27 septiembre, 2026

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El Gobierno profundizó el ajuste: el gasto público cayó casi 10% en agosto para sostener el superávit

El gasto primario de la Administración Nacional registró en agosto una baja real interanual de 9,96%, según un informe del IARAF. Fue el mayor recorte mensual del año y se produjo en un contexto de menor dinamismo de la recaudación y de presión para flexibilizar el programa económico.

El Gobierno de Javier Milei profundizó durante agosto el ajuste sobre las cuentas públicas con el objetivo de sostener el equilibrio fiscal. De acuerdo con un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), el gasto primario de la Administración Nacional registró una caída real interanual del 9,96%, lo que representó el mayor ajuste mensual del año.

El dato adquiere relevancia porque se produce en un escenario en el que la recaudación impositiva perdió dinamismo a medida que la actividad económica mostró mayores dificultades. Aunque algunos tributos, como los derechos de exportación y el Impuesto a las Ganancias, tuvieron un buen desempeño, ese comportamiento no alcanzó para compensar la evolución del resto de los ingresos.

La respuesta del Gobierno fue mantener la reducción del gasto. La decisión se encuentra alineada con la postura que Milei expresó públicamente al defender su programa económico y rechazar cualquier modificación de la política fiscal y monetaria.

Durante un evento junto a referentes del espacio liberal, el Presidente sostuvo que “el resultado fiscal no se negocia” y afirmó que tampoco modificará la política monetaria porque su objetivo es terminar de derrotar la inflación. También remarcó que “las buenas políticas no se negocian”.

Los números de agosto muestran cómo esa definición política se trasladó a la ejecución de las cuentas estatales.

El ajuste fiscal y la decisión de mantener la “motosierra”

La reducción del gasto público ocurre en medio de una discusión sobre el rumbo de la economía. Mientras el Gobierno sostiene que la disciplina fiscal es una condición central para consolidar el programa económico, distintas voces comenzaron a plantear la posibilidad de flexibilizarlo para darle mayor impulso a la actividad.

El reclamo no provino únicamente del Fondo Monetario Internacional (FMI). También fue expresado por economistas cercanos al oficialismo, entre ellos Miguel Ángel Broda, y por la ex número dos del organismo, Gita Gopinath.

El planteo apunta a utilizar parte del margen generado por la desaceleración de la inflación para aplicar una política monetaria, fiscal y cambiaria menos contractiva. La idea es que un mayor nivel de gasto, especialmente en infraestructura, obra pública o transferencias, pueda contribuir a fortalecer la demanda y acelerar la recuperación.

Milei, sin embargo, eligió mantener el camino contrario. Su definición política es preservar el equilibrio de las cuentas públicas aun cuando eso pueda implicar una recuperación económica más lenta.

¿Cuánto cayó el gasto público en agosto?

El informe del IARAF diferencia entre dos conceptos que permiten observar de manera más precisa la ejecución presupuestaria: gasto devengado y gasto pagado.

El gasto devengado representa los compromisos asumidos por el Estado, mientras que el gasto pagado corresponde al dinero que efectivamente fue desembolsado.

Durante agosto, el gasto devengado alcanzó los $11,26 billones. Al descontar una inflación estimada del 1,6%, el resultado muestra una reducción real cercana al 10% respecto del mismo mes del año anterior.

El gasto efectivamente pagado también disminuyó en términos reales, aunque con una intensidad menor: registró una caída del 7,95% interanual.

La evolución acumulada permite observar que no se trató de un episodio aislado. De los ocho meses transcurridos de 2026, en seis hubo una reducción real del gasto.

Agosto fue, además, el mes en el que la contracción alcanzó su mayor intensidad. Como consecuencia, el ajuste acumulado pasó del 3,2% al 4,1% entre julio y agosto.

Estos datos muestran la continuidad de una estrategia basada en reducir el gasto real para preservar el resultado fiscal.

Qué partidas tuvieron los mayores recortes

El ajuste no afectó de la misma manera a todas las áreas del presupuesto. Algunas partidas registraron reducciones considerablemente superiores al promedio.

El principal recorte correspondió a las transferencias a provincias y municipios, que tuvieron una caída real del 81,9% durante agosto.

También disminuyeron las ayudas sociales y asignaciones familiares, con una baja real del 19,3%, mientras que los servicios no personales retrocedieron un 17,2%.

