27 septiembre, 2026

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América es la única región donde aumentan los suicidios: cuáles son los factores detrás del fenómeno

Desde 2000, la tasa de mortalidad por suicidio creció más de un 17% en las Américas, mientras que en otras regiones del mundo la tendencia fue descendente. Desigualdades sociales, dificultades de acceso a la salud mental, violencia, consumo de alcohol y el impacto de la pandemia aparecen entre los factores asociados.

La región de las Américas atraviesa una situación particular frente al suicidio: desde el año 2000, es la única zona del mundo donde la tasa de mortalidad por esta causa mantiene una tendencia ascendente. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el incremento superó el 17% en dos décadas.

La problemática también tiene una dimensión personal y familiar. Alberto Fernández Mateos tenía 29 años en 1991 cuando su madre murió por suicidio. Durante su vida, atravesó un largo proceso de duelo y posteriormente se formó como voluntario en distintas organizaciones vinculadas con la prevención. Con el tiempo creó una fundación de grupos de ayuda mutua para abordar esta problemática.

Entre 2000 y 2021, la tasa de mortalidad por suicidio en las Américas pasó de 7,8 a 9,2 muertes cada 100.000 habitantes. En el mismo período, la cantidad de fallecimientos por esta causa aumentó de 63.097 a 100.760.

Sin embargo, la evolución no fue igual en todos los países. Mientras algunas naciones registraron incrementos, otras lograron reducir sus tasas o mantenerlas estables.

Los factores que explican el aumento en las Américas

De acuerdo con fuentes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), existen múltiples factores sociales, económicos y vinculados con la salud que están asociados con el incremento de la mortalidad por suicidio en la región.

Entre ellos aparecen el consumo de alcohol, las desigualdades educativas, el desempleo, la violencia, la densidad poblacional y el nivel de inversión en salud.

A estos elementos se suma la brecha en el acceso a los servicios de salud mental. Según la OPS, entre el 70% y el 80% de las personas que necesitan este tipo de atención no reciben asistencia de manera oportuna.

Otro aspecto que genera especial preocupación es el crecimiento sostenido de la mortalidad entre adolescentes y adultos jóvenes. También continúa bajo análisis el impacto de la pandemia de Covid-19 y las dificultades para restringir el acceso a medios letales en algunos países.

El suicidio continúa siendo un tema atravesado por estigmas, silencios y mitos. Sin embargo, organismos internacionales y especialistas sostienen que hablar de salud mental y de pensamientos suicidas de manera responsable no incrementa el riesgo, sino que puede contribuir a la prevención.

“Lo que no se dice y se esconde no se puede controlar. Cuando uno tiene este tipo de pensamientos, es mejor ponerlos sobre la mesa”, sostiene Fernández Mateos, fundador de “Hablemos de Suicidio”, una organización argentina sin fines de lucro que desde 2022 acompaña a personas con pensamientos suicidas y a familiares de víctimas.

Según los datos disponibles hasta 2021, Guyana, Surinam y Uruguay presentaban las tasas estandarizadas por edad más elevadas de América Latina y el Caribe, con más de 20 muertes cada 100.000 habitantes. En cuarto lugar se encontraba Estados Unidos, con una tasa de 13,4.

La psicóloga clínica Susana Quagliata, especialista en prevención del suicidio y docente de la Universidad de la República de Uruguay, vincula las tendencias de la región con un deterioro de las condiciones de salud y calidad de vida.

En Uruguay, por ejemplo, la tasa de suicidios aumentó entre 2014 y 2024, al pasar de 17,4 a 21,35%, de acuerdo con las Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud Pública de ese país.

Quagliata también señala entre los factores asociados las deficiencias en las políticas públicas y sanitarias, la violencia social, la desprotección de mujeres, niños, niñas y adolescentes y la falta de oportunidades para modificar las condiciones sociales y económicas.

La OPS, además, advierte que muchas estrategias nacionales de prevención comenzaron a implementarse recientemente, en su mayoría desde 2018. Por ese motivo, en numerosos países todavía no es posible evaluar completamente su impacto sobre las tasas de mortalidad.

“No estamos llegando a tiempo”, plantea Quagliata, quien destaca el papel que pueden tener las estrategias preventivas basadas en el diálogo y la escucha.

La especialista advierte que, sin información responsable, campañas de sensibilización y respuestas adecuadas a la demanda social, la problemática puede continuar creciendo como consecuencia de la acumulación de sufrimiento, duelos complejos y problemas de salud mental.

La situación entre niños, adolescentes y jóvenes

El incremento de los suicidios entre personas de entre 10 y 24 años constituye uno de los principales focos de preocupación para la OPS.

Según un estudio publicado en The Lancet Regional Health–Americas, basado en datos de las Estimaciones Mundiales de Salud de la OMS, la mortalidad por suicidio en ese grupo etario aumentó un 38% entre 2000 y 2021.

El suicidio se convirtió en la tercera causa de muerte entre niños, adolescentes y jóvenes de esas edades en las Américas. Si bien tres de cada cuatro fallecimientos corresponden a varones, el incremento de la tasa fue más acelerado entre las mujeres.

Los factores de riesgo tradicionales continúan presentes, pero el contexto social de las nuevas generaciones también experimentó cambios importantes.

