27 septiembre, 2026

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La economía preocupa cada vez más: desempleo, salarios y deudas alimentan la incertidumbre

Un relevamiento de la UBA muestra un cambio en las principales preocupaciones económicas de los argentinos: los bajos salarios y el desempleo desplazaron a la inflación. Seis de cada diez personas califican negativamente la situación actual y más de la mitad atraviesa dificultades vinculadas con deudas o ingresos insuficientes.

La situación económica continúa ocupando un lugar central entre las preocupaciones de los argentinos, pero el motivo de ese malestar comenzó a modificarse. Mientras la inflación perdió protagonismo dentro de las principales inquietudes, los bajos salarios y el desempleo pasaron a ocupar los primeros lugares.

Los bajos ingresos fueron señalados por el 63,1% de los consultados, mientras que el desempleo alcanzó al 61%. Al mismo tiempo, el impacto de las dificultades económicas comenzó a trasladarse con fuerza al plano personal: el 55,9% afirmó atravesar una crisis económica relacionada con deudas o ingresos insuficientes.

Los datos forman parte del Termómetro Psicosocial y Económico N° 4, elaborado por el Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

El relevamiento incluyó 1.181 casos del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y fue realizado entre el 4 y el 11 de septiembre de 2026, con un margen de error de ±3%.

Los resultados muestran que la preocupación económica no queda limitada a la capacidad de consumo o a la situación financiera de los hogares. También aparece relacionada con el estado de ánimo, la percepción del futuro y el nivel de incertidumbre que atraviesan las personas.

La inflación pierde protagonismo frente a los salarios y el empleo

Uno de los cambios que registra el estudio está relacionado con el orden de las preocupaciones económicas.

Los bajos salarios, mencionados por el 63,1% de los encuestados, y el desempleo, señalado por el 61%, pasaron a ocupar los primeros lugares.

La inflación, que durante distintos períodos había sido uno de los principales problemas identificados por la población, perdió protagonismo frente a cuestiones vinculadas directamente con los ingresos y el acceso al empleo.

El resultado permite observar que el malestar económico no está relacionado únicamente con el nivel general de precios, sino también con la capacidad de los hogares para sostener sus ingresos y afrontar sus gastos cotidianos.

Esa situación se refleja además en el nivel de endeudamiento y en las dificultades que manifiestan los consultados para llegar a fin de mes.

La incertidumbre aparece como la principal emoción

El impacto de la situación económica también se refleja en el estado de ánimo.

Nueve de cada diez personas consultadas consideraron que los problemas económicos tienen mucha o bastante importancia en relación con su salud mental.

Entre las personas que tienen deudas, esa proporción aumenta hasta el 93%.

Cuando los participantes fueron consultados sobre las emociones que experimentan frente al escenario actual, la incertidumbre fue la respuesta más mencionada, con un 43%.

Le siguieron la angustia, con 40%; el hartazgo, con 33%; y el temor al futuro, con 30%.

El relevamiento señala además que nueve de los diez estados emocionales más mencionados fueron negativos.

La incertidumbre también alcanzó el nivel promedio de intensidad más elevado, con 4 puntos sobre 5. La preocupación obtuvo 3,6 puntos y la ansiedad, 3,4.

De esta manera, el estudio identifica dos dimensiones que aparecen al mismo tiempo: el desgaste provocado por las dificultades actuales y la falta de certezas respecto de lo que pueda ocurrir en el futuro.

Seis de cada diez tienen una mirada negativa sobre la economía

La evaluación que realizan los consultados sobre la situación económica actual tampoco resulta favorable.

El 60,6% calificó negativamente el escenario económico del país.

A su vez, el 53% consideró que la situación no mejorará durante los próximos doce meses.

La percepción sobre el bienestar personal también refleja esa mirada negativa. El 57% afirmó sentirse peor que un año atrás en términos de bienestar general, mientras que apenas el 27% manifestó haber experimentado una mejora.

Las expectativas hacia adelante mantienen una tendencia similar.

El 45% de los participantes se declaró algo o muy pesimista respecto de su situación económica dentro de un año.

En contraste, el 31% expresó una mirada optimista.

Los datos muestran así que el deterioro de la percepción económica no se limita a la evaluación del presente. También alcanza la manera en que una parte importante de la población imagina su situación durante los próximos meses.

El endeudamiento como herramienta para afrontar los gastos

El endeudamiento aparece como otro de los componentes centrales del escenario relevado.

El 62% de los encuestados declaró tener algún tipo de deuda con el sistema financiero, ya sea mediante préstamos, tarjetas de crédito o hipotecas.

Dentro de ese grupo, el 28% se consideró bastante o muy endeudado.

El motivo por el cual se contrajo esa deuda también permite observar las dificultades económicas de los hogares.

Entre las personas que tienen compromisos financieros, el 57% afirmó haberse endeudado para poder llegar a fin de mes. Dentro de ese grupo aparecen gastos relacionados con alimentos y otras necesidades cotidianas.

Además, el 33% utilizó deuda para afrontar servicios, impuestos, expensas o alquileres, mientras que otro 30% recurrió al endeudamiento para cancelar obligaciones anteriores.

Esto muestra que el crédito o las distintas formas de financiamiento no aparecen únicamente vinculados con compras o proyectos de largo plazo, sino también con la necesidad de cubrir gastos corrientes.

La deuda también afecta el descanso y el bienestar

El peso del endeudamiento también se refleja en el estado emocional de quienes mantienen obligaciones financieras.

El 53% de las personas endeudadas aseguró que las deudas le generan ansiedad, angustia o problemas para dormir.

La relación entre la situación financiera y el bienestar se vuelve todavía más marcada cuando existen dificultades concretas para cumplir con los pagos.

Entre quienes no saben cómo harán para pagar sus deudas, el 98% consideró que los problemas económicos tienen mucha o bastante importancia sobre su salud mental.

Entre aquellos que creen que directamente no podrán cancelar sus compromisos, esa proporción llega al 100%.

Los resultados muestran así una relación entre el grado de dificultad para afrontar las obligaciones financieras y la importancia que las personas atribuyen al impacto económico sobre su bienestar.

La situación económica atraviesa el estado de ánimo

El estudio también analizó cuánto influye la situación económica sobre el estado emocional de las personas.

El 88% de los consultados afirmó que su situación económica personal influye mucho o algo en su estado de ánimo.

La situación socioeconómica general del país también tiene un peso importante: el 83% señaló que influye mucho o algo sobre cómo se siente.

El problema, por lo tanto, aparece en dos niveles.

Por un lado, está la situación económica concreta de cada hogar, determinada por sus ingresos, sus gastos y sus deudas.

Por otro, aparece la percepción sobre el escenario general del país, que influye en las expectativas y en la manera en que las personas proyectan su futuro.

El futuro laboral y los proyectos personales, entre los principales temores

Las preocupaciones identificadas por el relevamiento tampoco están limitadas a la posibilidad de cubrir los gastos del presente.

Entre los principales temores aparecen el futuro laboral, las dificultades para llegar a fin de mes y la posibilidad de no poder concretar proyectos personales o familiares.

De esta manera, el impacto económico se proyecta hacia adelante y se relaciona con la posibilidad de planificar.

El resultado general combina dos dimensiones: el agotamiento provocado por las dificultades acumuladas y la incertidumbre sobre el futuro económico.

El informe resume ese escenario a partir de la idea de un presente marcado por el desgaste y de un futuro que no aparece para una parte importante de los consultados como un punto firme sobre el cual apoyarse.