Los gastos en personal tuvieron una reducción real del 7,8% y las jubilaciones y pensiones disminuyeron un 10% interanual durante el mes.

Dentro de este esquema hubo, sin embargo, una excepción. Las denominadas “otras transferencias al sector privado”, donde se contabilizan principalmente subsidios económicos, registraron un incremento real cercano al 12%.

Esta política también tuvo su reflejo en las tarifas de servicios públicos, ya que los aumentos de luz y gas fueron inferiores a la inflación para una parte de los consumidores.

La composición del ajuste permite observar que no todas las partidas fueron tratadas de la misma manera. Mientras se redujeron con mayor intensidad las transferencias discrecionales y determinados gastos corrientes, se mantuvieron o incrementaron algunos mecanismos vinculados con los subsidios económicos.

Por qué algunos economistas piden flexibilizar el programa

El debate sobre el gasto público está relacionado con el comportamiento de la economía real.

Según la fuente, aunque la Argentina registra una inflación en descenso, estabilidad cambiaria y cuentas públicas ordenadas, la actividad continúa mostrando dificultades.

Los sectores de industria, consumo y construcción vienen alternando períodos de estancamiento con retrocesos.

En ese contexto, algunos economistas consideran que la desaceleración de la inflación podría darle al Gobierno margen para aplicar una política monetaria menos restrictiva. Entre las alternativas mencionadas aparece una mayor emisión de pesos vinculada con la compra de dólares, aun cuando eso pudiera derivar en un tipo de cambio algo más elevado.

El argumento detrás de esta postura es que un aumento del gasto en infraestructura, obra pública o transferencias podría generar un efecto sobre la demanda y contribuir a una recuperación más rápida sin necesariamente poner en riesgo el equilibrio macroeconómico.

La discusión, entonces, se concentra en cuál debe ser la prioridad en esta etapa: mantener el ajuste fiscal con la mayor firmeza posible o utilizar parte del margen conseguido para impulsar una economía que todavía presenta dificultades.

Milei mantiene el equilibrio fiscal como una línea roja

Frente a esos planteos, Milei ratificó su posición. “Al populismo no se le gana haciendo populismo”, sostuvo esta semana, en una definición que sintetiza su rechazo a flexibilizar el programa mediante un incremento del gasto.

Los datos relevados por el IARAF muestran que, al menos durante agosto, la estrategia oficial se mantuvo sin modificaciones.

Incluso en un escenario de menor dinamismo de la recaudación y con partidas que aumentan automáticamente por efecto de la inflación, el Gobierno continuó reduciendo el gasto en términos reales.

La decisión tiene una consecuencia concreta sobre las cuentas públicas: el Estado sostiene el ajuste como mecanismo para preservar el resultado fiscal, en lugar de utilizar un incremento del gasto como herramienta para acelerar la recuperación económica.

La deuda flotante y el nivel de ejecución presupuestaria

Otro indicador observado en el análisis es la deuda flotante, que corresponde a aquellos gastos que fueron comprometidos pero todavía no fueron efectivamente pagados.

Entre enero y agosto, ese monto alcanzó los $2,1 billones, equivalente al 2,37% del gasto primario.

El nivel, además, fue inferior en términos reales al registrado durante el mismo período del año anterior.

Este dato resulta relevante porque permite diferenciar entre una reducción efectiva del gasto y un simple retraso en los pagos. De acuerdo con el informe citado, la magnitud de la deuda flotante indica que el ajuste no se explica únicamente por la postergación de desembolsos.

De esta manera, la evolución del gasto durante agosto refuerza la orientación que el Gobierno viene sosteniendo desde el inicio de su programa: utilizar la reducción de las erogaciones estatales para preservar el equilibrio de las cuentas públicas.

El resultado es una tensión que atraviesa actualmente la discusión económica. Mientras el FMI y distintos economistas plantean la posibilidad de flexibilizar parcialmente el programa para darle mayor impulso a la actividad, Milei sostiene que el equilibrio fiscal y la política monetaria no son negociables.

Los números de agosto muestran que, por ahora, esa definición se mantiene: el Gobierno profundizó el ajuste y llevó la caída real del gasto primario al 9,96% interanual, en el mayor recorte mensual de 2026.