La OPS señala que existe evidencia sobre el posible vínculo entre determinados factores relacionados con los entornos digitales y la problemática, entre ellos el uso intensivo de redes sociales, el ciberacoso y la exposición a contenidos potencialmente perjudiciales.

También aparecen los problemas de salud mental, incluidos los trastornos de depresión y ansiedad que se presentan a edades cada vez más tempranas, además del consumo de sustancias, la presión social y el acceso a medios letales en determinados países.

A este escenario se sumó la pandemia de Covid-19, que produjo aislamiento, incertidumbre, alteraciones en los vínculos sociales y consecuencias que todavía son objeto de estudio.

La psicóloga e investigadora de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires, Martina Fernández Raone, señala que numerosos especialistas relacionan parte del incremento registrado después de la pandemia, especialmente entre adolescentes y jóvenes, con las consecuencias de la emergencia sanitaria.

En Argentina, los suicidios aumentaron un 22,6% en 2025 respecto del año anterior, según datos del Ministerio de Seguridad Nacional. Además, desde 2023 constituyen la principal causa de muerte violenta en el país, por encima de los fallecimientos provocados por accidentes de tránsito.

Fernández Raone sostiene que la población infantojuvenil puede encontrarse especialmente condicionada por las situaciones sociales e históricas y por su estrecha relación con los ámbitos familiar, educativo y social.

El aislamiento durante la pandemia, la desvinculación de los espacios escolares, la alteración de los vínculos, la exposición prolongada a pantallas, la angustia, el duelo por personas cercanas y la incertidumbre sobre el futuro generaron, en algunos casos, respuestas problemáticas.

Entre ellas se encuentran los consumos problemáticos, las autolesiones y los intentos de suicidio.

La especialista considera que, aunque la emergencia sanitaria tuvo una duración limitada, algunos de sus efectos subjetivos pudieron prolongarse y son todavía materia de investigación.

Frente a este escenario, profesionales y organizaciones destacan la importancia de la comunicación. La guía de prevención de la OPS “Vivir la vida” señala que hablar con jóvenes sobre el suicidio no aumenta el riesgo, sino que puede facilitar que recurran a adultos de confianza cuando necesiten ayuda.

En Guyana, los programas de prevención dirigidos a jóvenes y adolescentes también ponen el foco en superar el silencio y promover la búsqueda de asistencia. Las diferencias culturales pueden representar un obstáculo, ya que en algunas comunidades los problemas vinculados con la salud mental son minimizados o estigmatizados.

La doctora Esther Ward, profesora del Cyril Potter College of Education de Guyana, explicó que muchos estudiantes provenientes de comunidades del interior atraviesan estas situaciones en silencio. Con apoyo de UNICEF, capacitó a miles de docentes para incorporar contenidos de salud mental en las escuelas.

En Estados Unidos, entre julio de 2022 y diciembre de 2024 se registró una disminución de 4.400 muertes por suicidio entre adolescentes y adultos jóvenes durante el período en que comenzó a funcionar la línea 988 de asistencia ante crisis de salud mental, según un estudio publicado en la revista médica JAMA.

Hablar y buscar acompañamiento

Más de 35 años después de la muerte de su madre, Fernández Mateos continúa trabajando en la prevención.

Tras aquel episodio atravesó sentimientos de culpa, depresión y pensamientos suicidas. El proceso de duelo, según contó, se extendió durante casi dos décadas.

Durante la década de 1990, además de realizar terapia psicológica y recibir atención psiquiátrica, participó de un taller en un hospital público de la Ciudad de Buenos Aires denominado “¿Qué sabemos del suicidio?”.

Ese espacio de intercambio con otras personas que habían atravesado experiencias similares le permitió comprender que no estaba solo. Años más tarde comenzó a trabajar como voluntario en la línea de prevención del Centro de Asistencia al Suicida.

Durante nueve años fue voluntario e instructor de la línea 135, donde acompañó a personas que atravesaban situaciones de crisis.

Desde 2022, su fundación cuenta con cinco grupos de ayuda mutua que funcionan semanalmente. A las reuniones concurren entre 15 y 20 personas y los encuentros son coordinados por voluntarios rotativos.

La dinámica permite que quienes participan puedan compartir sus experiencias. Allí pueden encontrarse personas que perdieron familiares por suicidio con otras que atraviesan pensamientos suicidas, generando un espacio de escucha y acompañamiento.

Para Fernández Mateos, estos intercambios permiten observar las situaciones desde diferentes perspectivas y encontrar un espacio donde expresar lo que cada persona siente.

A sus 65 años, el ingeniero químico sostiene que quienes atravesaron pensamientos suicidas pueden integrarse a una comunidad y desarrollar una vida plena. Su propia experiencia, afirma, constituye un ejemplo de ello.

Cómo pedir ayuda

Ante una crisis emocional, pensamientos suicidas o una situación en la que una persona sienta que no encuentra una salida, es importante buscar acompañamiento profesional o recurrir a una línea de asistencia.

En Estados Unidos, la Línea Nacional de Prevención del Suicidio y Crisis 988 brinda asistencia gratuita y confidencial las 24 horas, los siete días de la semana.