenario extremo, Ecuador y Perú podrían sufrir una contracción del 4,1% de su PBI, mientras que las caídas proyectadas serían menores en Chile, con 0,5%, y Costa Rica, con 0,4%.
Energía: otro de los sectores más expuestos
El sistema energético regional aparece entre los principales puntos de vulnerabilidad frente a El Niño. La razón está relacionada con la fuerte dependencia de la generación hidroeléctrica que tienen algunos países de América Latina y el Caribe.
Según la Cepal, en determinadas naciones la energía hidroeléctrica representa hasta el 70% de la matriz eléctrica.
Los antecedentes muestran la magnitud que puede alcanzar el problema. Durante fines de 2024, Ecuador llegó a atravesar cortes de electricidad de hasta 12 horas diarias, mientras que Colombia registró importantes incrementos en las tarifas eléctricas.
A esta vulnerabilidad se suma el envejecimiento de parte de la infraestructura. El consumo energético de la región aumentó 75% en los últimos 20 años, mientras que la mitad de las centrales hidroeléctricas tiene más de 30 años de antigüedad.
El fenómeno climático podría generar una combinación particularmente compleja para ese sistema. Las olas de calor pueden provocar picos de demanda en las ciudades, los incendios forestales pueden afectar las redes de transmisión y las modificaciones en los regímenes de viento pueden reducir la generación eólica.
Pesca y agricultura, bajo presión
La pesca también aparece entre las actividades con mayor exposición. La Cepal identifica al Pacífico sudoriental como una de las regiones pesqueras más vulnerables ante episodios extremos de El Niño.
La dependencia de especies cuya presencia está vinculada con la temperatura del agua y la disponibilidad de nutrientes incrementa la exposición del sector a las alteraciones ambientales.
El antecedente de 1997/1998 permite dimensionar el impacto: durante aquel episodio extremo, las capturas pesqueras cayeron 26,9%. Por ese motivo, la Cepal anticipa posibles pérdidas económicas importantes para Perú, Chile y Ecuador.
La agricultura también enfrentará consecuencias. Las sequías pueden reducir la disponibilidad de agua y afectar tanto los cultivos como los pastizales, con efectos sobre los ingresos de las zonas rurales, la producción ganadera y la seguridad alimentaria.
La FAO advierte además sobre un elevado riesgo de sequía en Centroamérica y el Caribe, donde amplias zonas agrícolas presentan más de 70% de probabilidades de registrar déficits de precipitaciones.
El escenario aparece especialmente delicado para Cuba, República Dominicana y Haití.
En Perú y Ecuador, en tanto, el impacto sobre la producción agropecuaria será heterogéneo, con sectores afectados alternativamente por sequías y lluvias intensas.
En contraste, el norte argentino y Uruguay podrían registrar precipitaciones superiores al promedio. Este escenario favorecería los cultivos y, al mismo tiempo, abriría posibilidades comerciales para abastecer a mercados que enfrenten reducciones en su producción.
Asia, otra zona bajo amenaza
Las proyecciones sobre la evolución de El Niño también generan preocupación fuera de América Latina. Las señales apuntan a un episodio que podría alcanzar niveles récord y provocar una sequía severa en Asia, con consecuencias potenciales sobre la seguridad alimentaria mundial.
El fenómeno podría generar una combinación de olas de calor, sequías e inundaciones de gran magnitud, alterando las condiciones climáticas en regiones estratégicas de Sudamérica, África y Asia.
Dentro de este escenario, el Sudeste Asiático aparece como una de las zonas más expuestas. La situación se suma a las dificultades generadas por la tensión energética global derivada del conflicto en Irán.
El avance de El Niño puede favorecer la expansión de incendios forestales en áreas agrícolas, reducir las reservas de agua potable de grandes ciudades y generar caídas importantes en la actividad pesquera.
A su vez, los gobiernos de distintos países asiáticos cuentan con menor margen financiero para responder al impacto. Las arcas públicas ya enfrentan dificultades vinculadas con los efectos de la guerra sobre las tarifas energéticas y el precio de los fertilizantes.
La proximidad del pico del fenómeno, estimado para diciembre, agrega presión sobre la capacidad de respuesta.
Para Paul Teng, del Instituto ISEAS-Yusof Ishak de Singapur, El Niño podría profundizar otros problemas que ya enfrenta la región.
“El Niño sólo está agravando todos los demás problemas que vemos”, señaló.
El riesgo para la seguridad alimentaria mundial
La intensidad prevista del fenómeno se produce, además, en un contexto climático particularmente exigente. Durante agosto se registraron temperaturas oceánicas récord y valores superiores al promedio, mientras continúa el efecto acumulado del calentamiento global.
De acuerdo con el servicio nacional de meteorología y clima del Reino Unido, el fenómeno en proceso de intensificación podría convertirse en el “más fuerte que se recuerde”.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) también estimó que existe un 69% de probabilidad de que se trate del episodio de El Niño más intenso desde el comienzo de las mediciones, en 1950.
El impacto podría extenderse directamente a la seguridad alimentaria. Según el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas, las alteraciones climáticas asociadas con El Niño tienen el potencial de llevar a 49 millones de personas a una situación de inseguridad alimentaria aguda para finales de 2027.
Entre las zonas consideradas más expuestas aparecen Centroamérica y el sur de África, además de sectores del este africano y del sur y sudeste de Asia.
Indonesia ya enfrenta los primeros efectos
En el Sudeste Asiático, los efectos del fenómeno ya se observan en algunas regiones. Los incendios que afectan bosques y turberas de Indonesia generaron una extensa capa de neblina tóxica sobre distintos puntos de la región.
Al mismo tiempo, la sequía está reduciendo las reservas de agua en Yakarta, lo que genera preocupación por el abastecimiento de la ciudad.
El descenso del nivel de un embalse dejó al descubierto las ruinas de una de las 11 aldeas que habían quedado bajo el agua cuando se construyó la represa. Mientras el lago continúa perdiendo volumen, aumenta la preocupación por la necesidad de encontrar fuentes alternativas de agua para una ciudad de 42 millones de habitantes.
“Hubiera preferido no mudarme. Aquí había muchas oportunidades para ganarse la vida”, relató Hussen mientras trasladaba personas a través del embalse que continúa retrocediendo.
Para Erma Yulihastin, investigadora del Centro de Investigación sobre Clima y Atmósfera de Indonesia, la situación representa apenas el comienzo. La especialista advirtió que El Niño todavía está iniciando su denominada “superfase”.

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